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lunes 5 de mayo de 2008

Flores en la nieve



Gregor Von Rezzori
Anagrama, 1996
344 pp.





Publicado por Rafael Moya

Pocas oportunidades tiene quien ha nacido en España de sentir Centroeuropa y toda la densidad de su historia si no es a través de la literatura. Monumentos, ciudades, regiones cargados de una personalidad inconfundible toman cuerpo en un período de su historia reciente, cuando emerge la Europa moderna en que vivimos hoy. Flores en la nieve acerca al lector a ese momento.

La historia –autobiográfica- se sitúa en Chernowitz capital de la Bucovina rumana y arranca en 1914, año en el que nace Gregor von Rezzori –el autor- en el seno de una familia austriaca, si no aristócrata al menos “cultivada”

Su padre, alto funcionario en la Administración del Imperio Austro Húngaro, estaba destinado en ese alejado lugar con el envidiable trabajo de comprobar el estado arquitectónico y de conservación de los monasterios ortodoxos de la Bucovina y Moldavia.

Dos ejemplos de la privilegiada posición de que disfrutaba su familia son la casi absoluta dedicación del padre a la caza en los bosques de los Cárpatos y los periplos de la madre que, por su delicada salud, veraneaba en balnearios suizos y pasaba los meses invernales en Egipto.

Cinco personajes sirven a Von Rezzori para dar cuenta del fascinante período que le tocó vivir en su niñez y adolescencia entre las dos Guerras Mundiales: padre, madre, hermana, nodriza e institutriz.

De la heterogénea sociedad de la época dice Von Rezzori: “Amaba al país y su belleza, su vastedad y su autenticidad y amaba al pueblo que vivía en él: la multiforme población formada por no sólo una, sino media docena de nacionalidades, con no sólo una, sino media docena de confesiones religiosas, con no sólo uno, sino media docena de idiomas y, pese a todo, un pueblo de personalidad bien definida y común”. Sorprende el rasgo común que destaca de suevos, rutenos, polacos, rusos, armenios y rumanos: “Y todos juntos despreciaban a los judíos, sin menoscabo de que éstos desempeñasen un papel decisivo no solo en la economía sino también en la cultura”.

Acompañando a su padre en sus viajes arquitectónico-cinegéticos, von Rezzori nos traslada las emociones que le producían los frescos de los monasterios de Putna, Dragomirna, Suceavtza y Voronetz, levantados en los siglos XV y XVI en conmemoración de batallas ganadas a los turcos.

Son incontables las menciones a los Cárpatos describiendo paisajes y lugares que ojala se mantuviesen todavía como él cuenta: “Mi padre se había construido una cabaña de caza de madera, a orillas de un veloz río de montaña. En las profundas pozas de las cascadas se acumulaban las truchas…..y las nutrias tenían sus deslizaderos en los taludes de las orillas.....Nos pasábamos semanas enteras al aire libre, buscando y espiando a los ciervos".

Junto a la fascinación que despierta en el lector el contexto histórico, cultural y social que con tanto acierto dibuja, destaca la maestría con la que el autor expresa sus relaciones emocionales con los cinco personajes sobre los que se articula el libro. Es lo mejor. El comienzo del capítulo dedicado a su hermana me impacta cada vez que lo leo: “Ahora, cuando escribo esto, ya lleva cincuenta y seis años muerta, y desde entonces no ha pasado un solo día sin que la haya sentido en una cercanía palpable; no con la vecindad abstracta del recuerdo atesorado con cariño, sino como una presencia casi física, que no siempre, ni mucho menos, me resulta oportuna.”

Flores en la nieve deja en el lector una huella profunda por la maestría con que está escrito, a la vez que, causa sorpresa la discreta presencia del autor entre nosotros, al que prácticamente hay que descubrir. Por cierto, para quienes deseen seguir leyendo a Von Rezzori, quisiera hacer una recomendación: Memorias de un antisemita, será otro gran hallazgo.

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