lunes 10 de mayo de 2010

The Unguarded Moment


The Unguarded Moment
Steve McCurry
Phaidon, 2009
128 pp.

McCurry ha hecho tantas y tan buenas fotos y reportajes que se hace inevitable el volver a publicar sus trabajos porque siguen sorprendiéndonos y emocionándonos cada vez que los vemos ...


Steve McCurry
Phaidon, 2009
128 pp.





Publicado por Pablo Strubell

Una mirada poco atenta podría sugerir que Steve McCurry es, desde hace un tiempo, como esos grupos musicales dedicados a sacar recopilatorios de sus éxitos pasados a falta de inspiración en el presente. Pero, a diferencia de muchos de ellos, la realidad es que McCurry ha hecho tantas y tan buenas fotos y reportajes que se hace inevitable el volver a publicar sus trabajos porque siguen sorprendiéndonos y emocionándonos cada vez que los vemos. Y es que logra que sus imágenes se conviertan en clásicos desde el momento en que las captura con su cámara y las publica en National Geographic. Todo un lujo para nuestros ojos.

The Unguarded Moment (publicado por Phaidon en inglés –aunque con muy pocos textos) es el nuevo libro de McCurry. Brillantemente impreso y con un diseño muy sobrio, muestra tan solo una instantánea por hoja. Una decisión más que acertada porque permite al lector saborear cada una de ellas, sin otra distracción que una breve nota del lugar y momento en que se tomaron. No hace falta más, cada foto habla por sí misma.

En esta ocasión, el libro no tiene una temática definida, ni un hilo conductor, ni siquiera un período específico. Hay fotos de su poco conocida primera etapa, en la que trabajó mucho en África (Malí, Yemen, Sudán), allá por los años 80. Pero predominan, como es lógico, las imágenes asiáticas, que a partir de los 90 obtuvo en India, Myanmar y Afganistán y en las que se nota una pulsión especial, un interés, una devoción por las gentes y los lugares que no se observa en las primeras épocas. Estas son las fotos más impactantes. Esos retratos de miradas profundas. Esos lugares remotos arrasados por la guerra. Esas pequeñas luces de esperanza entre la pobreza en la que con tanta soltura el fotógrafo se mueve.

Las 75 fotografías que se muestran tienen el sello inconfundible de McCurry: una composición brillante, casi perfecta, en la que se adivina la espera paciente y atenta que da tiempo a que la foto se forme delante del objetivo; fotos en las que suceden cosas y se intuyen historias; en las que cada parcela del negativo ha captado información; imágenes de preciosos colores y maravillosos encuadres que nos muestran la perspicacia del autor para encontrar en los detalles una fuente de interés.

Algunas de las fotos presentadas en este libro ya han sido publicadas en otros monográficos, como Monzón o Retratos. De ahí que algunas de ellas nos resulten conocidas. Sin embargo, y como ya he señalado al principio, cada una de las imágenes posee esa extraordinaria virtud de mantener vigentes su calidad, fuerza e intensidad como el primer día. Seguro que provocan en el lector la sorpresa y despertarán el interés que suscitaron la primera vez que vieron la luz.

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lunes 3 de mayo de 2010

La epopeya de los harafish


La epopeya de los harafish
Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.

La contraportada del libro asegura que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz.El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas ...


Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.





La contraportada del libro asegura, quizás exageradamente, que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz. Pero poco importa el puesto que ocupe en el ranking de la literatura del autor. El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas otra de esas historias en las que el ambiente que rodea a los personajes y el espacio reservado a la intimidad de sus pensamientos y de cuanto rige sus conductas vuelve a adentrarnos en el Egipto popular donde el discurrir de vida nos habla de un mundo lleno de humanidad y, lo que es lo mismo, de contradicciones.

La epopeya de los harafish es una saga que transcurre velozmente. No se entretiene demasiado en ninguno de los personajes y está escrita en bloques de longitud y contenido muy desigual. La forman capítulos que unas veces no ocupan más que unas pocas líneas y que definen el ambiente de un momento, un presentimiento, una reflexión. Y otras que se extienden un buen número de páginas y desarrollan una historia alrededor de la vida de alguno de los protagonistas de la narración.

Una forma tan libre de escribir configura ya el tono de la novela que juega al mismo tiempo con el mundo interior de los personajes y con el exterior. La acción pudiera suceder en alguna población asimilada a El Cairo, en alguno de sus barrios, pero no importa, porque la mirada del autor se centra allí donde está la escena. Y cuánto la rodea queda en un fondo confuso del que se tiene alguna noticia pero poco más. Por lo que respecta al tiempo, la acción ocurre en un momento que el lector supone que debe ser hace no muchos años, pero que resulta igualmente indefinido. No siente Mahfuz necesidad de precisar más. Y al no hacerlo, tanto en lo que toca al espacio como en lo que se refiere al tiempo, nos sitúa de alguna manera fuera de cualquier referencia concreta. Nos pone en un lugar que pudiera ser cualquiera y ante una sociedad convertida en universal.

En más de un pasaje, lo que cuenta Mahfuz resuena como un relato de las Mil y una noches. Como una narración que bien pudiera suceder en la edad media y que sin embargo es claramente actual. El mundo que describe Mahfuz es el de una sociedad musulmana, con sus instituciones particulares y con una moral y una religiosidad que lo impregnan todo. Hablamos de un mundo atado y bien atado, sujeto por los candados que imponen la religión y la tradición, pero abierto a pesar de todo a la maldad, a la transgresión de los principios, a la degeneración a la que conduce el mal…

Por eso el relato de Mahfuz es una epopeya con proyección universal que habla, desde una visión y una sensibilidad de raíces firmemente musulmanas, del bien y del mal y sobre las contradicciones que engendra en la vida la lucha entre ambos.

Un mundo tradicional se despliega ante el lector que tiene acceso a los sentimientos de los personajes. Comerciantes ricos y pobres, taberneros, prostitutas, alcahuetas, criados, clérigos, funcionarios y caciques desfilan ante él y componen un retablo que va desgranando a lo largo del tiempo situaciones bien diversas. Y son vistos desde una perspectiva moral donde el bien y el mal están continuamente presentes, lo mismo que el respeto a las tradiciones, al honor, al deber o al recuerdo de los antepasados.

Los harafish son la capa más baja de la sociedad, los pobres de solemnidad, los miserables, abandonados por la suerte. Mahfuz elige el título de La epopeya de los harafish, no para hablar de ellos, sino sorprendentemente para hablar de los poderosos. El universo moral de Mahfuz –el universo musulmán- no rompe la continuidad que une a los seres humanos. La condición de los desposeídos depende de las acciones de quienes disponen del poder, de forma que la epopeya que representa su difícil existencia puede leerse en el relato de la vida y las acciones de quienes pueden hacer algo por ellos y lo hacen, para bien o para mal.

Un Egipto representado por numerosos personajes envueltos en todas las circunstancias de la vida abre un rico escenario que permite al lector asomarse al complicado acontecer de una singular y extensa familia y le permite prestar atención también al relato paralelo que la propia sociedad hace cuando reflexiona sobre el comportamiento y sobre todo cuanto ocurre en su interior. La Epopeya de los harafish explora los sentimientos y las acciones de los hombres, sus fidelidades, su compromiso con los demás. Explora la espiritualidad de quienes bajo las estrellas escuchan el canto de los derviches y se sienten reconciliados con el universo. Explora, en definitiva, y a través de una familia en un pueblo de Egipto, una sociedad musulmana situada fuera del tiempo, y por ello mismo universal y eterna porque eternos y de todos son los problemas a los que se enfrenta y las virtudes y pecados que conforman la realidad en la que se desenvuelve.

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lunes 26 de abril de 2010

Hijos del ancho mundo


Hijos del ancho mundo
Abraham Verghese
Salamandra, 2009
636 pp.

Muy poco hay en español escrito sobre Etiopía y menos aún si se deja a un lado lo referido a historia, cultura o religión. Por eso es tan llamativa la aparición de "Hijos del ancho mundo"...


Abraham Verghese
Salamandra, 2009
636 pp.






Muy poco hay en español escrito sobre Etiopía y menos aún si se deja a un lado lo referido a historia, cultura o religión. Por eso es tan llamativa la aparición de Hijos del ancho mundo, un texto de ficción, una novela, centrada en el país africano y que no puedo dejar de recomendar.

La escribe Abraham Verghese , un médico de raíces indias, criado en Etiopía, instalado en los Estados Unidos y dedicado, además de a su oficio de médico, con éxito a la literatura.

He dicho que el libro se refiere a Etiopía y eso es lo que pone en la contraportada. Pero quizás hay que aclararlo. Hijos del ancho mundo es sobre todo una gran novela. Una novela al estilo clásico, con un extenso desarrollo en el espacio, en el tiempo y en los personajes. Etiopía está presente pero tarda en llegar, a cobrar peso en la acción porque el inicio de la narración se dedica al cultivo de los personajes: a hacerlos crecer y a darles entidad.

La contraportada del libro, a la que me he referido, seguramente se deja llevar por el marketing y destaca lo que más puede llamar la atención del lector: Etiopía y el origen, entre increíble y escandaloso, del personaje protagonista, un niño que junto a su hermano gemelo nace en un hospital de Addis Abeba de una madre que, además de enfermera es monja y que muere en el parto. El gusanillo para empezar la lectura está ahí, pero el libro es, por supuesto, mucho más y aprovecha con inteligencia y habilidad el brillo de estos que podemos llamar ‘efectos especiales’.

La narración sigue, en primera persona, la vida de uno de estos niños y presta, al principio, la atención a la más temprana infancia y a la vida de los padres. Poco hay todavía del país que centra la novela y mucho de vida familiar, del entorno que ilumina una mirada infantil y de los azares que llevan a unos y a otros a una tierra como la etíope. Porque si bien el protagonista nace en el país africano, su familia es de origen indio y su entorno no deja de ser el de la colonia de extranjeros, por más que estén asentados en Etiopía de manera firme.

Seguramente, esta posición excéntrica es la que da riqueza al relato en lo que se refiere a comprender el país y a mostrarlo desde la distancia con que lo ve quien llega de fuera. Personajes muy diversos desarrollan su vida cerca del protagonista que a medida que crece va abriendo ventanas al país donde ha nacido y en el que se siente arraigado a pesar de haber nacido en una familia extranjera. Los sirvientes, niños amigos del entorno familiar o del colegio, escenas de la ciudad o los primeros enamoramientos dibujan el paisaje cotidiano en Addis Abeba. Pero mucho más que todo ello es la medicina la que deja entrar a raudales la realidad en casa porque los padres –padres adoptivos- son médicos y trabajan ambos en un hospital de carácter benéfico.

El sufrimiento a través de la enfermedad y la lucha por remediarlo es el modo como Etiopía empieza a cobrar cuerpo en la novela. Y de nuevo el sufrimiento esta vez llevado por la política es lo que acaba por dar vida al país y por desvelar los elementos mucho más complejos que lo sostienen y que lo mueven.

Los campesinos, la gente de la ciudad, los militares, la religión, el emperador, la colonización italiana, los distintos pueblos y lenguas que dividen a la población, los pasos emprendidos hacia la modernidad, los movimientos revolucionarios… son piezas que se van colocando a lo largo de la novela y que componen un escenario rico sobre el que se recrea una realidad de la que hemos tenido pocas noticias.

Mucho de la novela, repito, una novela sólida, de las que cuesta dejar de leer una vez se ha empezado, parece seguir la experiencia del propio autor. Lo mismo que en su propia vida, el protagonista se convierte en médico y deja la Etiopía natal empujado por los horrores de la política para trasladarse a los Estados Unidos donde conserva sus raíces y donde sigue en contacto con la difícil realidad del país que ve ahora desde la lejanía.

Hijos del ancho mundo no es una novela cualquiera. Estuvo en el número uno durante varias semanas en la lista de libros del New York Times. La calificaron como la mejor novela del año en el Financial Times. Ha sido de sobras celebrada en todo el mundo. Y aunque los periódicos suelen dejarse llevar por el exceso a la hora de animar a los lectores a leer, no hay duda de que se trata de una novela excelente, humana, inteligente y bien escrita, que hará disfrutar a quien la lea y lo acercará a un mundo poco o nada conocido.

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martes 20 de abril de 2010

El faro de los libros


El faro de los libros
Aravind Adiga
Miscelánea, 2010
350 pp.

El faro de los libros vuelve a ser, en algunos aspectos, un libro divertido, ocurrente y transgresor. De nuevo Arabind Adiga se muestra aquí tan atrevido como en Tigre blanco y tan ingenioso a la hora de idear situaciones y personajes....


Aravind Adiga
Miscelánea, 2010
350 pp.





La India resulta una mezcla en la que todo es posible. Seguramente contribuye a ello esta insólita religión milenaria que no fue fundada por un enviado de Dios o por profeta alguno, que a falta de una autoridad que dicte la ortodoxia ha estallado en tantos matices, prácticas y devociones como practicantes tiene y que acaba por ver a Dios en todas partes y a todo –lo mejor y lo peor- como expresión de la divinidad suprema y como una pieza insustituible y respetable entre todas las que conforman el universo.

Anticipo esto para introducir El faro de los libros, la segunda entrega de Aravind Adiga que nos regaló con un buen número de sonrisas y a veces carcajadas con la lectura de Tigre blanco.

El faro de los libros refleja el microcosmos de una pequeña ciudad del sur de la India, a orillas del mar Arábigo, donde arraigaron los cristianos, algunos dicen que convertidos por el mismísimo Santo Tomás primero y por los portugueses después, convivieron con los hindúes y con los musulmanes y dieron lugar a una mezcla que explica muchas de las particularidades de esta región de la India y, por extensión, del país entero.

El faro de los libros vuelve a ser, en algunos aspectos, un libro divertido, ocurrente y transgresor. De nuevo Aravind Adiga se muestra aquí tan atrevido como en Tigre blanco y tan ingenioso a la hora de idear situaciones y personajes. Pero a medida que avanza la lectura, se hace patente el desánimo y la desesperanza de una inmensa población a cuyas espaldas recae el peso de la miseria, de la falta de futuro y de la desesperanza.

Los disparates se mezclan ahora con las diversas expresiones de la desgracia y las barbaridades se matizan por la necesidad de sobrevivir a la contrariedad y de sacar fuerzas de flaqueza un día tras otro.

Ahora no hay sólo chanza en el tono de Aravind Adiga, hay también compasión. Hay un tono benevolente que tiene que ver con el sentimiento de hermandad y con la tolerancia que está en las raíces místicas de la India y que el autor manifiesta en la comprensión con que son tratados los personajes, buenos –algunos- y menos buenos –muchos más- , la justicia –poca- y la injusticia –generalizada-, las virtudes y los defectos. Todos son parte del mismo universo, opresivo y sin salidas para los desheredados, y todos, de la casta, de la religión o de la condición que sea, componen el entramado complejo de esta pequeña ciudad donde nadie es del todo inocente.

Tolerancia, compasión y humor, sobre todo, en la primera parte del libro. Humor que entona la visión de esa pequeña ciudad, que bien podría representar toda la India, que relativiza las cosas y que coloca al descreído autor del libro en situación de hacer incursiones por cuantos disparates se le ocurren: los funcionarios corruptos, el ridículo de la escuela de los jesuitas, los borrachos musulmanes, los hijos de familias pudientes, los bandidos hindúes, los charlatanes …

Todos transitan por un libro de apariencia inocente, que incluso en la forma se desmarca de la narración habitual. Aparentando a instalarse en la máxima objetividad, recurre al juego teatral del construir con detalle el escenario donde se desarrolla la historia, describiendo con minuciosidad los barrios de la ciudad –por supuesto, ficticia-, las calles, los monumentos y las situaciones que envuelven a los distintos episodios, del mismo modo que lo haría un guionista o un dramaturgo antes de sacar a escena los personajes de su obra. Y sobre este despliegue de decorados propone, a modo de cuentos, una sucesión de historias en cuyo final predomina el sabor amargo y resuena en los oídos del lector ese mensaje, propio también de mucha de la novela picaresca, que afirma que la bondad se ve siempre y sistemáticamente defraudada.

La India del sur, con sus particularidades, nos llega a modo de caricatura de la mano Aravind Adiga con El faro de los libros. Quien quiera conocerla –aunque no sea una India del todo real- y pasar sin duda un buen rato de sabores agridulces no debiera perderse su lectura.

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lunes 12 de abril de 2010

Cosas que he callado


Cosas que he callado
Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.

En "Cosas que he callado" quien habla de Irán no es un viajero que se sorprenda por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán....


Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.





En Cosas que he callado quien habla de Irán no es un viajero ni nadie que con ojos de extranjero se sorprenda o se deje seducir por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán.

Azar Nafisi, la autora, es iraní y habla de su país a partir de su familia. O si se quiere, y más exactamente, habla de su familia y de ella misma, de su infancia, de su juventud y de su vida adulta y al hacerlo emerge necesariamente Irán, a veces de forma más desdibujada y a veces como claro protagonista del relato.

Azar Nafisi, no es una persona cualquiera. Se hizo conocida entre nosotros por otro libro anterior: Leer Lolita en Teherán. Pero para lo que en el libro que ahora nos ocupa importa, es sobre todo la hija de una familia muy relevante en época de shah.

La familia del padre, menos presente en el libro, pertenece a una minoría religiosa dentro del Islam especialmente rigurosa en lo doctrinal pero afable. La familia de la madre pretende estar emparentada con antiguos reyes y forma parte de la alta sociedad de Teherán. El padre ha forjado su carrera a base de esfuerzo y ha escalado los más altos puestos en la política. Llega a alcalde de Teherán, lo que supone tener relación directa con el shah, después de haber ocupado puestos de relieve en la administración del país.

Con este "decorado", a través de su libro, Azar Afisi nos deja entrar en su familia y en la forma de vida que lleva y que la envuelve. Hay, por supuesto, mucho margen para hablar de las relaciones con los padres y con el resto de familiares. Relaciones que están siempre presentes y entre las que brillan la presencia de una madre insufrible y de un padre de efectos balsámicos, afectuoso, muy culto y liberal. ¿Liberal y próximo al gobierno del shah y al shah mismo? Pues sí, porque una vez más la política y las personas se muestran contradictorias y con todas las matizaciones y las descalificaciones que se quiera, es cierto que el padre del último shah fue quien trató de poner en cintura a los clérigos para que se apartaran de la política y fue quien prohibió el velo y trató de sacar a la mujer de la condición inferior que tenía respecto al hombre. Y el propio sha Reza Palehvi fue quien sostuvo un denodado esfuerzo por modernizar el país –bien es verdad que a su manera- luchando con cuantos veían en la tradición y en la religión un patrimonio intocable.

Las reuniones en casa de los padres, con personajes relevantes y con temas de alta política, los chismes que acompañan a la conversación de las mujeres en un ambiente cerrado de la alta sociedad, la relación de la madre con las amigas o con la peluquera y los tenderos … todo va discurriendo a los ojos del lector que, desde una tribuna asiste a lo que ocurre en casa. Pero aparecen también junto a los hechos de textura más familiar otros elementos de trascendencia mayor. Los actos de pederastia que afectan a religiosos, que hubieran debido ser ejemplares en lo que a moral se refiere, hablan de una religión estricta pero corrupta. El recuerdo de Mosadeq, el primer ministro que se enfrentó a las potencias occidentales para recuperar el petróleo cuyos beneficios iban a manos de las compañias extranjeras, resitúa la historia de Irán para reflexionar sobre el papel de shah y de la revolución islámica.

Y finalmente, los años de la revolución, de la guerra con Irak, los incidentes y luchas por el poder que los precedieron y lo que sucedió a continuación nos llevan hasta el presente. No es desvelar nada del libro el decir que Azar Nafisi censura con las más duras palabras el régimen de los ayatolas. Ella misma, profesora de universidad, mujer moderna, educada en el extranjero representante de una generación moderna, tiene que salir del país porque no hay sitio para ella ni para ningún género de disidencia. La reacción sanguinaria del nuevo régimen, la dictadura de la tradición islámica más rígida, el peso de los instrumentos de represión y el lastre de la corrupción que todo ello comporta, van ocupando su lugar a medida que la autora los va descubriendo y los sufre sobre su propia piel y sobre la de los demás.

"Deseo relatar la historia de una familia que se revela en el trasfondo de una época turbulenta en la historia política y cultural de Irán" declara Azar Nafisi en el principio del libro. Y eso es lo que hace, en un texto repleto de interés y con el apoyo -hay que decirlo- de una pequeña pero valiosa colección de fotografías que salpican las páginas del libro y que dan realidad a escenas y a personajes para ayudar al lector a verlos con sus propios ojos.

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viernes 26 de marzo de 2010

Alejandría. Historia y guía. Faros y Farallón


Alejandría. Historia y guía
E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp

Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. Hoy Alejandría es una ciudad envejecida donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa ...


E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp.





Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. La imagen que tenemos de la ciudad está tan cargada de resonancias que la realidad no puede más que defraudar. Y no es que los mitos siempre desborden a las cosas tal como son. Lo que ocurre es que hoy Alejandría es una ciudad envejecida y deteriorada donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa se ha perdido bajo una gruesa capa de abandono y de desidia.

Sé que es una introducción bien poco amable hacia una ciudad histórica que ha generado la admiración de quienes la visitaron o de quienes vivieron en ella hasta fechas relativamente recientes. Poco amable y seguramente imprudente porque alguien habrá que sepa mirarla con ojos lúcidos y descubrir aún el rastro de todo aquello que fue y que le dio gloria.

¿Por qué empezar de este modo la reseña de un libro? Porque, justamente, lo que hace la Alejandría de Forster es desvelar al viajero –viajero real o viajero literario, que para el caso da lo mismo- lo que encierra la ciudad en sus cimientos, en alguna de sus calles, en su puerto y en su dilatada historia para ayudar a verla hoy relacionada con su antiguo esplendor. Para recuperar ese brillo oculto a través del conocimiento y de la posibilidad de reconstruir ese riquísimo y complicado escenario que consiguió levantar y que la convirtió en la ciudad más importante del Mediterráneo oriental.

El libro puede desanimar por su tamaño. Va a ser poco práctico como guía de viaje, a pesar de que el subtítulo da a entender que se trata de una guía. Hay que explicar brevemente de qué va el asunto. Y dar algunas claves que van a estimular el gusanillo de la lectura. El autor, Forster, es ni más ni menos el mismo que el de Habitación con vistas y el de Howard’s end. Es también el autor del famoso Pasaje a la India que entró en la literatura de viajes por la puerta grande. Estamos pues ante un escritor de peso. Y por ello mismo, ante un texto con posibilidades de deslizarse fuera del árido campo de la erudición.

Alejandría Historia y guía, es en realidad la suma de dos libros. Forster viajó a Alejandría después de la Primera Guerra Mundial como voluntario en una labor humanitaria. De su larga estancia en la ciudad surgieron dos textos que se publicaron por separado y que se editan ahora como complemento uno del otro. Y, como introducción a los dos libros, los precede un extenso prólogo, documentado y minucioso que interesará sin ninguna duda a quienes tengan interés en profundizar en ambos textos y en el autor.

No quiero sugerir la idea de que esta introducción resulte excesiva y por ello prescindible. Pero sí que quien desee entrar en materia sin prolegómenos, por la razón que sea, puede hacerlo sin riesgo de sentirse huérfano o falto de orientación cuando entre en contacto con el escrito de Forster. La edición de la que hablamos, además, contiene unos extensos añadidos en forma de notas y apéndices, que se disponen al final del libro. Son escritos a parte que vuelven a dar la oportunidad al lector de renunciar a ellos si lo que pretende es centrar su atención en el libro de Forster. Quinientas páginas pues, pero en realidad muchas menos en un libro que va añadiendo complementos a la obra central para quien quiera sumergirse en ella.

De la mano de Forster, Alejandría surge a los ojos del lector como si un arqueólogo trabajara a la vista y fuera desplegando ante su mirada las sucesivas capas que dan sentido a la ciudad. Y es que en buena medida, la guía que escribe, más que atender al presente, lo que hace es asomarse a la historia para dejar que nos emocionemos ante una ciudad que como pocas emite reflejos de su antigua grandeza.

Sin historia, Alejandría sería poca cosa. Y ahí es donde el talante –y el talento, por supuesto- literario de Forster juega a favor. Porque ante el riesgo de caer en un tratado denso, propio de un académico, el autor se convierte en divulgador y nos cuenta de la Alejandría antigua con detalle pero también con fluidez. De manera comprensible y nada abrumadora, Forster va rescatando a través del texto aspectos de lo más diversos y acercando épocas diferentes y, sin embargo, todas esenciales para ayudarnos a comprender y a saborear la vieja Alejandría y hacer así más grata la Alejandría avejentada y venerable que nos encontramos hoy.

Alejandría. Historia y guía es una excelente introducción a la ciudad. Según se mire, es casi imprescindible. Ahonda en el pasado, pero trata también de anécdotas y de episodios mucho más recientes a los que Forster saca jugo literario con la ironía que utiliza cuando examina comportamientos y costumbres de los personajes que crea en sus obras de ficción. Por ello la lectura, además de instructiva, se hace agradable y estimulante. Quien quiera acercarse a Alejandría de una manera informal, quizás no muy rigurosa pero con deseos de profundidad y de la mano de un cicerone de lujo tendrá con Alejandría. Historia y guía, la oportunidad de hacerlo y la ocasión de disfrutar.

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lunes 22 de marzo de 2010

Pedro Páramo ya no vive aquí. Historias sorprendentes de un viaje por México


Pedro Páramo ya no vive aquí
Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.

Paco Nadal elige un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices...


Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.






México es enorme se mire por donde se mire. Y por ello favorece miradas desaforadas. Los contrastes que forman parte de su misma esencia, sus excesos en tantas cosas han propiciado una literatura sobre el país de tono exagerado en la que lo pintoresco, lo diferencial y lo tremendo ocupan el espacio de lo esencial.

Paco Nadal elige, sin embargo, un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices, todo a un tiempo. Da la impresión de hablarnos de un México real, sin perder por ello los rasgos de identidad que lo distinguen y que marcan con tanta intensidad su carácter.

Paco Nadal es un viajero más que experimentado. Como periodista y como autor de libros ha escrito sobre los más diversos lugares. Sus reportajes han aparecido en los principales periódicos y revistas especializadas en viajes. Y ahora, con Pedro Páramo ya no vive aquí, ha sido galardonado con el Premio Eurostars de Literatura de Viajes.

Su libro es tan fluido como ameno. Discurre con rapidez y se mueve en torno a unos pocos temas que sirven de punto de partida para hablar de lugares y de aspectos distintos del país, de su gente, de su cultura, de su historia y sobre todo de su presente. Varios viajes realizados en momentos y con motivos distintos le dan a Paco Nadal la perspectiva y los elementos necesarios para conformar su visión del país. Y para tratar llanamente una realidad en ocasiones brutal que parece a veces propia de la página de sucesos de un periódico de la prensa amarilla.

Cuenta de Ciudad de México que creció un millón de habitantes en un fin de semana. Llegaron a ella multitudes con motivo de la visita del Papa y se quedaron ahí para siempre. Habla de avenidas de treinta kilómetros de longitud y de una flota de más de cien mil taxis, sólo en la capital. Habla también del azote de la delincuencia, de las miles de anécdotas que podrían llenar una novela pero que resultan ciertas y forman parte de la vida cotidiana de los ‘chilangos’.

Pero a pesar de no cerrar los ojos a los aspectos más negros de la realidad, su relato no es pesimista porque, en su enormidad, México deja espacio suficiente a muchos otros aspectos a través de los que la vida se expresa de forma tranquila, comprensible y también optimista.

Empieza Paco Nadal hablando de Chiapas y de este episodio singular que fue la rebelión del subcomandante Marcos para reivindicar a los indígenas y luchar por el fin de una sumisión que nació hace siglos y se ha mantenido hasta el presente. Explica la situación de los descendientes de los mayas y muestra la necesidad de buscar una salida a su sometimiento histórico. Y sigue centrando el foco de su atención en el DF, esa capital de catroce millones de habitantes convertida en la ciudad más grande, más polucionada y más complicada del mundo en cuyo subsuelo –en el metro me refiero- pulula esa misma población de tez oscura que protagoniza en Chiapas la revuelta indígena y que, llena de contradicciones -me refiero a Ciudad de México-, seduce a quienes viven en ella y los atrae con su vitalidad incontenible.

Le sigue un viaje sentimental en busca de los escenarios que aparecen en la célebre novela de Rulfo y que da título al libro. Trata en otro capítulo de un viaje en tren a la Barranca del Cobre que permite adentrarse en el viejo mundo de los tarahumara y en unos paisajes de vértigo con valles, desfiladeros y quebradas de belleza única.

Paco Nadal muestra una singular capacidad para describir: describir paisajes, describir ambientes, describir las calles de ciudades y de poblachos, describir pensiones donde se aloja, plazas y cafés y describir personas a las que se encuentra y que dan luz a la vida que transcurre alrededor suyo.

México es inagotable. Y no viene mal recuperarlo a través de la literatura y traerlo a la actualidad de un modo distinto a como lo hacen los periódicos. Paco Nadal lo consigue con Pedro Páramo ya no vive aquí. La lectura del libro es más que recomendable. Atraerá el interés de todos los amantes del país centroamericano y el de todos los amantes de la buena literatura de viajes.

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