domingo 5 de julio de 2009

Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje


Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje
Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.

Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego ...



Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.





Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego y que contradicen la realidad de un país hospitalario, culto y dinámico que le corresponde.

Con regularidad, Irán nos vuelve a parecer incomprensible y moviliza en nosotros los prejuicios nacidos de nuestra visión acerca del radicalismo islámico y también de la desesperanza de que los cambios puedan ser posibles.

Y sin embargo, conviene recordar que Irán pertenece de pleno derecho al primer mundo, sus jóvenes se han educado en buena parte en universidades, las universidades tienen más mujeres que hombres entre sus alumnos y el espejo en que se mira la población es el de las cadenas iraníes que emiten desde California, que poco o nada tiene que ver con la imagen oficial que transmite el país.

Por eso es oportuna la reedición de Negro sobre negro, un libro amenísimo, esclarecedor y equilibrado sobre Irán y sobre sus gentes. Algo debe tener Negro sobre negro cuando lo ha traducido y editado en inglés la celebrada Lonely Planet.

Para empezar, Negro sobre negro da un corto paso atrás en el tiempo para ofrecer claves fundamentales que ayudarán a aproximarse y a comprender Irán. No es que retroceda en la historia, simplemente sitúa la mirada en los últimos años del siglo XX al objeto de contar los porqués y los qués de la revolución de los ayatolás. Y arrancando en este punto, para hacer un relato de la vida y del carácter de las gentes en entornos muy diversos (personales, domésticos, colectivos) y dar una visión de conjunto, a la vez que ayudar a desvelar las particularidades y las numerosas contradicciones que envuelven la situación del país.

Desvelar la complejidad es siempre un atractivo y Ana Briongos puede hacerlo porque conoce bien Irán. Después de haber vivido en Teherán antes de que cayera el Shah y haber dejado allí experiencias y amigos, regresa cuando se ha producido ya la revolución islámica y analiza los cambios ocurridos.

Irán, antes de la revolución, era ya un país singular. En una región de influencia árabe, mantuvo siempre su esencia persa en la lengua, las tradiciones, la cultura, en sus aspiraciones nacionales y políticas... Y el vuelco que significaba la revolución islámica añadió nuevas y llamativas componentes de singularidad difíciles de digerir para una mirada occidental y, a menudo, motivo de escándalo.

No hay en el libro de Ana Briongos ningún tono que suene a profesoral o a diagnóstico de experto. Y ese es, seguramente, uno de sus grandes atractivos, entre muchos otros. Ana Briongos introduce los distintos asuntos de los que trata con la mirada de quien regresa a casa, con la familiaridad de quien conoce aquello de lo que habla, con la facilidad de quien tiene las llaves para penetrar en los hogares, acogerse a la hospitalidad de las familias y participar de sus sentimientos y de sus confidencias.

Sin duda, la mirada de Ana Briongos es la de una occidental, y los temas por los que transcurre su relato son los que sorprenden o aquellos por los que se pregunta cualquier lector. Pero esta mirada está cargada de afecto. Y en ello descansa el mayor valor de su libro, porque a su disposición curiosa y a la vez crítica, añade una visión humana y comprensiva que compensa la marea de descalificación que el tema iraní suscita en occidente y coloca la cuestión en un punto sereno y equilibrado que da mucha más voz al interés por la compresión que a la estridencia.

Con toda su riqueza de contenidos, Negro sobre negro queda en las antípodas de un ensayo de análisis político o de investigación social. Lleno de temas y de situaciones distintas, su envoltura es la de un relato de viajes. Tal como reza el subtítulo del libro, es un cuaderno de viajes: un cuaderno enormemente entretenido, emocionante en muchas ocasiones, revelador de numerosos apectos de la vida y casi, casi imprescindible para trazar un camino que ayude a comprender el Irán de hoy.

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lunes 29 de junio de 2009

El rey de las Dos Sicilias


El rey de las Dos Sicilias
Andrezej Kusniewicz
Anagrama, 2009
307 pp.

¿Han visto alguna vez un capítulo de la serie televisiva Mujeres desesperadas?¿Recuerdan el formato personalísimo de la narración, hecha por una tercera persona...


Andrezej Kusniewicz
Anagrama, 2009
307 pp.





¿Han visto alguna vez un capítulo de la serie televisiva Mujeres desesperadas?¿Recuerdan el formato personalísimo de la narración, hecha por una tercera persona que anuncia y describe lo que pasa o está a punto de suceder dirigiéndose al espectador que, por este procedimiento, se hace cómplice y se ve formando parte del relato?

Pues algo muy parecido ocurre con El rey de las Dos Sicilias. Aunque en el caso de nuestro libro, con la singularidad -propia de la literatura- de que no hay un espacio visual como ocurre en la televisión y que la voz de esta persona en primerísimo plano de la que surge el relato debe componer la escena con todos sus elementos –objetos, personas, situaciones, ambientes…- y crear, así, el mundo que se le ofrece al lector.

Andrezej Kusniewicz juega con este atrevimiento y empieza desde la primera página relativizando su discurso y proponiendo, en seguida, otra situación distinta de aquella por la que había empezado, otro escenario u otros personajes que valen igual que los iniciales para hacer avanzar el libro, o tan poco como ellos cuando también sean sustituidos por otros nuevos para dibujar la siguiente escena.

Andrezej Kusniewicz es uno de los grandes novelistas polacos del siglo XX. Y muestra en El rey de las Dos Sicilias su erudición y su conocimiento de la historia. Su novela es capilar y con este proceder de abrir escenarios alternativos, todos ellos sustituibles, ninguno aparentemente esencial, construye una historia que retrata Centroeuropa a principios del siglo. Este imperio austro-húngaro todavía rutilante, barroco y clásico, ordenado y de paso lento es el lienzo sobre el que se desenvuelve la acción de la vida en un momento –el del atentado del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo- que el lector conoce en toda su trascendencia y sabe que llevará a la monarquía y a todo su mundo al ocaso.

Andrezej Kusniewicz arranca su relato en este punto y se entretiene en él. Como en los cuadros de las grandes batallas o los de El Bosco concibe en su mente un universo entero y acercando su lupa a la tela una tras otra desarrolla las distintas escenas que dibuja con detalle para dejar constancia de lo que ocurre en un lugar y en otro y para componer mediante la suma de todas un mosaico consistente en su conjunto.

Hay en la literatura de viajes narraciones sustantivas que siguen un guión y componen esa senda que hilvana el discurrir del viajero de un lugar a otro. Son las huellas de un tránsito, de un encuentro con lugares y con gentes. Transmiten la experiencia que es, en definitiva, la esencia del viaje.

Hay otros libros, y éste es uno de ellos, que están en la periferia. No forman parte de la acción sino del atrezzo sin el cual no habría luz ni atmósfera en la escena. El rey de las Dos Sicilias pone el decorado a una Europa Central que los españoles conocemos sólo por referencias. Austria, Hungría, Serbia, Bosnia… están presentes en la novela bajo el paraguas del imperio. En su conjunto forman una amalgama, cuyo cemento es la administración imperial, donde se mezclan naciones y pueblos de orígenes diversos, raíces distintas y viejas culturas. Pero forman también una sociedad que se asoma al nuevo siglo y que el lector sabe que está a punto de cambiar para siempre y de forma dramática.

Quienes deseen acercarse al corazón de Europa, tendrán en El rey de las Dos Sicilias un excelente balcón desde el que mirar y familiarizarse con la historia reciente de lo que ha sido el crisol del que surgieron muchos de los rasgos de carácter de nuestro continente.

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domingo 21 de junio de 2009

La piedra de la paciencia


La piedra de la paciencia
Atiq Rahimi
Siruela, 2009
120 pp.

Saber más de Afganistán o de muchos otros países musulmanes exige penetrar en el silencioso transitar de las mujeres. Y lleva necesariamente a leer este maravilloso libro que, además, es el ganador del último premio Goncourt y ha emocionado a medio mundo.

Atiq Rahimi
Siruela, 2009
120 pp.





Publicado por Marta Varela

Saber más de Afganistán o de muchos otros países musulmanes exige penetrar en el silencioso transitar de las mujeres. Y lleva necesariamente a leer este maravilloso libro que, además, es el ganador del último premio Goncourt y ha emocionado a medio mundo.

Con él el lector consigue entrar en el submundo de la mujer para vivirlo, acercarse a las claves de su silencio y hacerse, hasta cierto punto, cómplice del mismo. El terror a la soledad, la búsqueda de un “otro”, la lucha por la supervivencia de los hijos… sentimientos que comparten mujeres y hombres de cualquier cultura son las herramientas que Atiq Rahimi pone en juego para aproximarnos desde la empatía al mundo torturado y castrante de la mujer en la cultura musulmana radical.

La mujer de un combatiente afgano conversa durante días con su marido convaleciente. Por primera vez ella es “voz” y “acción” en la relación con él. Y ese espacio, abierto por un azar de la guerra, es el que el autor nos proporciona como brecha para entrar en el mundo femenino. El sentimiento de soledad, la necesidad de sobrevivir de esta mujer son el desencadenante de una narración que desteje la vida sexual y afectiva de esta mujer que necesita de “su hombre” para poder seguir viviendo. Y de las imposiciones culturales de “su hombre” nace la relación que con él ha construido. Su mentira.

La mujer entrelaza en su monólogo hermosísimos cuentos tradicionales persas. Cuentos sumamente crueles llenos de resonancias en el mundo de hoy.

Atiq Rahimi nos enseña un mundo para la mujer desesperado. Un territorio inteligente, sensible y lleno de recursos pero aplastado, sin esperanza, sin salida. Y al mismo tiempo aunque con una voz más “pasiva” nos muestra la vulnerabilidad sobre la que está soportado el control masculino. Hombres engañados y enredados en tradiciones irracionales que hacen inviable un encuentro entre sexos.

La piedra de la paciencia es una piedra mágica a la que cada cual confiesa los secretos que lo oprimen, todas sus desgracias… hasta que la piedra “revienta”. Ese día llega la liberación y se desvanece el peso que doblega las espaldas. La gran pregunta que al lector le queda tras la lectura de este libro es cuándo llegará ese día. Cuándo la paciencia y la sabiduría femeninas que discurren silenciadas en la cultura musulmana saldrán a la luz y compartirán con las demás culturas del mundo las contradicciones y dificultades de la relación entre hombre y mujer.

La piedra de la paciencia aporta un rayo de claridad y muestra el dramático problema de la cotidianidad en la vida de una mujer en Afganistán. Y desvela al lector un universo de sentimientos y la sensación de ahogo en los que vive la protagonista de la historia y todas las mujeres a las que ella representa.

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lunes 15 de junio de 2009

Travelling Through The Eye Of History




Travelling Through the Eye of History
Daniel Schwartz
Thames & Hudson, 2009
265 pp.

Asia Central engancha...Esa parte del mundo pasa a ser para el viajero como una espina que no sale.Pero que, lejos de doler, hace que cualquier material que caiga en sus manos sobre ella sea deglutido, devorado, observado con avidez...
Daniel Schwartz
Thames & Hudson 2009
265 pp.





Publicado por Pablo Strubell

Asia Central engancha, con alevosía, con premeditación. Cualquiera que haya estado allí viviendo con los nómadas, admirando sus míticas ciudades, sufriendo en sus carnes la dureza de las condiciones de transporte o disfrutando de sus rudas pero cercanas gentes siempre la lleva dentro. Esa parte del mundo pasa a ser para el viajero como una espina que no sale. Pero que, lejos de doler, hace que cualquier material que caiga en sus manos sobre ella sea deglutido, devorado, observado con avidez.

Por eso, Travelling Through The Eye Of History, publicado con exquisito gusto y calidad por la editorial británica Thames & Hudson, es un regalo para aquellos que amamos esa región. Daniel Schwartz, reconocido fotógrafo de origen suizo, la ha recorrido exhaustivamente, como reportero durante casi dos décadas. Y la conoce como a su propio país, demostrándolo foto a foto: cada una de ellas rezuma realismo, crudeza, belleza.

Sin embargo (o más bien por ello) no hay rastro de idealización de esta Asia a la que dedica el libro, una extensa área que abarca desde Irán hasta China, desde Afganistán hasta Kazajstán. Montañas, desiertos, bravos ríos, altiplanos, glaciares, mares y sus cenizas… Cada foto muestra la sin adornos lo que hay en cada rincón, en cada ciudad, en cada montaña, en cada persona.

No es éste un libro de fotografía fácil, ni pretende a base de imágenes ensalzar los innumerables atractivos de los lugares sobre los que trata. Empleando un lenguaje fotográfico muy moderno, en ocasiones casi conceptual, el autor logra presentarnos los países tal y como son: bellos, salvajes, ásperos, impactantes. Y sus gentes, de caras curtidas por el sol y manos agrietadas por el trabajo. O sus parajes, como las extensas llanuras desérticas de Afganistán y las agrestes montañas de Tayikistán. O los efectos de los duros inviernos y sofocantes veranos.

Todo tiene cabida en la región y en este libro: una publicación que busca el nexo de unión entre el pasado y el presente. Que muestra lo que queda de uno en el otro mediante fotografías, que, lejos de hacer concesiones al sensacionalismo o a la manipulación mediática, nos acercan a la realidad tal cual es. Fotografía a fotografía, esta aproximación es, primero, geográfica, para mostrar la tierra y los paisajes, y posteriormente, para ir diseccionando sus gentes, sus vínculos, su historia y su presente. Combinando fotografías en blanco y negro y color, 35mm y medio formato, el libro avanza desde imágenes sacadas a principios de los años 90 hasta nuestros días. Poco ha cambiado, parece, si no es a peor en este período. Con la desmembración de la URSS muchas repúblicas quedaron huérfanas, sin nadie que les ayudara a salir adelante. Sin nadie que pagara las facturas. De ahí el estado de la región.

Schwartz, con su particular visión, ofrece un excelente libro a todos aquellos que tienen interés en acercarse a una de las regiones más apasionantes y variadas de nuestro planeta. Un espacio donde parece que hoy, como antaño, se sigue jugando una partida de estrategia geopolítica que pone en juego el futuro de toda la región y, por extensión, del mundo a medio plazo.

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domingo 7 de junio de 2009

Hijos del fin del mundo. De Roncesvalles a Finisterre


Hijos del fin del mundo
Espido Freire
Imagine Ediciones, 2009
220 pp.

Espido Freire, novelista y con un premio Planeta, entre otros, a cuestas, emprende la senda de la literatura de viajes. Y lo hace eligiendo como tema el Camino de Santiago...

Espido Freire
Imagine Ediciones, 2009
220 pp.





Espido Freire, novelista y con un premio Planeta, entre otros, a cuestas, emprende la senda de la literatura de viajes. Y lo hace eligiendo como tema el Camino de Santiago.

Muchos son los libros referidos al Camino. Éste es uno muy especial porque se mueve a caballo entre ese viaje ‘exterior’ que va de Roncesvalles a Finisterre y otro más íntimo que conecta con la infancia y con lo que podría decirse el viaje universal de los sentimientos profundos.

El Camino hacia Santiago está en el origen de ambos relatos a medida que la realidad que la autora encuentra a su paso le suscita recuerdos y comentarios. Por supuesto, lo que nos cuenta Espido Freire coloca al libro en las antípodas de una guía. Pero el aspecto sensible, casi poético de algunas de sus partes, no le impide tocar de pies a tierra y hablar de eso que para entendernos llamamos la realidad.

El atractivo del Camino de Santiago es precisamente su hondura. Deriva de la riqueza acumulada a lo largo de casi mil años de espiritualidad, de historia y de historias. Mil años son muchos para no dejar un poso que atrae al caminante y lo seduce, envuelto en sus redes. Y es justamente ahí donde el relato de Espido Freire muestra su atractivo. Lo mismo que la historia del Camino, la narración que hace la autora se mueve en una ancha banda de registros. No es lineal. Hay en ella de todo, y al hablar de unas cosas y de otras consigue dar volumen a lo que cuenta y a pequeñas pizcas ofrece al lector un panorama personal de esa realidad con tantas facetas que es el Camino.

La historia está presente en el libro como no podía ser de otro modo. El Cantar de Roldán, Carlomagno, Leonor de Aquitania, la lepra que asolaba la Edad Media… se asoman al relato, como se asoman los caminantes con quienes se encuentra la autora. Unos son de fuera, de países lejanos. Otros del propio país, de España. Y con ellos se suscitan anécdotas y situaciones que hablan también de graves problemas de hoy -el sida o la droga- que ensombrecen el ánimo de quienes se dirigen a Santiago. Las ciudades que a lo largo de siglos han jalonado las etapas del Camino, aparecen con pinceladas caprichosas que dan color al relato. Pamplona, Burgos, Astorga tienen su pequeño espacio, como lo tienen personajes traídos de la mano de ese ejercicio de asociación creativa que hace Espido Freire y que le permite jugar con Hemingway o con Rosalía de Castro.

Hijos del fin del mundo acaba de ser galardonado con el premio Llanes de viajes. Es sobre todo un viaje personal emprendido, según cuenta la propia autora, con poco más que un hatillo y una cámara de fotos. En él da rienda suelta a su capacidad de creación literaria para construir una narración corta, rica en matices y ágil. Quien sienta interés en el Camino de Santiago hallará en Hijos del fin del mundo una mirada inédita, enriqucedora y estimulante.

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viernes 29 de mayo de 2009

Un buen lugar para morir. Historias del Cáucaso


Un buen lugar para morir. Historias del Cáucaso
Wojciech Jagielski
Debate, 2009
413 pp.

Hay otros mundos además de éste. La globalización parecía habernos enseñado que nuestro planeta había acabado siendo igual por todas partes... Pues no. Al margen de este mundo globalizado, al menos hay otro mundo y está en el Cáucaso.

Wojciech Jagielski
Debate, 2009
413 pp.






Hay otros mundos además de éste. La globalización parecía habernos enseñado que nuestro planeta había acabado siendo igual por todas partes porque se habían extinguido las diferencias que antes distinguían un lugar de otro. Pues no. Al margen de este mundo globalizado, al menos hay otro mundo y está en el Cáucaso.

La verdad es que lo conocíamos a través de los periódicos, pero las noticias se difuminan cuando pierden rabiosa actualidad y parece que la realidad se oculta. La mini-guerra que tuvo lugar en Georgia hace sólo unos meses y la tragedia que se vivió en Chechenia hace algo más nos pusieron sobre la pista de situaciones complicadas en una región de la que sabemos poco. 

Un espacio montañoso, arbolado a veces como si fuera Suiza, con numerosos pueblos relativamente aislados, con culturas y tradiciones propias, asentados en el lugar desde tiempos inmemoriales, situados en un rincón apartado del mundo, podría hacer pensar en un territorio idílico. Y sin embargo no es así.

Wojciech Jagielski se ocupa de proyectar luz sobre el Cáucaso y lo hace con ojos de periodista que ha recorrido la zona durante años y conoce bien de lo que habla. Su condición de polaco lo ayudó sin duda cuando la región dependía todavía de la Unión Soviética y el comunismo hermanaba a quienes procedían de países situados en a órbita de Moscú. La estela de Kapuscinski, convertido en maestro del género, parece que orientó igualmente su camino.

Un buen lugar para morir se lee casi de un tirón. Preside todo el libro la experiencia personal del autor que relata de primera mano lo que ha vivido día a día y lo que ha aprendido en sus andanzas como reportero de medios de comunicación europeos. Personajes de lo más diverso –autoridades, funcionarios, políticos, soldados, guerrilleros, negociantes, tenderos, amigos, chóferes, gentes encontradas al azar- se asoman al libro y a través suyo permiten mostrar la realidad. Una realidad singular y dramática, tratándose del Cáucaso. 

Pero el dramatismo lo pone el lector ante los acontecimientos que se le desvelan y que dibujan la situación de unos pueblos históricamente condenados al conflicto. Porque Wojciech Jagielski es todo menos dramático o melancólico. Al contrario, él mismo es un superviviente de ese mundo que pasa de la crisis a la guerra y de la guerra a la crisis en un bucle al que no se ve salida y que afronta con guiños de humor y con la distancia que necesitan los que están envueltos en la situación para hacerla soportable.

Más que resignación ante la tragedia, lo que hay es sentido común frente a un disparate histórico que tiene rehenes a todos los pueblos que componen la región. Cuenta Wojciech Jagielski, para situarnos, que para los pueblos del Cáucaso, los agravios de muchos siglos atrás se mantienen vivos como si fueran de hoy. Y explica los motivos     -algunos de los motivos, al menos- para que sea así. El Cáucaso, puente entre Europa y Asia ha sido el lugar de paso de invasores que lo han arrasado una y otra vez. Y ha sido la frontera disputada entre potencias (Irán, Rusia, Turquía…) que en diversas épocas se establecieron en su periferia. Siempre ha vivido bajo la bota de alguno de sus grandes vecinos, de manera que sus diversos pueblos nunca pudieron ajustar las cuentas que se traían entre ellos. Y que estos ajustes, guardados en la memoria secular como pendientes, afloraban siempre que las potencias dominantes por debilidad o descuido perdían el control y su capacidad de imponer el orden.

La caída de la Unión Soviética significó una pérdida de poder de la potencia ocupante y por ello mismo una bocanada de aire para reactivar los conflictos no resueltos entre etnias, naciones y pueblos vecinos.

La mayor parte del libro se dedica al país que más presencia tiene en los periódicos en la actualidad: a Georgia. Aspectos jocosos ilustran acontecimientos gravísimos y dan también medida de los hechos. La oposición amotinada decide tomar las armas y atacar con fuego de mortero el edificio del parlamento. Pero la ineptitud de los sublevados es tal que tratando de hallar un buen ángulo de tiro disparan tan alto que acaban por darle al farol que tienen sobre sus cabezas con el resultado que el lector puede imaginar. 

Pero hay episodios más serios como la dramática huída del presidente Shevarnadze de Sujumi, la capital de Abjacia donde ha ido a restablecer la paz, perseguido literalmente a tiros por la guerrilla independentista apoyada por Rusia. O la ocupación de esta misma ciudad por los ‘voluntarios’ en su mayoría chechenos a quienes, como compensación, se concede tiempo para saquearla antes de que el ejército separatista entre en ella y restablezca una administración.

“Desde hace algunos años, las naciones del Cáucaso y de Asia Central sufren permanentemente el azote de la guerra. En cualquier punto entre el Mar Negro y el Pamir se oyen disparos. Anatolia, Abjasia, Georgia, Alto Karabaj, Armenia, Azerbaiyán, Tayikistán, Afganistán, Cachemira…”  En este mar de guerras no hay posibilidad de establecer la paz. Tal como reconoce Vazén I, el ‘papa’ de la iglesia Armenia, “Se ha derramado demasiada sangre. El dolor y la desesperación oscurecen la mirada de la gente, hacen ver al prójimo como odioso enemigo al que no basta con vencer, sino que debe ser aniquilado, exterminado. Es como una locura, una obsesión. La gente quiere escapar de todo esto pero a veces resulta demasiado tarde. A menudo, ya no son capaces.”

Un buen lugar para morir resume la situación. Deja, como es lógico, muchos ángulos sin tocar. Pero da las claves para empezar a comprender las interioridades de un haz de conflictos enraizado en ese espacio que une Europa y Asia y para acercarnos, a través de la vida de numerosos protagonistas, a una realidad cotidiana que marca el carácter de una zona crucial en el mundo.

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viernes 22 de mayo de 2009

Ven y dime cómo vives


Agatha Christie
Tusquets, 2008
272 pp.





Publicado por Ignacio Jáuregui

Agatha Christie cuenta de sus viajes a Siria e Irak siguiendo las investigaciones arqueológicas que en el momento se llevaban a cabo.

Cuando, tras un primer matrimonio bastante infeliz, la escritora se casó con el arqueólogo Mallowan, ya era una talludita dama victoriana; también era una mujer que sabía lo que vale un minuto de felicidad: cuando su marido decidió marcharse a excavar colinas en Babilonia no dudó ni un segundo en acompañarlo. "Ven y dime cómo vives" es el relato discontinuo de esos años de expediciones arqueológicas, y uno de los libros más llenos de amor por la vida que me ha sido dado leer.

El título reproduce la pregunta que le hacían, a cada retorno, las amigas que la invitaban a tomar el té en al esperanza de encontrarla agotada, ojerosa y con síntomas de disentería, y veían aparecer por el contrario a una mujer encantada de la vida, rozagante y tan cargada de historias divertidas (inolvidable el relato de las compras en Harrod’s, la contradicción insoluble entre tallas grandes y romanticismo; el desdén milenario –bah, rumi- con que los zapadores locales echaban a un lado las piezas de los romanos, esos recién llegados; o la obra de arte imprevisible en que convertía su criado favorito la mesa del desayuno cada mañana –hoy sólo cuchillos, mañana todos los platos apilados en el centro) como ansiosa por volver al país de sus alegrías a recopilar otras tantas.

Como escritora, la señora Christie alcanza aquí su nivel más alto; libre de las tramas cuadradas y del consabido juego de pistas falsas y piruetas deductivas, la pluma se hace más selectiva e impresionista, más ágil. No sabe uno qué disfrutar más, si la capacidad de calar a las personas de un primer vistazo –aquí aparece inevitablemente Miss Marple, a quien nadie pillaba de nuevas porque en St. Mary Mead siempre había alguien parecido-, la de describirlas con un rápido golpe de pluma, o la habilidad para seleccionar los detalles de manera que al final tres años de actividad caben en un librito manejable sin que echemos nada a faltar.

Pero el disfrute que extraemos del libro es más humano que literario: la autora es una mujer extraordinariamente alegre y animada, uno de esos seres que hacen la vida fácil sin abnegación ni sacrificio, simplemente encontrando razones de disfrute siempre que razonablemente se puede y apechugando sin aspavientos con las malas faenas que nunca se nos ahorran. Además, ama profundamente esa vida y esas tierras, y consigue transmitirlo en cada frase. Cuando cerramos el libro nos domina la nostalgia hipotética de no haber tenido una tía como ella. Dejémosle la palabra:

"Escribir estas sencillas notas no ha sido una tarea, sino un parto de amor. No es una evasión hacia lo que fue, sino la contribución, en medio de las durezas y pesares actuales, de algo imperecedero que no sólo tuvimos, sino que todavía tenemos.

Amo ese generoso y fértil país y a sus gentes sencillas, que saben reir y gozar de la vida, que son ociosas y alegres, que tienen dignidad, educación y un gran sentido del humor, y para quienes la muerte no es terrible.

Inshallah, volveré, y las cosas que amo no habrán perecido en esta tierra… "

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