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domingo 4 de mayo de 2008

Londres victoriano



Juan Benet
Herce, 2008
211 pp.





No es un libro para quien desee encontrar una guía de monumentos, barrios o calles construidos en la capital inglesa a lo largo de la mayor parte del s. XIX. Pero sí será la lectura indicada para quien -como parte de una visita a Londres o para satisfacer su curiosidad- quiera asomarse a un pasado reciente y conocer muchos de los elementeos que dieron a Londres la personalidad y la grandeza de la que presume hoy.

Londres victoriano goza, de entreda, de un atractivo especial. Su autor, Juan Benet, es un escritor sobresaliente que marca con su estilo y su personalidad el libro desde la primera página. Probablemente es este rasgo de escritor el que le permite tomar distancia respecto a los hechos e interpretarlos de forma que el lector reconoce tan certera como poco complaciente con lo que acostumbra a conocerse como la "versión oficial".

Bonet avisa para no llevar al lector a engaño:
"Me reconozco culpable de no haber hecho un plan previo, de no haber ponderado la importancia de los diferentes acontecimientos y personajes, para dar cuenta solamente de los más sifninficartivos y haberme atenido, a la falta de una regla más rigurosa, a mis particulares conocimientos y preferencias. El resultado puede ser muy arbitrario y muy poco formativo pero me conformaría con que fuese ameno, una virtud que rara vez logro conseguir."

Benet lo consigue: consigue ser ameno. Y , por supuesto, consigue ser formativo aunque en una línea no del todo ortodoxa. En todo caso, y con esta declaración de principios, el lector se acerca a Londres y al reinado de la reina Victoria sabiendo que la voz irónica de Juan Benet lo alejará de las alabanzas sin fisuras a la ciudad y a la más grande de las reinas modernas, para ajustar a ambas las cuentas con una realidad menos gloriosa y más humana también de lo que se ha escrito.

Para empezar, se entera el lector de que Londres, a principios del s. XIX era poco menos que una aglomeración pueblerina, desordenada, carente de atractivos para los propios ingleses y donde las dificultades para vivir eran mucho mayores que cualquiera de las ventajas.

Empezar desmitificando a Londres es el mejor tributo a la ciudad que antes de terminar el siglo se ha convertido en la capital del mundo. Y recorrer esta trayectoria insólita siguiendo el hilo del reinado de Victoria supone ir dosificando los acontecimientos y las razones que hacen posible esta evolución mucho más allá que una historia contada como acumulación de riqueza y de colonias.

La compleja evolución de la política en la época victoriana la administra Benet con soltura para hacerla explicativa y no confusa. Pero sobre todo la salpica de personajes, sucesos y anécdotas que la bajan de las alturas para ponerle el contrapeso de realidad y de humildad que convierten en medio-caricatura lo que desde la versión oficial aparece como cosa de dioses.

La evolución de los movimientos artísticos y de algunos de los personajes que anduvieron tras ellos, sin aura alguna de mitificación, la construcción casi heróica de las grandes obras públicas, la hipocresía de una sociedad sujeta a normas tan absurdas como imposibles, las diversiones, las grandes aspiraciones de la sociedad, las distintas guerras... forman un sinnúmero de escenas y de temas que pasan frente al lector y que componen una historia convincente y curiosa para explicar con mucho más acierto que cualquier tratado histórico lo que se cuece en el Londres y en el mundo de la época.

Londres victoriano ayuda a conocer Londres, pero también hace un retrato a base de reflejos de la reina Victoria. Un retrato que resulta favorecedor. Un Juan Benet sin deudas ni tributos hacia la reina podía haber compuesto un personaje más próximo a la imagen mohina, encorsetada y falta de atractivo que ha prevalecido en España y con la que se la mira en la actualidad. Pero no ha sido así. La reina que se va dibujando en el curso de la lectura es un peronaje sólido, prudente, merecedor de respeto y de afecto. Es, en última instancia, la artífice de este Londres majestuoso e inigualable que sobreponiéndose a pequeñas historias y a realidades indignas se convirtió en la capital del mundo y sigue, hasta el día de hoy, causando admiración.

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