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lunes 22 de marzo de 2010

Pedro Páramo ya no vive aquí. Historias sorprendentes de un viaje por México


Pedro Páramo ya no vive aquí
Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.

Paco Nadal elige un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices...


Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.






México es enorme se mire por donde se mire. Y por ello favorece miradas desaforadas. Los contrastes que forman parte de su misma esencia, sus excesos en tantas cosas han propiciado una literatura sobre el país de tono exagerado en la que lo pintoresco, lo diferencial y lo tremendo ocupan el espacio de lo esencial.

Paco Nadal elige, sin embargo, un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices, todo a un tiempo. Da la impresión de hablarnos de un México real, sin perder por ello los rasgos de identidad que lo distinguen y que marcan con tanta intensidad su carácter.

Paco Nadal es un viajero más que experimentado. Como periodista y como autor de libros ha escrito sobre los más diversos lugares. Sus reportajes han aparecido en los principales periódicos y revistas especializadas en viajes. Y ahora, con Pedro Páramo ya no vive aquí, ha sido galardonado con el Premio Eurostars de Literatura de Viajes.

Su libro es tan fluido como ameno. Discurre con rapidez y se mueve en torno a unos pocos temas que sirven de punto de partida para hablar de lugares y de aspectos distintos del país, de su gente, de su cultura, de su historia y sobre todo de su presente. Varios viajes realizados en momentos y con motivos distintos le dan a Paco Nadal la perspectiva y los elementos necesarios para conformar su visión del país. Y para tratar llanamente una realidad en ocasiones brutal que parece a veces propia de la página de sucesos de un periódico de la prensa amarilla.

Cuenta de Ciudad de México que creció un millón de habitantes en un fin de semana. Llegaron a ella multitudes con motivo de la visita del Papa y se quedaron ahí para siempre. Habla de avenidas de treinta kilómetros de longitud y de una flota de más de cien mil taxis, sólo en la capital. Habla también del azote de la delincuencia, de las miles de anécdotas que podrían llenar una novela pero que resultan ciertas y forman parte de la vida cotidiana de los ‘chilangos’.

Pero a pesar de no cerrar los ojos a los aspectos más negros de la realidad, su relato no es pesimista porque, en su enormidad, México deja espacio suficiente a muchos otros aspectos a través de los que la vida se expresa de forma tranquila, comprensible y también optimista.

Empieza Paco Nadal hablando de Chiapas y de este episodio singular que fue la rebelión del subcomandante Marcos para reivindicar a los indígenas y luchar por el fin de una sumisión que nació hace siglos y se ha mantenido hasta el presente. Explica la situación de los descendientes de los mayas y muestra la necesidad de buscar una salida a su sometimiento histórico. Y sigue centrando el foco de su atención en el DF, esa capital de catroce millones de habitantes convertida en la ciudad más grande, más polucionada y más complicada del mundo en cuyo subsuelo –en el metro me refiero- pulula esa misma población de tez oscura que protagoniza en Chiapas la revuelta indígena y que, llena de contradicciones -me refiero a Ciudad de México-, seduce a quienes viven en ella y los atrae con su vitalidad incontenible.

Le sigue un viaje sentimental en busca de los escenarios que aparecen en la célebre novela de Rulfo y que da título al libro. Trata en otro capítulo de un viaje en tren a la Barranca del Cobre que permite adentrarse en el viejo mundo de los tarahumara y en unos paisajes de vértigo con valles, desfiladeros y quebradas de belleza única.

Paco Nadal muestra una singular capacidad para describir: describir paisajes, describir ambientes, describir las calles de ciudades y de poblachos, describir pensiones donde se aloja, plazas y cafés y describir personas a las que se encuentra y que dan luz a la vida que transcurre alrededor suyo.

México es inagotable. Y no viene mal recuperarlo a través de la literatura y traerlo a la actualidad de un modo distinto a como lo hacen los periódicos. Paco Nadal lo consigue con Pedro Páramo ya no vive aquí. La lectura del libro es más que recomendable. Atraerá el interés de todos los amantes del país centroamericano y el de todos los amantes de la buena literatura de viajes.

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viernes 6 de marzo de 2009

Asante África


Témoris Grecko
National Geographic / RBA, 2009
139 pp.





Me acerqué al libro y después de husmear en la contraportada tuve una sensación de desinterés. Un desinterés que hube de reconocer que nacía de un prejuicio. El libro venía avalado por haber recibido un premio concedido por una cadena hotelera.

Nada peor que guiarse por los prejuicios, porque Asante África resulta ser profundo, ameno, bien informado, de muy fácil lectura y en muchos momentos divertido. El secreto está en el autor, un mexicano, periodista, ingenioso y de espíritu aventurero. Y está también en los temas que trata -resultado de un viaje de meses por África- y en el modo de aproximarse a ellos.

Dos partes dividen claramente el libro. La primera trata de Sudáfrica. Témoris Grecko ha viajado solo. Y su viaje consiste en los encuentros con la gente. Gente normal, aunque no necesariamente parecida. Gente con quienes consigue una relación casi siempre cordial y familiar y de quienes extrae puntos de vista y experiencias que añade a su propio discurso y le ayudan a explicar lo que ve.

Hay en Témoris Grecko una posición tomada de antemano. No es un mero observador: exhibe su criterio. Y hay que decir que lo hace de forma equilibrada y cuidadosa. Porque los temas en los que se fija -la desigualdad, el racismo, la pobreza, la enfermedad, la sumisión, el nacionalismo, la convivencia de las culturas, los gobiernos...- son complejos y requieren sensibilidad para tratar de ellos con mesura.

Sudáfrica es la excepción esperanzadora del continente. La irrupción -que el mismo autor entiende que roza el absurdo- de un mexicano en medio de personas con intereses, culturas, ideologías y aspiraciones tan radicalmente distintas sirve para humanizar el relato y para expresarlo desde el lenguaje de la sinceridad y, a menudo, de la complicidad. El sida y el modo cómo afrontarlo, el pasado bóer, la nueva élite negra y por contraposición la gran mayoría a la que tanto cuesta prosperar, y la figura inmensa de Mandela se mezclan para componer un panorama, desde luego incompleto, pero muy interesante y aleccionador.

La segunda parte del libro dirige la mirada a Kenya y Tanzania. También allí Témoris Grecko nos introduce, jugando con las anécdotas propias del viaje y a través de sus encuentros fortuitos, en la realidad con la que tropieza. La atención que presta a las personas y a las situaciones que viven lo anclan a tierra y dan solidez a un relato que hubiera podido quedar en simple aventura.

En ningún momento el libro pierde fluidez y simpatía, ni tampoco conexión razonada con la realidad. Los premios casi siempre tienen un fundamento. En este caso ha sido bien merecido y hay que reconocer el buen tino de la cadena hotelera que tanto me desconcertó en mi lectura de la contraportada.

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viernes 2 de enero de 2009

Vida imperial en la Ciudad Esmeralda. Dentro de la Zona Verde de Bagdad


Rajiv Chandrasekaran
RBA, 2008
366 pp.






¡Esto sí que es un viaje! Y pido de antemano excusas por la ligereza de mi comentario.

La primera pregunta a hacerse es si es éste un libro asimilable a la literatura de viajes. Creo que la respuesta es que sí, aunque quizás requiera una explicación. Pocos viajeros se acercan hoy a una agencia de viajes a reservar un vuelo hacia Bagdad. De acuerdo con ello, casi nada que tenga que ver con esta ciudad o con Irak entraría en el género literario del que hablamos. Además, es éste un libro con un fondo político indudable que también parece alejarlo del tema.

Pero dicho esto, la realidad es que el Irak de esta inmediata posguerra que debía haber sido una etapa muy provisional se alarga trágicamente y lo que pudiera parecer una situación dramática pero de corta duración ha acabado por instalarse y modelar el país entero de tal forma que sus efectos serán por mucho tiempo los que condicionarán la vida cotidiana y muchos de los rasgos sobre los que acabará por reconstruirse el país.

Quizás la pregunta sea ¿hay que hablar de Irak? Y la respuesta para todos aquellos a quienes interese hacerse una idea de cómo es el mundo en el que viven es, evidentemente, sí.

Deseo empezar diciendo que Vida imperial en la Ciudad Esmeralda es un libro tan ameno como aleccionador. Se lee con facilidad, a veces con una sonrisa que nace de lo que, salvando su aspecto trágico, raya en un montón de ocasiones el disparate, y siempre con la sensación de asistir casi desde primera fila a unos hechos conocidos pero de los que el lector de periódicos desconoce muchas claves. Estamos pues ante un libro ‘iluminador’ de unos hechos recientes –si no vivamente actuales- tan oscurecidos por la falta de información como por las noticias interesadas lanzadas por gobiernos, instituciones y medios de comunicación. Con este libro, una voz autorizada y fuera de los registros habituales aporta una visión clarificadora, independiente y en muchos aspectos, también, demoledora.

¿De qué trata el libro? Básicamente de cómo se preparó la reconstrucción de Irak inmediatamente después de la intervención puramente militar para hacer del país una democracia moderna, económicamente exitosa y ejemplar para los países de su entorno.

Pocos propósitos podrían haber concitado mayor acuerdo e incluso elogio que un objetivo tan bien intencionado. Y sin embargo nada funcionó. Desde el principio parece claro que los medios no son los apropiados para una tarea tan necesaria como razonable. Y no lo son porque la realidad es mucho más compleja que los buenos propósitos. Y porque una intervención militar es una obra de una envergadura tal que condiciona y supedita cualquier otra operación por bien intencionada que sea.

Vida imperial en la Ciudad Esmeralda es un inventario de tropiezos y de errores en la interpretación de la realidad explicados con detalle hasta el punto de ridiculizar la actuación del gobierno norteamericano hasta el extremo. Lo que hubiera debido ser, por su trascendencia militar, política, histórica… una acción en manos de expertos, ejecutada a la perfección, se convierte en una sucesión de despropósitos donde brilla el desconocimiento, la falta de experiencia, la insuficiente planificación y el error en las apreciaciones sobre la realidad y en las decisiones que siguieron a estas.

Pocas cosas se hicieron a derechas. Y es que poco podía hacerse cuando el Pentágono tenía en escasa o ninguna estima las posiciones del Departamento de Estado, y cuando el Departamento de Estado trataba de evitar que la CIA impusiera unos objetivos de los que desconfiaba radicalmente, y cuando la Casa Blanca dejaba sin dirección a quienes debían tomar decisiones a la espera que los acontecimientos dieran la razón a unos o a otros, y cuando los hombres destacados sobre el terreno –en esa Ciudad Esmeralda con que se bautizaba a la bunkerizada Zona Verde- vivían alejados de la realidad que los rodeaba en medio de las diferencias entre los superiores y entre las instituciones.

Ejemplar y, por qué no decirlo, divertida, Vida imperial en la Ciudad Esmeralda resulta una verdadera lección de lo que no debía haber sido. Y abre un interesantísimo ángulo de visión sobre el Irak del presente y del futuro. Aunque el foco se centra en la Administración norteamericana del Irak ocupado, habla también, como no podía ser de otro modo, de la realidad del país, de sus políticos, de su capacidad o de su idoneidad para sobreponerse al terrible trauma de la intervención militar y para construir un país viable. Y entre medio del lío que crea la situación, habla también de la población de trabajadores, de funcionarios, de militares, de antiguos militantes en las organizaciones del régimen caído y de la dificultad de todos ellos de reencontrar un lugar donde agarrarse en medio de una situación degradada hasta el extremo, anárquica, insegura y presidida por la desesperanza.

Vida imperial en la Ciudad Esmeralda no es un libro cualquiera. Con soltura y con desenfado es un repaso –entiéndase en todos los sentidos- a la gestión de la guerra y de la posguerra por parte del que se supone el país mejor preparado del mundo. Y es también el relato de cómo han convivido dos realidades –la de la ‘ciudad imperial’ de la Zona Verde y la del Bagdad real a extramuros de la anterior- despegadas una de la otra pero obligadas a encontrarse en algún momento para hacer de Bagdad la ciudad espléndida que debiera ser.


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domingo 23 de noviembre de 2008

Torneo de Sombras: El Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central


Kart L. Meyer y Shareen Blair Brysac
RBA, 2008
586 pp.





A poco que se mire, habrá que concluir que ninguno de los puntos calientes o de los conflictos que aparecen en las páginas de política internacional de los periódicos es nuevo. Todos se arrastran desde hace tiempo y revolviendo en sus orígenes descubrimos que echaron raíces siglos atrás.

De ahí la actualidad de Torneo de Sombras. La caída de la Unión Soviética dejó en el centro de Asia un espacio que ocuparon repúblicas nuevas, algunas de ellas de grafía impronunciable. Para quienes –como nos ocurre a los españoles- tuvimos en el pasado nuestra mirada puesta en otros intereses –y me refiero más que nada a América del Sur-, la situación de Asia con la emergencia de estas nuevas entidades es un elemento inédito. Pero para muchos otros países, esta novedad no es más que el último episodio de una historia que se escribe desde tiempo atrás y a la que han estado muy atentos.

Torneo de Sombras recupera esta historia. Y para enmarcar el libro, pienso que es bueno mirar hacia el pasado y advertir al lector sobre un hecho que tienen meridianamente claro los ciudadanos y los políticos del este de Europa: Asia, a diferencia de otros continentes, es una gran llanura sin barreras naturales en el paso hacia el oeste. De ahí que una y otra vez, hordas asiáticas se hayan puesto en marcha y hayan llegado y desbordado las fronteras de Europa. Ese desierto que es el corazón de Asia, despoblado y yermo, es también un crisol donde se han cocinado las mayores migraciones, próximas en el recuerdo y perfectamente documentadas. En Asia se esconde –si hay que hacer caso a la historia- un enemigo real.


¿De qué va Torneo de Sombras”? Torneo de Sombras se mueve en la segunda o la tercera derivada de lo dicho más arriba y nos conduce al presente. Nos da las claves para empezar a entender el conflicto de hoy.

Inglaterra, en el siglo XVIII ha conquistado la India. No lo ha hecho el Estado, lo ha hecho una sociedad: la Compañía de las Indias Orientales, que pone en pie sobre este territorio colonizado una administración y un ejército propios como si de un Estado soberano se tratara.

Para políticos y militares asegurar el presente es anticipar el futuro y empezar a actuar para que cuando llegue sea lo más parecido a lo que interesa que sea. Y en esa anticipación es en la que se basa lo que se denominó The Big Game: el conjunto de movimientos militares y políticos que durante el siglo XIX emprendieron las grandes potencias para asegurarse el dominio del Asia Central.

Por un lado Gran Bretaña convertida en potencia marítima y por otro Rusia. Una Rusia atrasada, ineficaz, que mantiene todavía vivas instituciones muy parecidas a la esclavitud pero cuya expansión natural es Asia y cuyo potencial los ingleses empiezan a temer.

Pone los pelos de punta mirar ahora cómo los estrategas británicos deciden prevenir el desorden que supondría que los rusos alcanzaran la frontera de la India si llegaban a Afganistán. Esa gran potencia que es Inglaterra –la Compañía de las Indias se desvanece cuando va en serio la operación que se prepara- se arma y envía a su ejército a ocupar un país donde hay poco más que riscos, cabras y unos habitantes díscolos sin más recursos que lo que los riscos y las cabras dan. El relato que hace Torneo de Sombras convierte lo inimaginable en sencillo y claro. La tremenda derrota del ejército inglés, destruido y perseguido en retirada, caería sobre Londres como una maldición de la que tardaría décadas en recuperarse.

Torneo de Sombras en un libro de historia a la inglesa, si se me permite decirlo así. Seguramente, hace demasiado hincapié en las personas, en los protagonistas de la aventura sobre Asia Central contando la vida y las penalidades de los de casa. Lo hace así y lo avisa.

Los autores han querido rescatar las andanzas de quienes protagonizaron los hechos pero quedaron en el olvido, ocultos por las sombras intencionadas del torneo que tenía lugar. Sombras intencionadas porque la información –o lo que es lo mismo el espionaje- compuso lo esencial de los movimientos que tuvieron lugar en la región, intencionadas también porque lo mismo que en los naipes se trató de un juego de posiciones donde los gestos sustituyeron tanto a los hechos como a las intenciones reales e intencionadas, al fin, porque los desastres de la guerra, la ineficiencia del ejército y los errores de los políticos obligaron a sepultar la realidad de lo que debía haber sido una epopeya a mayor gloria de la Inglaterra de la reina Victoria.

Pero Kart L. Meyer y Shareen Blair Brysac desbordan el siglo XIX y proyectan la sombra del célebre torneo hasta hoy. Recuerdan que fue Tocqueville, el intelectual americano, quien daría el indicio de cuál iba a ser la evolución del Big Game que se estaba disputando.

Vio con una intuición sorprendente que la confrontación feroz entre Oriente y Occidente, que se sólo emergía en episodios puntuales como los de la célebre carga de la Caballería Ligera en la Guerra de Crimea, tenía en los dos grandes oponentes Inglaterra y Rusia los protagonistas equivocados. Tan distintos por tantas cosas, Tocqueville advirtió que el eje de la confrontación sería, con el tiempo, entre Rusia y Estados Unidos.

Y por ese camino se desliza Torneo de Sombras. El siglo XX no cabe ya casi en el libro. Pasa por él de puntillas porque la investigación se inclina sobre todo por desvelar el origen. Pero aunque sea sólo de pasada, llega a la Segunda Guerra Mundial, a Mao Zedong, Eisenhower, Kennedy, Kiessinger, Allen Dulles y un rosario entero de nombres de los personajes que hicieron la historia del mundo a lo largo del último siglo.

Pueden ponerse reparos a Torneo de Sombras. A su enfoque tan inglés, a la forma casi de película de mostrar a los personajes o al excesivo peso de unas cosas en relación a otras. Pero en conjunto hay que reconocer que es un libro espléndido que despertará las ganas de saber más a cualquiera que lo lea.


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