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lunes 10 de mayo de 2010

The Unguarded Moment


The Unguarded Moment
Steve McCurry
Phaidon, 2009
128 pp.

McCurry ha hecho tantas y tan buenas fotos y reportajes que se hace inevitable el volver a publicar sus trabajos porque siguen sorprendiéndonos y emocionándonos cada vez que los vemos ...


Steve McCurry
Phaidon, 2009
128 pp.





Publicado por Pablo Strubell

Una mirada poco atenta podría sugerir que Steve McCurry es, desde hace un tiempo, como esos grupos musicales dedicados a sacar recopilatorios de sus éxitos pasados a falta de inspiración en el presente. Pero, a diferencia de muchos de ellos, la realidad es que McCurry ha hecho tantas y tan buenas fotos y reportajes que se hace inevitable el volver a publicar sus trabajos porque siguen sorprendiéndonos y emocionándonos cada vez que los vemos. Y es que logra que sus imágenes se conviertan en clásicos desde el momento en que las captura con su cámara y las publica en National Geographic. Todo un lujo para nuestros ojos.

The Unguarded Moment (publicado por Phaidon en inglés –aunque con muy pocos textos) es el nuevo libro de McCurry. Brillantemente impreso y con un diseño muy sobrio, muestra tan solo una instantánea por hoja. Una decisión más que acertada porque permite al lector saborear cada una de ellas, sin otra distracción que una breve nota del lugar y momento en que se tomaron. No hace falta más, cada foto habla por sí misma.

En esta ocasión, el libro no tiene una temática definida, ni un hilo conductor, ni siquiera un período específico. Hay fotos de su poco conocida primera etapa, en la que trabajó mucho en África (Malí, Yemen, Sudán), allá por los años 80. Pero predominan, como es lógico, las imágenes asiáticas, que a partir de los 90 obtuvo en India, Myanmar y Afganistán y en las que se nota una pulsión especial, un interés, una devoción por las gentes y los lugares que no se observa en las primeras épocas. Estas son las fotos más impactantes. Esos retratos de miradas profundas. Esos lugares remotos arrasados por la guerra. Esas pequeñas luces de esperanza entre la pobreza en la que con tanta soltura el fotógrafo se mueve.

Las 75 fotografías que se muestran tienen el sello inconfundible de McCurry: una composición brillante, casi perfecta, en la que se adivina la espera paciente y atenta que da tiempo a que la foto se forme delante del objetivo; fotos en las que suceden cosas y se intuyen historias; en las que cada parcela del negativo ha captado información; imágenes de preciosos colores y maravillosos encuadres que nos muestran la perspicacia del autor para encontrar en los detalles una fuente de interés.

Algunas de las fotos presentadas en este libro ya han sido publicadas en otros monográficos, como Monzón o Retratos. De ahí que algunas de ellas nos resulten conocidas. Sin embargo, y como ya he señalado al principio, cada una de las imágenes posee esa extraordinaria virtud de mantener vigentes su calidad, fuerza e intensidad como el primer día. Seguro que provocan en el lector la sorpresa y despertarán el interés que suscitaron la primera vez que vieron la luz.

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lunes 3 de mayo de 2010

La epopeya de los harafish


La epopeya de los harafish
Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.

La contraportada del libro asegura que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz.El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas ...


Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.





La contraportada del libro asegura, quizás exageradamente, que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz. Pero poco importa el puesto que ocupe en el ranking de la literatura del autor. El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas otra de esas historias en las que el ambiente que rodea a los personajes y el espacio reservado a la intimidad de sus pensamientos y de cuanto rige sus conductas vuelve a adentrarnos en el Egipto popular donde el discurrir de vida nos habla de un mundo lleno de humanidad y, lo que es lo mismo, de contradicciones.

La epopeya de los harafish es una saga que transcurre velozmente. No se entretiene demasiado en ninguno de los personajes y está escrita en bloques de longitud y contenido muy desigual. La forman capítulos que unas veces no ocupan más que unas pocas líneas y que definen el ambiente de un momento, un presentimiento, una reflexión. Y otras que se extienden un buen número de páginas y desarrollan una historia alrededor de la vida de alguno de los protagonistas de la narración.

Una forma tan libre de escribir configura ya el tono de la novela que juega al mismo tiempo con el mundo interior de los personajes y con el exterior. La acción pudiera suceder en alguna población asimilada a El Cairo, en alguno de sus barrios, pero no importa, porque la mirada del autor se centra allí donde está la escena. Y cuánto la rodea queda en un fondo confuso del que se tiene alguna noticia pero poco más. Por lo que respecta al tiempo, la acción ocurre en un momento que el lector supone que debe ser hace no muchos años, pero que resulta igualmente indefinido. No siente Mahfuz necesidad de precisar más. Y al no hacerlo, tanto en lo que toca al espacio como en lo que se refiere al tiempo, nos sitúa de alguna manera fuera de cualquier referencia concreta. Nos pone en un lugar que pudiera ser cualquiera y ante una sociedad convertida en universal.

En más de un pasaje, lo que cuenta Mahfuz resuena como un relato de las Mil y una noches. Como una narración que bien pudiera suceder en la edad media y que sin embargo es claramente actual. El mundo que describe Mahfuz es el de una sociedad musulmana, con sus instituciones particulares y con una moral y una religiosidad que lo impregnan todo. Hablamos de un mundo atado y bien atado, sujeto por los candados que imponen la religión y la tradición, pero abierto a pesar de todo a la maldad, a la transgresión de los principios, a la degeneración a la que conduce el mal…

Por eso el relato de Mahfuz es una epopeya con proyección universal que habla, desde una visión y una sensibilidad de raíces firmemente musulmanas, del bien y del mal y sobre las contradicciones que engendra en la vida la lucha entre ambos.

Un mundo tradicional se despliega ante el lector que tiene acceso a los sentimientos de los personajes. Comerciantes ricos y pobres, taberneros, prostitutas, alcahuetas, criados, clérigos, funcionarios y caciques desfilan ante él y componen un retablo que va desgranando a lo largo del tiempo situaciones bien diversas. Y son vistos desde una perspectiva moral donde el bien y el mal están continuamente presentes, lo mismo que el respeto a las tradiciones, al honor, al deber o al recuerdo de los antepasados.

Los harafish son la capa más baja de la sociedad, los pobres de solemnidad, los miserables, abandonados por la suerte. Mahfuz elige el título de La epopeya de los harafish, no para hablar de ellos, sino sorprendentemente para hablar de los poderosos. El universo moral de Mahfuz –el universo musulmán- no rompe la continuidad que une a los seres humanos. La condición de los desposeídos depende de las acciones de quienes disponen del poder, de forma que la epopeya que representa su difícil existencia puede leerse en el relato de la vida y las acciones de quienes pueden hacer algo por ellos y lo hacen, para bien o para mal.

Un Egipto representado por numerosos personajes envueltos en todas las circunstancias de la vida abre un rico escenario que permite al lector asomarse al complicado acontecer de una singular y extensa familia y le permite prestar atención también al relato paralelo que la propia sociedad hace cuando reflexiona sobre el comportamiento y sobre todo cuanto ocurre en su interior. La Epopeya de los harafish explora los sentimientos y las acciones de los hombres, sus fidelidades, su compromiso con los demás. Explora la espiritualidad de quienes bajo las estrellas escuchan el canto de los derviches y se sienten reconciliados con el universo. Explora, en definitiva, y a través de una familia en un pueblo de Egipto, una sociedad musulmana situada fuera del tiempo, y por ello mismo universal y eterna porque eternos y de todos son los problemas a los que se enfrenta y las virtudes y pecados que conforman la realidad en la que se desenvuelve.

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lunes 26 de abril de 2010

Hijos del ancho mundo


Hijos del ancho mundo
Abraham Verghese
Salamandra, 2009
636 pp.

Muy poco hay en español escrito sobre Etiopía y menos aún si se deja a un lado lo referido a historia, cultura o religión. Por eso es tan llamativa la aparición de "Hijos del ancho mundo"...


Abraham Verghese
Salamandra, 2009
636 pp.






Muy poco hay en español escrito sobre Etiopía y menos aún si se deja a un lado lo referido a historia, cultura o religión. Por eso es tan llamativa la aparición de Hijos del ancho mundo, un texto de ficción, una novela, centrada en el país africano y que no puedo dejar de recomendar.

La escribe Abraham Verghese , un médico de raíces indias, criado en Etiopía, instalado en los Estados Unidos y dedicado, además de a su oficio de médico, con éxito a la literatura.

He dicho que el libro se refiere a Etiopía y eso es lo que pone en la contraportada. Pero quizás hay que aclararlo. Hijos del ancho mundo es sobre todo una gran novela. Una novela al estilo clásico, con un extenso desarrollo en el espacio, en el tiempo y en los personajes. Etiopía está presente pero tarda en llegar, a cobrar peso en la acción porque el inicio de la narración se dedica al cultivo de los personajes: a hacerlos crecer y a darles entidad.

La contraportada del libro, a la que me he referido, seguramente se deja llevar por el marketing y destaca lo que más puede llamar la atención del lector: Etiopía y el origen, entre increíble y escandaloso, del personaje protagonista, un niño que junto a su hermano gemelo nace en un hospital de Addis Abeba de una madre que, además de enfermera es monja y que muere en el parto. El gusanillo para empezar la lectura está ahí, pero el libro es, por supuesto, mucho más y aprovecha con inteligencia y habilidad el brillo de estos que podemos llamar ‘efectos especiales’.

La narración sigue, en primera persona, la vida de uno de estos niños y presta, al principio, la atención a la más temprana infancia y a la vida de los padres. Poco hay todavía del país que centra la novela y mucho de vida familiar, del entorno que ilumina una mirada infantil y de los azares que llevan a unos y a otros a una tierra como la etíope. Porque si bien el protagonista nace en el país africano, su familia es de origen indio y su entorno no deja de ser el de la colonia de extranjeros, por más que estén asentados en Etiopía de manera firme.

Seguramente, esta posición excéntrica es la que da riqueza al relato en lo que se refiere a comprender el país y a mostrarlo desde la distancia con que lo ve quien llega de fuera. Personajes muy diversos desarrollan su vida cerca del protagonista que a medida que crece va abriendo ventanas al país donde ha nacido y en el que se siente arraigado a pesar de haber nacido en una familia extranjera. Los sirvientes, niños amigos del entorno familiar o del colegio, escenas de la ciudad o los primeros enamoramientos dibujan el paisaje cotidiano en Addis Abeba. Pero mucho más que todo ello es la medicina la que deja entrar a raudales la realidad en casa porque los padres –padres adoptivos- son médicos y trabajan ambos en un hospital de carácter benéfico.

El sufrimiento a través de la enfermedad y la lucha por remediarlo es el modo como Etiopía empieza a cobrar cuerpo en la novela. Y de nuevo el sufrimiento esta vez llevado por la política es lo que acaba por dar vida al país y por desvelar los elementos mucho más complejos que lo sostienen y que lo mueven.

Los campesinos, la gente de la ciudad, los militares, la religión, el emperador, la colonización italiana, los distintos pueblos y lenguas que dividen a la población, los pasos emprendidos hacia la modernidad, los movimientos revolucionarios… son piezas que se van colocando a lo largo de la novela y que componen un escenario rico sobre el que se recrea una realidad de la que hemos tenido pocas noticias.

Mucho de la novela, repito, una novela sólida, de las que cuesta dejar de leer una vez se ha empezado, parece seguir la experiencia del propio autor. Lo mismo que en su propia vida, el protagonista se convierte en médico y deja la Etiopía natal empujado por los horrores de la política para trasladarse a los Estados Unidos donde conserva sus raíces y donde sigue en contacto con la difícil realidad del país que ve ahora desde la lejanía.

Hijos del ancho mundo no es una novela cualquiera. Estuvo en el número uno durante varias semanas en la lista de libros del New York Times. La calificaron como la mejor novela del año en el Financial Times. Ha sido de sobras celebrada en todo el mundo. Y aunque los periódicos suelen dejarse llevar por el exceso a la hora de animar a los lectores a leer, no hay duda de que se trata de una novela excelente, humana, inteligente y bien escrita, que hará disfrutar a quien la lea y lo acercará a un mundo poco o nada conocido.

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martes 20 de abril de 2010

El faro de los libros


El faro de los libros
Aravind Adiga
Miscelánea, 2010
350 pp.

El faro de los libros vuelve a ser, en algunos aspectos, un libro divertido, ocurrente y transgresor. De nuevo Arabind Adiga se muestra aquí tan atrevido como en Tigre blanco y tan ingenioso a la hora de idear situaciones y personajes....


Aravind Adiga
Miscelánea, 2010
350 pp.





La India resulta una mezcla en la que todo es posible. Seguramente contribuye a ello esta insólita religión milenaria que no fue fundada por un enviado de Dios o por profeta alguno, que a falta de una autoridad que dicte la ortodoxia ha estallado en tantos matices, prácticas y devociones como practicantes tiene y que acaba por ver a Dios en todas partes y a todo –lo mejor y lo peor- como expresión de la divinidad suprema y como una pieza insustituible y respetable entre todas las que conforman el universo.

Anticipo esto para introducir El faro de los libros, la segunda entrega de Aravind Adiga que nos regaló con un buen número de sonrisas y a veces carcajadas con la lectura de Tigre blanco.

El faro de los libros refleja el microcosmos de una pequeña ciudad del sur de la India, a orillas del mar Arábigo, donde arraigaron los cristianos, algunos dicen que convertidos por el mismísimo Santo Tomás primero y por los portugueses después, convivieron con los hindúes y con los musulmanes y dieron lugar a una mezcla que explica muchas de las particularidades de esta región de la India y, por extensión, del país entero.

El faro de los libros vuelve a ser, en algunos aspectos, un libro divertido, ocurrente y transgresor. De nuevo Aravind Adiga se muestra aquí tan atrevido como en Tigre blanco y tan ingenioso a la hora de idear situaciones y personajes. Pero a medida que avanza la lectura, se hace patente el desánimo y la desesperanza de una inmensa población a cuyas espaldas recae el peso de la miseria, de la falta de futuro y de la desesperanza.

Los disparates se mezclan ahora con las diversas expresiones de la desgracia y las barbaridades se matizan por la necesidad de sobrevivir a la contrariedad y de sacar fuerzas de flaqueza un día tras otro.

Ahora no hay sólo chanza en el tono de Aravind Adiga, hay también compasión. Hay un tono benevolente que tiene que ver con el sentimiento de hermandad y con la tolerancia que está en las raíces místicas de la India y que el autor manifiesta en la comprensión con que son tratados los personajes, buenos –algunos- y menos buenos –muchos más- , la justicia –poca- y la injusticia –generalizada-, las virtudes y los defectos. Todos son parte del mismo universo, opresivo y sin salidas para los desheredados, y todos, de la casta, de la religión o de la condición que sea, componen el entramado complejo de esta pequeña ciudad donde nadie es del todo inocente.

Tolerancia, compasión y humor, sobre todo, en la primera parte del libro. Humor que entona la visión de esa pequeña ciudad, que bien podría representar toda la India, que relativiza las cosas y que coloca al descreído autor del libro en situación de hacer incursiones por cuantos disparates se le ocurren: los funcionarios corruptos, el ridículo de la escuela de los jesuitas, los borrachos musulmanes, los hijos de familias pudientes, los bandidos hindúes, los charlatanes …

Todos transitan por un libro de apariencia inocente, que incluso en la forma se desmarca de la narración habitual. Aparentando a instalarse en la máxima objetividad, recurre al juego teatral del construir con detalle el escenario donde se desarrolla la historia, describiendo con minuciosidad los barrios de la ciudad –por supuesto, ficticia-, las calles, los monumentos y las situaciones que envuelven a los distintos episodios, del mismo modo que lo haría un guionista o un dramaturgo antes de sacar a escena los personajes de su obra. Y sobre este despliegue de decorados propone, a modo de cuentos, una sucesión de historias en cuyo final predomina el sabor amargo y resuena en los oídos del lector ese mensaje, propio también de mucha de la novela picaresca, que afirma que la bondad se ve siempre y sistemáticamente defraudada.

La India del sur, con sus particularidades, nos llega a modo de caricatura de la mano Aravind Adiga con El faro de los libros. Quien quiera conocerla –aunque no sea una India del todo real- y pasar sin duda un buen rato de sabores agridulces no debiera perderse su lectura.

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lunes 12 de abril de 2010

Cosas que he callado


Cosas que he callado
Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.

En "Cosas que he callado" quien habla de Irán no es un viajero que se sorprenda por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán....


Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.





En Cosas que he callado quien habla de Irán no es un viajero ni nadie que con ojos de extranjero se sorprenda o se deje seducir por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán.

Azar Nafisi, la autora, es iraní y habla de su país a partir de su familia. O si se quiere, y más exactamente, habla de su familia y de ella misma, de su infancia, de su juventud y de su vida adulta y al hacerlo emerge necesariamente Irán, a veces de forma más desdibujada y a veces como claro protagonista del relato.

Azar Nafisi, no es una persona cualquiera. Se hizo conocida entre nosotros por otro libro anterior: Leer Lolita en Teherán. Pero para lo que en el libro que ahora nos ocupa importa, es sobre todo la hija de una familia muy relevante en época de shah.

La familia del padre, menos presente en el libro, pertenece a una minoría religiosa dentro del Islam especialmente rigurosa en lo doctrinal pero afable. La familia de la madre pretende estar emparentada con antiguos reyes y forma parte de la alta sociedad de Teherán. El padre ha forjado su carrera a base de esfuerzo y ha escalado los más altos puestos en la política. Llega a alcalde de Teherán, lo que supone tener relación directa con el shah, después de haber ocupado puestos de relieve en la administración del país.

Con este "decorado", a través de su libro, Azar Afisi nos deja entrar en su familia y en la forma de vida que lleva y que la envuelve. Hay, por supuesto, mucho margen para hablar de las relaciones con los padres y con el resto de familiares. Relaciones que están siempre presentes y entre las que brillan la presencia de una madre insufrible y de un padre de efectos balsámicos, afectuoso, muy culto y liberal. ¿Liberal y próximo al gobierno del shah y al shah mismo? Pues sí, porque una vez más la política y las personas se muestran contradictorias y con todas las matizaciones y las descalificaciones que se quiera, es cierto que el padre del último shah fue quien trató de poner en cintura a los clérigos para que se apartaran de la política y fue quien prohibió el velo y trató de sacar a la mujer de la condición inferior que tenía respecto al hombre. Y el propio sha Reza Palehvi fue quien sostuvo un denodado esfuerzo por modernizar el país –bien es verdad que a su manera- luchando con cuantos veían en la tradición y en la religión un patrimonio intocable.

Las reuniones en casa de los padres, con personajes relevantes y con temas de alta política, los chismes que acompañan a la conversación de las mujeres en un ambiente cerrado de la alta sociedad, la relación de la madre con las amigas o con la peluquera y los tenderos … todo va discurriendo a los ojos del lector que, desde una tribuna asiste a lo que ocurre en casa. Pero aparecen también junto a los hechos de textura más familiar otros elementos de trascendencia mayor. Los actos de pederastia que afectan a religiosos, que hubieran debido ser ejemplares en lo que a moral se refiere, hablan de una religión estricta pero corrupta. El recuerdo de Mosadeq, el primer ministro que se enfrentó a las potencias occidentales para recuperar el petróleo cuyos beneficios iban a manos de las compañias extranjeras, resitúa la historia de Irán para reflexionar sobre el papel de shah y de la revolución islámica.

Y finalmente, los años de la revolución, de la guerra con Irak, los incidentes y luchas por el poder que los precedieron y lo que sucedió a continuación nos llevan hasta el presente. No es desvelar nada del libro el decir que Azar Nafisi censura con las más duras palabras el régimen de los ayatolas. Ella misma, profesora de universidad, mujer moderna, educada en el extranjero representante de una generación moderna, tiene que salir del país porque no hay sitio para ella ni para ningún género de disidencia. La reacción sanguinaria del nuevo régimen, la dictadura de la tradición islámica más rígida, el peso de los instrumentos de represión y el lastre de la corrupción que todo ello comporta, van ocupando su lugar a medida que la autora los va descubriendo y los sufre sobre su propia piel y sobre la de los demás.

"Deseo relatar la historia de una familia que se revela en el trasfondo de una época turbulenta en la historia política y cultural de Irán" declara Azar Nafisi en el principio del libro. Y eso es lo que hace, en un texto repleto de interés y con el apoyo -hay que decirlo- de una pequeña pero valiosa colección de fotografías que salpican las páginas del libro y que dan realidad a escenas y a personajes para ayudar al lector a verlos con sus propios ojos.

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viernes 26 de marzo de 2010

Alejandría. Historia y guía. Faros y Farallón


Alejandría. Historia y guía
E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp

Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. Hoy Alejandría es una ciudad envejecida donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa ...


E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp.





Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. La imagen que tenemos de la ciudad está tan cargada de resonancias que la realidad no puede más que defraudar. Y no es que los mitos siempre desborden a las cosas tal como son. Lo que ocurre es que hoy Alejandría es una ciudad envejecida y deteriorada donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa se ha perdido bajo una gruesa capa de abandono y de desidia.

Sé que es una introducción bien poco amable hacia una ciudad histórica que ha generado la admiración de quienes la visitaron o de quienes vivieron en ella hasta fechas relativamente recientes. Poco amable y seguramente imprudente porque alguien habrá que sepa mirarla con ojos lúcidos y descubrir aún el rastro de todo aquello que fue y que le dio gloria.

¿Por qué empezar de este modo la reseña de un libro? Porque, justamente, lo que hace la Alejandría de Forster es desvelar al viajero –viajero real o viajero literario, que para el caso da lo mismo- lo que encierra la ciudad en sus cimientos, en alguna de sus calles, en su puerto y en su dilatada historia para ayudar a verla hoy relacionada con su antiguo esplendor. Para recuperar ese brillo oculto a través del conocimiento y de la posibilidad de reconstruir ese riquísimo y complicado escenario que consiguió levantar y que la convirtió en la ciudad más importante del Mediterráneo oriental.

El libro puede desanimar por su tamaño. Va a ser poco práctico como guía de viaje, a pesar de que el subtítulo da a entender que se trata de una guía. Hay que explicar brevemente de qué va el asunto. Y dar algunas claves que van a estimular el gusanillo de la lectura. El autor, Forster, es ni más ni menos el mismo que el de Habitación con vistas y el de Howard’s end. Es también el autor del famoso Pasaje a la India que entró en la literatura de viajes por la puerta grande. Estamos pues ante un escritor de peso. Y por ello mismo, ante un texto con posibilidades de deslizarse fuera del árido campo de la erudición.

Alejandría Historia y guía, es en realidad la suma de dos libros. Forster viajó a Alejandría después de la Primera Guerra Mundial como voluntario en una labor humanitaria. De su larga estancia en la ciudad surgieron dos textos que se publicaron por separado y que se editan ahora como complemento uno del otro. Y, como introducción a los dos libros, los precede un extenso prólogo, documentado y minucioso que interesará sin ninguna duda a quienes tengan interés en profundizar en ambos textos y en el autor.

No quiero sugerir la idea de que esta introducción resulte excesiva y por ello prescindible. Pero sí que quien desee entrar en materia sin prolegómenos, por la razón que sea, puede hacerlo sin riesgo de sentirse huérfano o falto de orientación cuando entre en contacto con el escrito de Forster. La edición de la que hablamos, además, contiene unos extensos añadidos en forma de notas y apéndices, que se disponen al final del libro. Son escritos a parte que vuelven a dar la oportunidad al lector de renunciar a ellos si lo que pretende es centrar su atención en el libro de Forster. Quinientas páginas pues, pero en realidad muchas menos en un libro que va añadiendo complementos a la obra central para quien quiera sumergirse en ella.

De la mano de Forster, Alejandría surge a los ojos del lector como si un arqueólogo trabajara a la vista y fuera desplegando ante su mirada las sucesivas capas que dan sentido a la ciudad. Y es que en buena medida, la guía que escribe, más que atender al presente, lo que hace es asomarse a la historia para dejar que nos emocionemos ante una ciudad que como pocas emite reflejos de su antigua grandeza.

Sin historia, Alejandría sería poca cosa. Y ahí es donde el talante –y el talento, por supuesto- literario de Forster juega a favor. Porque ante el riesgo de caer en un tratado denso, propio de un académico, el autor se convierte en divulgador y nos cuenta de la Alejandría antigua con detalle pero también con fluidez. De manera comprensible y nada abrumadora, Forster va rescatando a través del texto aspectos de lo más diversos y acercando épocas diferentes y, sin embargo, todas esenciales para ayudarnos a comprender y a saborear la vieja Alejandría y hacer así más grata la Alejandría avejentada y venerable que nos encontramos hoy.

Alejandría. Historia y guía es una excelente introducción a la ciudad. Según se mire, es casi imprescindible. Ahonda en el pasado, pero trata también de anécdotas y de episodios mucho más recientes a los que Forster saca jugo literario con la ironía que utiliza cuando examina comportamientos y costumbres de los personajes que crea en sus obras de ficción. Por ello la lectura, además de instructiva, se hace agradable y estimulante. Quien quiera acercarse a Alejandría de una manera informal, quizás no muy rigurosa pero con deseos de profundidad y de la mano de un cicerone de lujo tendrá con Alejandría. Historia y guía, la oportunidad de hacerlo y la ocasión de disfrutar.

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lunes 22 de marzo de 2010

Pedro Páramo ya no vive aquí. Historias sorprendentes de un viaje por México


Pedro Páramo ya no vive aquí
Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.

Paco Nadal elige un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices...


Paco Nadal
RBA, 2010
191 pp.






México es enorme se mire por donde se mire. Y por ello favorece miradas desaforadas. Los contrastes que forman parte de su misma esencia, sus excesos en tantas cosas han propiciado una literatura sobre el país de tono exagerado en la que lo pintoresco, lo diferencial y lo tremendo ocupan el espacio de lo esencial.

Paco Nadal elige, sin embargo, un tono sosegado para hablarnos de México y al hacerlo, nos acerca a un país grato, cálido, acogedor y rico en contenidos y en matices, todo a un tiempo. Da la impresión de hablarnos de un México real, sin perder por ello los rasgos de identidad que lo distinguen y que marcan con tanta intensidad su carácter.

Paco Nadal es un viajero más que experimentado. Como periodista y como autor de libros ha escrito sobre los más diversos lugares. Sus reportajes han aparecido en los principales periódicos y revistas especializadas en viajes. Y ahora, con Pedro Páramo ya no vive aquí, ha sido galardonado con el Premio Eurostars de Literatura de Viajes.

Su libro es tan fluido como ameno. Discurre con rapidez y se mueve en torno a unos pocos temas que sirven de punto de partida para hablar de lugares y de aspectos distintos del país, de su gente, de su cultura, de su historia y sobre todo de su presente. Varios viajes realizados en momentos y con motivos distintos le dan a Paco Nadal la perspectiva y los elementos necesarios para conformar su visión del país. Y para tratar llanamente una realidad en ocasiones brutal que parece a veces propia de la página de sucesos de un periódico de la prensa amarilla.

Cuenta de Ciudad de México que creció un millón de habitantes en un fin de semana. Llegaron a ella multitudes con motivo de la visita del Papa y se quedaron ahí para siempre. Habla de avenidas de treinta kilómetros de longitud y de una flota de más de cien mil taxis, sólo en la capital. Habla también del azote de la delincuencia, de las miles de anécdotas que podrían llenar una novela pero que resultan ciertas y forman parte de la vida cotidiana de los ‘chilangos’.

Pero a pesar de no cerrar los ojos a los aspectos más negros de la realidad, su relato no es pesimista porque, en su enormidad, México deja espacio suficiente a muchos otros aspectos a través de los que la vida se expresa de forma tranquila, comprensible y también optimista.

Empieza Paco Nadal hablando de Chiapas y de este episodio singular que fue la rebelión del subcomandante Marcos para reivindicar a los indígenas y luchar por el fin de una sumisión que nació hace siglos y se ha mantenido hasta el presente. Explica la situación de los descendientes de los mayas y muestra la necesidad de buscar una salida a su sometimiento histórico. Y sigue centrando el foco de su atención en el DF, esa capital de catroce millones de habitantes convertida en la ciudad más grande, más polucionada y más complicada del mundo en cuyo subsuelo –en el metro me refiero- pulula esa misma población de tez oscura que protagoniza en Chiapas la revuelta indígena y que, llena de contradicciones -me refiero a Ciudad de México-, seduce a quienes viven en ella y los atrae con su vitalidad incontenible.

Le sigue un viaje sentimental en busca de los escenarios que aparecen en la célebre novela de Rulfo y que da título al libro. Trata en otro capítulo de un viaje en tren a la Barranca del Cobre que permite adentrarse en el viejo mundo de los tarahumara y en unos paisajes de vértigo con valles, desfiladeros y quebradas de belleza única.

Paco Nadal muestra una singular capacidad para describir: describir paisajes, describir ambientes, describir las calles de ciudades y de poblachos, describir pensiones donde se aloja, plazas y cafés y describir personas a las que se encuentra y que dan luz a la vida que transcurre alrededor suyo.

México es inagotable. Y no viene mal recuperarlo a través de la literatura y traerlo a la actualidad de un modo distinto a como lo hacen los periódicos. Paco Nadal lo consigue con Pedro Páramo ya no vive aquí. La lectura del libro es más que recomendable. Atraerá el interés de todos los amantes del país centroamericano y el de todos los amantes de la buena literatura de viajes.

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martes 16 de marzo de 2010

Mitos mágicos de la India


Mitos mágicos de la India
Anita Nair
Duomo, 2009
200 pp.

Si la mitología acostumbra a ser complicada, cuando se trata del exuberante panteón de las divinidades indias desborda el cauce del entendimiento de los no expertos y se convierte en una selva de nombres y de personajes poco menos que inabarcable....


Anita Nair
Duomo, 2009
200 pp.





“Una noche, Aruna, diosa del amanecer y madre de Surya, dios del sol, se despertó en su cama agitada y sudando. Había escuchado una voz susurrándole que, si no tenía cuidado, su hijo la abandonaría y se iría en busca de lejanos horizontes. Si eso llegaba a suceder, el universo quedaría para siempre sumido en la oscuridad.”

Si la mitología acostumbra a ser complicada, cuando se trata del exuberante panteón de las divinidades indias desborda el cauce del entendimiento de los no expertos y se convierte en una selva de nombres y de personajes poco menos que inabarcable.

Pero con Mitos mágicos de la India no estamos ante un libro para expertos. La incursión que ha hecho Anita Nair, que abandona esta vez el mundo de la novela, parece dirigida a los niños porque en realidad lo que escribe son cuentos. Cuentos que narran la vida y las anécdotas que rodean a los dioses y que beben de la tradición, en forma de pequeños relatos tal como eran transmitidos de generación en generación y en el tono en que hicieron familiares los mitos ancestrales a la población de hoy.

Mitos mágicos de la India es un abanico que va desplegando, leyenda a leyenda, historia a historia, un fresco donde aparecen los nombres principales de ese Olimpo que en la India se deja ver en esculturas y pinturas de los templos, en las imágenes de los libros o en las ceremonias religiosas siempre difíciles de situar y comprender. Porque mucho más que en la mitología griega, en la india a los dioses se unen infinidad de avatares que los personifican y multiplican su apariencia, sus propiedades y su historial para hacerlos mas complejos y confusos a los ojos de quienes no se acercaron a sus vidas y conocieron sus elaboradas trayectorias.

Anita Nair regresa a su infancia pero se documenta también y recurre a sus maestros para retomar el relato de la tradición. Con Mitos mágicos de la India consigue, en un tono ameno y poético, introducirnos en el mundo de los dioses, en el de sus aventuras, en el de su relación con los hombres. Nos los acerca y con ello los humaniza y los vuelve comprensibles, a la vez que destaca también también sus excesos, su violencia y su crueldad marcando así la distancia que los separa de los hombres y los eleva al nivel de la divinidad.

Afecto, generosidad, fidelidad, astucia, engaño, fuerza, sangre… son virtudes, atributos y signos del inabarcable poder de los dioses. Son las armas mediante las cuales despliegan su bondad y también las herramientas con las que luchan para preservar su lugar y mantener el orden superior que sostiene al universo.

Son muchos los libros que tratan de las divinidades indias y que ayudan –a los humanos, sobre todo a los de Occidente- a poner en orden esa complicada existencia de la que tenemos noticia a través de los textos sagrados y de las tradiciones populares. Mitos mágicos de la India es una contribución singular a este deseo de entendimiento. Y es una excelente lectura que ilumina este mundo cargado de vitalidad y lleno de imaginación en el que se sostienen las creencias más arraigadas de una gran parte de la población de la India.

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domingo 7 de marzo de 2010

Atlas de los exploradores españoles


Atlas de los exploradores españoles
Sociedad Geográfica Española
Geoplaneta, 2010
320 pp.

¿Conoce alguien a la monja Egeria?¿Suenan los nombres de Gonzalo Guerrero, García Jofre o Luis de Mármol? Lo más probable es que quien se tropiece con ellos no tenga la menor idea de quienes son los personajes que se esconden tras estos nombres...


Sociedad Geográfica Española
Geoplaneta, 2010
320 pp.





¿Conoce alguien a la monja Egeria? ¿Suenan los nombres de Gonzalo Guerrero, García Jofre, Luis de Mármol, Alonso Carrió, Juan Víctor Abargues o Joaquín Gatell? Seguramente a alguien le sonarán e incluso estará familiarizado con ellos porque merecen ser conocidos. Pero lo más probable es que quien se tropiece con nombres como estos no tenga la menor idea de quienes son los personajes que se esconden tras ellos.

Y el caso es que debieran ser célebres porque forman parte de una plétora de exploradores que desde tierras españolas se lanzaron al mundo por rutas desconocidas y dieron noticia de ellas a través de sus relatos.

Cuesta pensar que haya habido muchos exploradores españoles cuando en el imaginario colectivo la exploración parece que fue cosa de ingleses, sobre todo, justo antes y durante las épocas de la gran expansión colonial de Europa. Hablamos de lo que ha pasado por ser la época dorada de la exploración, allá por el siglo XIX. Y sin embargo, ningún pueblo contribuyó tanto a conocimiento del mundo y a la exploración geográfica como el español a partir de los últimos años del siglo XV, tras el descubrimiento de América, y durante los cincuenta años siguientes.

Sospecho que el lenguaje jugó a España una mala pasada. Los exploradores como Livingstone tenían bien claro su papel y así lo reconocían las sociedades geográficas que los apadrinaban y los periódicos que daban voz a sus relatos. A los españoles nos tocó el papel de descubridores o de conquistadores en los tiempos en que más activa estuvo España en la exploración del mundo. Y en esos papeles quedó posiblemente relegada a la historia y a la polémica sobre la conquista de América una actividad que aportó al conocimiento geográfico avances de una importancia extraordinaria.

Pero no todo fue cosa de la leyenda negra a la hora de ignorar a nuestros exploradores. Lo que quizás fue resultado de un complejo de inferioridad de España frente a otros países llevó a silenciar su labor y a mantenerla en secreto bajo la idea de que divulgar los conocimientos ponía en riesgo la propia seguridad. Pero además, tampoco hubo interés en difundir noticias de las exploraciones. Seguramente no estaba España por la labor ni tenía instituciones ni medios con vocación para ello.

El Atlas de los exploradores españoles rompe ahora el silencio y recupera la memoria de lo que fue la contribución de España al conocimiento del planeta. Más de doscientos nombres aparecen reseñados en él, como parte de una selección en la que ha habido que recortar para no alargar demasiado el libro. Desde la época romana hasta la actualidad se recoge el testimonio de viajeros de los perfiles más diversos que dejaron huella en el saber geográfico a través de informes, declaraciones, mapas y relatos diversos.

La iniciativa ha partido de la Sociedad Geográfica Española y han contribuido al texto y a las numerosas imágenes que lo ilustran un buen número de autores -historiadores y académicos unos, investigadores otros- y de editores que han conseguido una obra tan completa como atractiva y llena de interés.

Justamente, del interés hay que hablar en esta reseña, porque se ha puesto de relieve con la aparición de la segunda edición del libro, que se agotó de forma casi inmediata en su primera entrega sorprendiendo a casi todos. La excelente y cuidada edición influyó sin duda en el éxito de la edición primera. El tono ameno con que está escrito y el formato a base de cortas biografías de los personajes que ponen de relieve sus hazañas y nos los devuelven, rescatándolos del olvido, también. La intención de no perder de vista el contexto histórico y de enmarcar a cada uno en el momento en que vivió ayuda a explicar una acogida tan favorable. Y con toda seguridad, la sensación de que era éste un hueco en el conocimiento de la propia España que había que rellenar abrió las puertas a una acogida tan calurosa.

¿Cómo tardó tanto en aparecer un atlas de la exploración geográfica y científica del mundo por parte de los españoles? Probablemente porque nadie como la SGE tuvo la vocación, el empeño y el acierto de hacerlo. Hay que celebrar, pues, que por fin contemos con un Atlas de los exploradores españoles tan lleno de atractivos y tan exitoso.

Ver la presentación del atlas en De Viaje

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domingo 28 de febrero de 2010

Cuba más allá de Fidel


Cuba más allá de Fidel
Jorge Moreta
Altair, 2009
301 pp.

"Ser héroe nacional en Cuba es una profesión de elevada siniestralidad. Lo habitual es no llegar a viejo". Estamos ante un libro sobre Cuba y erudito. Y un libro que merece la pena leer ...


Jorge Moreta
Altair, 2009
301 pp.





"Ser héroe nacional en Cuba es una profesión de elevada siniestralidad. Lo habitual es no llegar a viejo"

Estamos ante un libro sobre Cuba y erudito. Aunque parezca una contradicción. O un imposible. Y un libro que merece la pena leer tanto si se prepara una visita a la isla, como si se regresó del viaje o nunca se pensó en ir allí pero se quiere pasar un buen rato disfrutando de la lectura.

Parece que lo de la erudición está reñido con el divertimento, que es -me refiero a lo del divertimento- la carta de identidad de Cuba. Y no es así. Lo que ocurre es que Jorge Moreta viaja después de haberse documentado exhaustivamente. En profundidad y con amplitud de horizontes. Y el resultado es el de un constante diálogo, en tono incisivo, entre el país de hoy, el del pasado, la política, los personajes más diversos, la gente de la calle y mil ingredientes más que condimentan el texto y lo hacen extremadamente variado y ameno.

El caso, es que entre tanta diversidad, Moreta no se anda por las ramas. Cuenta su viaje, de una punta a otra de la isla. Y lo cuenta ordenadamente. Siguiendo el recorrido que efectuó en coche, conduciendo por su cuenta por esas carreteras que atraviesan paisajes naturales y humanos extraordinarios y que aparecen llenas de baches y de carteles donde se condensa la fe inquebrantable en la Revolución. Y deteniéndose también en ciudades de todos los tamaños desde donde contemplar esa Cuba tan llena de contradicciones que convierte lo que debiera ser un viaje turístico en una enciclopedia de sentimientos, sensaciones y reflexiones.

Jorge Moreta es tan hábil con el lenguaje como lo es con las ideas. Y su capacidad por ahondar en todo cuanto contiene cada lugar que visita y cada ambiente resulta sorprendente y lleno de interés. Pero ojo, no estamos hablando de historia o de geografía. Moreta bucea un poco en todo porque domina una información masiva y de naturaleza diversa.

No es el suyo un libro amable con la dictadura. No milita en contra, ni huele a revancha ninguno de sus comentarios. Pero es implacable con ella, con sus fracasos y sus desafueros. No necesita ir muy lejos para ello ni buscar excusas. Lo que ve habla por sí solo. Pero Cuba no se agota en la tristeza de su malogrado presente y Moreta despliega su juego para sacarle el jugo a todas las virtudes que hacen de la isla un país único. También él se rinde con admiración ante la belleza de sus paisajes, el encanto y ese aura que roza el mito de algunas ciudades y la gracia y la humanidad de sus gentes.

Moreta se mueve ágilmente en ese mundo de palabras que los cubanos inventaron para hacer más sabroso el idioma castellano. Las emplea y sazona con gracejo el texto, que se contagia del alma de aquello de lo que habla y del mirar irónico e intencionado que son la chispa de la perla del Caribe. Consigue sacar a la luz todos los mitos. Lo hace dejándolos caer un poquito aquí y luego allí. Adminsitrando los recursos como un buen cocinero que reparte el condimento para que ningún bocado quede corto una vez probado el anterior.

De la Revoución habla del célebre asalto al cuartel de Moncada, y también de Camilo Cienfuegos, y de Raúl con quien claramente no congenia, y cómo no, del Che. Y claro, también de los antecedentes de los barbudos redentores que asoman en el libro, como rebeldes unos –Céspedes, por ejemplo- y como poetas otros, además de rebeldes, como José Martí del que recoge unas líneas llenas de ternura dedicadas a su hijo aun muy niño.

Y aparecen los Conquistadores españoles, para los que no ahorra reflexiones críticas pero tampoco el reconocimiento debido. Y los conquistadores cubanos que embelesarían a media España: Machín, el primero, y Compay, que merece casi un capítulo, y que es un compendio de todo cuanto hace de Cuba un lugar bendecido, irrepetible en la tierra y, en lo más profundo de cada uno, envidiable.

¿Falta lo sobrenatural? No, no. Los viejos dioses africanos salen por alguna parte del libro y sale también la Caridad del Cobre que tanta devoción despierta. Y salen negros espléndidos y mulatas de constitución tan generosa que dejan sin sentido a buen número de turistas cuyo recorrido por la isla se centra en el camino que va de la habitación del hotel al restaurante y del restaurante a la habitación del hotel con una cubana del brazo.

Imposible aproximarse a todo lo que es capaz de aflorar Moreta en torno a Cuba. Y menos reproducir su agudeza y la gracia con que escribe. Cuba más allá de Fidel es un gran libro. Está lleno de hallazgos y de entretenimiento para el lector. Y en medio del buen humor que respira, también de lecciones. Quien desee acercarse a Cuba tiene con él la mejor ocasión y la mejor de las excusas.

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lunes 22 de febrero de 2010

Con la cabeza bien alta


Con la cabeza bien alta
Wangari Maathai
Lumen, 2007
410 pp.

"La mía era como todas las escuelas de la época. Tenía paredes de barro, el suelo de tierra y el tejado de hojalata. Cada viernes debíamos llevar cenizas de casa y dejarlas en el suelo..."


Wangari Maathai
Lumen, 2007
410 pp.






"La mía era como todas las escuelas de la época. Tenía paredes de barro, el suelo de tierra y el tejado de hojalata. Cada viernes debíamos llevar cenizas de casa, dejarlas en el suelo, ir a un río cercano a por agua y verterla en las cenizas. Entonces barríamos el suelo, una forma de limpieza habitual en aquellos tiempos que evitaba la acumulación de polvo y acababa con las plagas, como las pulgas. De junio a agosto, los meses más fríos y nebulosos del año en las tierras altas del centro, en nuestra escuela hacía un frío insoportable, de modo que durante aquellos días los profesores encendían un fuego para que nos calentáramos las manos y pudiéramos escribir."

Quien escribe esto es Wangari Maathai, nacida en Kenia en 1940, en un poblado de agricultores, sin escuela, en una familia kikuyo de corte tradicional –su padre tenía varias mujeres y entre sus hermanos los había de diversas madres-, y en un país organizado como colonia del imperio británico. Wangari Maathai cuando escribe este libro ha sido ya elegida para ocupar un puesto en el Parlamento de su país, ha sido nombrada Secretaria de Estado en el gobierno y ha recibido el Premio Nobel de la Paz. Una trayectoria excepcional para una persona ejemplar, sorprendente y sobre todo cautivadora.

Si al tratar de Con la cabeza bien alta, tuviera que hablar de sensaciones diría sin duda que es un libro luminoso. Esa fue la impresión que tuve al empezar la lectura y que se mantuvo al avanzar a través de sus páginas. En ocasiones muy contadas sorprende la facilidad con que pueden expresarse las ideas, la ligereza de las palabras y la claridad que se desprende del texto para transmitir hechos, recuerdos y opiniones. Wangari Maathai consigue todo ello en un libro que se lee con extrema facilidad y que transporta a su mundo, empezando por el de su infancia, que cambió radicalmente y del que ha surgido la Kenia de hoy. Porque Con la cabeza bien alta es, al fin y al cabo, una autobiografía.

La literatura con conciencia política africana suele ser, y es lógico que así sea, de tono militante. Quienes vivieron la época colonial, tuvieron que luchar por la independencia o asistieron a esa lucha y luego debieron enfrentarse a las enormes dificultades de consolidar un país libre. Casi todos ellos expresan esta penosa travesía en términos de heroísmo y de desgarro, porque fue el sufrimiento lo que marcó este traumático trance en la conciencia de sus protagonistas.

Wangari Maathai se sale del guión y ofrece la visión de una niña feliz y adaptada al mundo que le ha tocado vivir. Empieza Wangari Maathai por contar el medio en el que nació tal y como lo vivió ella. Y al lector se le abre el horizonte y la mente para comprender cuánto han debido de evolucionar los pueblos africanos en unos pocos años para pasar de un universo gobernado por antiguas tradiciones, por creencias nacidas del contacto inmediato con la naturaleza y por prácticas que no iban mucho más allá que ir a buscar agua o plantar unas pocas semillas, al uso del teléfono móvil y a la vida en ciudades modernas como las que podría haber en cualquier parte del mundo.

Justamente, lo que Wangari Maathai consigue es mostrar esa realidad que fue la de mediados del siglo XX en su país de forma tan natural que se vuelve aceptable y familiar a la mirada del lector. Lo apasionante de su relato es que no hay crítica sino afecto. No hay explicación sino exposición. Y es esa exposición la que permite al lector asomarse y comprender a un mundo tan desconocido como apasionante.

Como anécdota, cuenta Wangari Maathai la dificultad de una sociedad de tradición exclusivamente oral para comprender el misterio de la escritura. La necesidad de atribuir a las letras un componente mágico para explicar que un mensaje escrito por alguien en cualquier lugar pudiera ser entendido por su destinatario sin que el mensajero tuviera que abrir la boca. Nunca se había visto que las ideas pudieran transmitirse de manera distinta que a través de un sonido.

Cuenta también como era la poligamia en la comunidad kikuyo en la que ella nació. Explica que era un elemento de estabilidad y de acogida para los niños. En un mundo de recursos muy escasos donde el padre debía ausentarse para procurar medios de vida y las mujeres necesitaban para los cuidados elementales de la casa desplazarse distancias enormes, las familias compuestas por un varón y varias mujeres permitían que hubiera siempre alguna madre al cuidado de todos los niños y que los niños no extrañaran nunca la presencia de un adulto para alimentarlos o simplemente para entretenerlos por más trabajo o labores que hubiera que hacer.

La mirada ejemplarmente pacífica de Wangari Maathai no oculta la realidad de la época colonial. No esconde los sacrificios e injusticias que vive la sociedad kikuyo que es la que conoce. Pero tampoco siente necesidad de cerrar los ojos a lo que los ingleses aportaron –la educación, por ejemplo- ni a la ‘normalidad’ que ante sus ojos tenía la existencia de un mundo de blancos y otro de negros.

Explica, que tan ajenos a su mundo eran los blancos como los lúos, negros como ella, que no pertenecían a la comunidad kikuyo. Habla de la relación de afecto que había entre su padre, empleado, y el propietario inglés de la granja donde trabajaba y donde vivió con su familia, por más que fueran tremendamente injustos los términos de dicha relación.

Habla del cambio en la alimentación que se produjo cuando llegaron los indios, llevados por los ingleses como mano de obra para la construcción del ferrocarril. Y del rapidísimo cambio que se produjo en la cultura local cuyos bailes, canciones, maneras de vestir o adornos fueron desplazados por las modas totalmente extranjeras llegadas de Europa.

Es tal la cantidad y la variedad de lo que cuenta Wangari Maathai y la naturalidad y precisión de los detalles con los que relata su experiencia que construye para el lector un mundo entero, desconocido y apasionante. Un mundo humano y pacífico que nada tiene que ver con el que se construyó a través de la prensa con motivo de la rebelión de los Mau Mau y de las revueltas por la independencia. En definitiva una versión distinta de la historia, en ausencia de la cual resulta difícil desentrañar casi nada de la tremenda travesía de África desde el mundo tribal al de hoy, ocurrida en poco más de cincuenta años.

Por supuesto, Con la cabeza bien alta trata de muchos más temas además de los que rodean a los años de la niñez y de la juventud de Wangari Maathai. El relato discurre a lo largo de toda la vida de la autora. Y es imposible referirse, aunque sea sólo brevemente, a los distintos episodios y momentos de los que trata el libro: los estudios en América, el regreso a Kenia, el activismo político... Tampoco hace ninguna falta. Sin duda, hay reseñas de libros destinadas a dar a conocer de lo que tratan y ahorrarse la lectura. En este caso no es así. No habría que desperdiciar la ocasión de leer Con la cabeza bien alta. Dejará en el lector el mejor de los sabores, lo entretendrá desde el principio hasta el final y le dará una visión de África necesaria sin duda para comprenderla mucho mejor.

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lunes 15 de febrero de 2010

Adiós a China. Catorce mil kilómetros por un gigante en transformación


Adiós a China
Suso Mourelo
Interfolio, 2009
359 pp

Suso Mourelo es un viajero poco convencional. Da la impresión de que tiene una vocación sedentaria y que lo suyo es encontrarle el gusto al lugar donde está. Vivirlo sin tensión, dejándose llevar....


Suso Mourelo
Interfolio, 2009
359 pp.





Suso Mourelo es un viajero poco convencional. Da la impresión de que tiene una vocación sedentaria y que lo suyo es encontrarle el gusto al lugar donde está. Vivirlo sin tensión, dejándose llevar.

Suso Mourelo aparenta ser el ‘hombre tranquilo’ que observa sin prisa y se mueve a un ritmo lento, alejado de la tensión. Muchas veces sin propósito definido. Cuando viaja tiene su propio método, que viene a ser –según se mire- la falta total de método con la que sorprende a alguno de sus amigos chinos que no comprenden su disposición a improvisar y con la que marca el pulso del libro. Cuenta que le gusta dejarse llevar y, así, conocer Pekín siguiendo al azar a cualquier viandante hasta llegar a su lugar de destino, y luego eligiendo a otro guía que, inconsciente de su labor, lo llevará por avenidas, calles y perdidos callejones, hasta lugares que de otro modo nunca hubiera llegado a conocer.

El aire que impulsa a Suso Mourelo es el de la curiosidad. Pero no de la curiosidad nacida del ‘deber ver’ lo que las guías o algunos viajeros famosos dicen, sino la que surge de sí mismo alimentada por su propia sensibilidad y por sus deseos, aderezada siempre por un punto de gusto por la transgresión.

Podría parecer que el tener un autor con vocación sedentaria no es el mejor ingrediente para un buen libro de viajes. Ni que tampoco lo es el no hacer caso a otros viajeros, ni la constante improvisación. Pero resulta que en este caso la combinación funciona y que es la suma de todas estas particularidades la que da lugar a un libro lleno de interés sobre un tema que no puede ser más actual: China.

La moda de China ha alimentado una amplia literatura. Ha rescatado del olvido relatos de viejos viajeros, ha recuperado narraciones de viajeros más modernos convertidas, sin embargo, en clásicos, y ha suscitado multitud de interpretaciones sobre el fenómeno de su desarrollo y de sus consecuencias. La velocidad de la evolución de China es tal que parece que la realidad hace obsoleto casi todo lo que se escribe, antes de que aparezca en las librerías. Y el libro de Suso Mourelo no sería una excepción a este hecho si no fuera porque su actualidad está precisamente en haberse detenido en el origen de esta puesta de moda. Es decir, está en tratar de la China del último año del siglo XX cuando estaban dibujados ya todos los rasgos del presente pero seguían vivos aún los que habían modelado el país hasta ese momento, habían marcado sus tradiciones y le habían dado su carácter y su cultura únicos.

El relato de Suso Mourelo es el de la fascinación ante lo que está observando:
"China cambia a cada instante, y como consigna del nuevo milenio, se ha lanzado a un mercado salvaje. Por eso nunca volverá a ser lo que siempre ha sido, lo que en tierras ajenas al turismo y al mercado global es todavía. (…) Sus mil trescientos millones de habitantes se preparan para despedirse del pasado y de millares de mitos que durante siglos los han alimentado. Mil trescientos millones de personas se aprestan a decir para siempre (…) adiós a China."

Cuando llega a Pekín, Suso Mourelo constata, más allá de las lecturas y de la información que ha recogido para preparar su viaje, el tamaño que todo tiene en China y la inmensidad del cambio que está emprendiendo. Y observa también cómo se renueva la sociedad y aparecen personajes, costumbres y figuras desconocidos hasta hace poco tiempo. Los nuevos ricos, las concubinas que los rodean, los altos cargos que descienden de coches con cristales tintados y esa nueva forma de ‘balseros’ que son los campesinos que emigran sin papeles a Pekín huyendo de la miseria componen un relato por el que discurre esa nueva China de ciudadanos orgullosos y sobre todo pragmáticos con los ojos puestos en el futuro y en el dinero.

Pero Pekín es sólo un episodio y la mayor parte del libro transcurre por trenes, autobuses, ciudades de provincias y pueblos aislados que dan una visión mucho más amplia del país, más rica y más ajustada también a la realidad.

La china rural que Suso Mourelo recorre en su viaje muestra una cara distinta del progreso y una enorme problemática que queda por resolver. China, dice, avanza a dos velocidades y la China anclada en el atraso, enorme y miserable, pesa sobre la otra y discurre en la incertidumbre sin ninguno de los brillos que adornan la imagen y la vida de Pekín o de Shanghai.

Suso Mourelo se ha documentado masivamente y aprendió chino antes de emprender su viaje. En su relato asoman cuentos y leyendas antiguos, referencias a la historia, conversaciones con amigos que va haciendo en el curso de su recorrido, referencia a personas con quienes tropieza por azar o le abren su casa en ejercicio de la más pura hospitalidad.

Adiós a China ofrece un paisaje extenso de esa China que acaba de despegar y que sorprende por su energía. Los diez años que separan la fecha del viaje que hizo Mourelo hasta hoy no le han restado actualidad sino al contrario. Añaden una perspectiva que de otro modo hubieran hecho el texto más plano. Adiós a China es un texto que hay que leer para acercarse sin ninguna grandilocuencia pero con abundante información, con matices y con una aguda sensibilidad, a uno de los fenómenos más extraordinarios del presente.

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lunes 8 de febrero de 2010

Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa moderna


Bizancio
Judith Herrin
Debate, 2009
495 pp.

El Drina ha marcado para muchos la verdadera frontera de Europa, esa línea en los Balcanes donde empezaba un confuso mundo oriental de tradiciones lejanas y de desencuentros y conflictos frecuentes...


Judith Herrin
Debate, 2009
495 pp.





El Drina ha marcado para muchos la verdadera frontera de Europa, esa línea en los Balcanes donde empezaba un confuso mundo oriental de tradiciones lejanas y de desencuentros y conflictos frecuentes. Otros, en cambio, han visto en el Orontes la línea de división donde terminaba Europa, la frontera en el interior quebrado de Siria hasta donde se movieron con comodidad las legiones romanas y que defendieron como propia frente a los pueblos de Asia, dispuestos a disputar a Occidente los territorios que habían permitido hablar de un mare nostrum.

Entre una y otra se desarrolló Bizancio. Y se convirtió en una potencia que sobrevivió durante mil años. Y a lo largo de los siglos sirvió de bastión para la defensa de Europa frente al empuje de los pueblos de procedencia asiática que trataron de penetrar en el continente.

¿Cómo pudo producirse en la Europa moderna el olvido de este imperio con el que convivió durante diez siglos y con el que compartió tantos intereses y las mismas raíces?¿Quienes eran realmente estos bizantinos que desparecieron de la historia sin dejar rastro en la moderna conciencia europea?

Judith Herrin se propone, en este libro espléndido, sacar a la luz a un Bizancio olvidado y devolverlo al presente. Cuenta, solo empezar, el motivo que la impulsa: unos albañiles, seguramente turcos, le piden que les explique en cuatro palabras que es eso del imperio bizantino del que han oído hablar. Y Herrin, al escribir su libro pretende dar respuesta a esta demanda sacando a Bizancio del gueto de los libros de historia. Quiere ofrecer una visión lo más completa posible de lo que fue el imperio bizantino atendiendo a las facetas más variadas. Y lo cierto es que consigue darle vida y sacarlo del ámbito oscuro de ‘lo extranjero’ para restaurar su esencia europea y los estrechos lazos de unión que lo ligaron a nuestra historia y a nuestra cultura.

Debiera haber empezado declarando que el Bizancio de Herrin es un libro extraordinariamente ameno. Es preciso insistir en ello porque pudiera parecer que el tema es abstruso y difícil de abordar. Nada de eso. Herrin se propone ser didáctica, a pesar de ser una de las grandes autoridades en la materia, y para ello planifica su libro fijando su mirada en temas diversos que desarrolla cuidadosamente y que van iluminando parcelas de la realidad distintas que acaban componiendo una visión de conjunto completa y clara.

Por supuesto, el libro empieza por la fundación de Constantinopla, es decir por el Imperio Romano, y al hacerlo no destaca tanto su fracaso para contener a los enemigos exteriores que presionan sobre las fronteras, como el éxito de una política de adaptación a las nuevas realidades de Europa para sobrevivir a los tiempos. Bizancio es Roma. Y esta evidencia, que hemos olvidado la mayoría de europeos, es la que sostiene el relato que hace Herrin y la que nos descubre que en este espacio comprendido entre el Drina y el Orontes hubo un imperio que hasta 1453 mantuvo firme la cultura y la presencia de Europa.

La vida en Constantinopla cobra realidad en el libro de Herrin. Se sacan de la anécdota asuntos como el pan y el circo que se elevan a instituciones que cohesionan a la sociedad y contribuyen, como en la más pura tradición romana, a asegurar la fidelidad de los individuos al estado. El juego político, a través de asociaciones ligadas a los espectáculos, cobra vida y muestra una organización sofisticada que encauza –y desborda a veces- la lucha por el poder y que está a años luz de la pobre situación en la que vive el occidente de Europa. El mantenimiento del derecho que hereda la práctica romana y se desarrolla en el mundo bizantino con nuevas contribuciones y ordenamientos se destaca como contribución que aprovecha occidente entero en ese ‘derecho romano’ que inspira a tantas de sus legislaciones y que es en realidad bizantino.

El apasionante asunto de la religión y de los concilios que nos hemos acostumbrado a ver como luchas por el poder de obispos y patriarcas, pero que son igualmente una herencia del rigor intelectual del pensamiento griego y romano aplicado al desarrollo de la doctrina. Por cierto y como curiosidad, nuestro San Isidoro cayó en el pecado de heregía al traducir que el Espíritu Santo nació del Padre y del Hijo cuando lo suyo hubiera sido reconocer que nació del Padre a través de Hijo, tal y como quedaba expresado en griego, que fue la lengua que acabó imponiéndose en este imperio hasta sucumbir frente al empuje otomano.

Seguramente nadie de los que hayan leído el libro de Herrin viajará a Turquía y la verá con los mismos ojos que antes de esta lectura. La influencia de Bizancio en Europa se muestra con fuerza. Lo mismo que su progresivo declive a medida que la Europa bárbara se hace fuerte, reconstruye sus propias instituciones, eleva su cultura y organiza su ambición de poder. El saqueo de Bizancio y su ocupación por parte de los ejércitos cruzados expresan el repudio de los propios cristianos al imperio de Oriente. Ese mundo griego y ortodoxo del este de Europa dejó de ser reconocido como propio y pasó a ser objeto de la codicia de los reinos de occidente como lo era también de los turcos que lo asediaban.

Pero la distancia que los siglos fueron creando, no impide -como bien muestra Herrin- que rasgos fundamentales de la cultura, las tradiciones, los intereses y la historia fueran compartidos entre los dos extremos de Europa. Y no puede evitar tampoco que la Turquía laica y a la vez musulmana de hoy sea en muchos aspectos hija de este imperio que hunde sus raíces en Roma.

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martes 2 de febrero de 2010

El secreto del calígrafo


El secreto del calígrafo
Rafik Schami
Salamandra, 2009
412 pp.

Con fuegos de artificio inicia su andadura El secreto del calígrafo, que en unas pocas páginas coloca al lector en estado de curiosidad absoluto y le anuncia una aventura que lo tendrá sujeto al libro hasta terminarlo....


Rafik Schami
Salamandra, 2009
412 pp.





Con fuegos de artificio inicia su andadura El secreto del calígrafo, que en unas pocas páginas coloca al lector en estado de curiosidad absoluto y le anuncia una aventura que lo tendrá sujeto al libro hasta terminarlo.

La intriga está servida desde el principio. Pero el supuesto thriller cambia enseguida de ritmo y se modera. Se podría decir que cambia de género y que, antes de terminar regresando a la intriga intensa con la que empieza, se serena y se convierte en un fresco sobre la vida en Damasco.

La acción transcurre en torno a la mitad del siglo XX. Habla de un mundo reciente que Rafik Schami desarrolla con cuidado introduciendo a los personajes en su ambiente, en el de sus familias, en el barrio, entre vecinos, en contacto con los tenderos del mercado...

Se diría que El secreto del calígrafo son dos libros que dejan el uno espacio al otro y se complementan. El exotismo de Damasco anima el interés del lector. Pero no estamos ante un libro que descubre lo pintoresco. Estamos hablando de un mundo visto de cerca y que se comprende bien. Incluso que reconocemos en alguna medida como propio. Y que tiene rasgos que transmiten ese sabor oriental que resulta seductor y que enlaza con una cultura y unas tradiciones distintas de las nuestras y evocadoras.

Digo que es un Damasco que se comprende bien porque seguramente la distancia que la separaba de las capitales europeas era menor en esa época de los años cincuenta de lo que se hizo años más tarde, cuando los conflictos y la política aislaron de Europa, en lugar de acercar, a los países del oriente mediterráneo.

La narración que va desgranando Rafik Schami se llena de escenas de la vida cotidiana. Salen a relucir las costumbres, detalles de los pequeños comercios, el placer infantil de las golosinas, la escuela, el bazar... Y como el discurrir de la acción es lento y la preparación del escenario es minuciosa, la trama da pie también a vislumbrar aspectos de la sociedad menos explícitos pero que el lector contempla como la relación entre ricos y pobres, la miseria de muchos y sus penalidades, la observancia, en la época laxa, de los mandatos de la religión, el juego de los niños y la forma como se relacionan unos con otros.

Lo muy concreto y lo más etéreo articulan el relato y dan pistas al lector para componer esa sociedad damascena de la época. Muchos elementos apelan directamente a los sentidos y hablan de esa morosidad oriental que venera la lentitud y el disfrute del momento. El murmullo del agua de un humilde surtidor en el patio de la casa, la sombra de un árbol, o el color del cristal de una ventana construyen la atmósfera que envuelve a una ciudad y que hace que algunos no puedan abandonarla porque les parece en si misma el mejor de los mundos.

La aventura que cuenta Rafik Schami tiene además, un aspecto particular y que llama la atención. Discurre en buena medida en un ambiente cristiano. Por supuesto, totalmente integrado en la vida siria porque forma parte de ella. Pero que retrata a una comunidad identificada con un credo que la hace distinta, no sólo en su devoción, sino también en sus costumbres más arraigadas. Rafik Schami no lo dice, y es posible que ni siquiera sea consciente de ello, pero cuando habla de la educación pone de relieve esa condición de los cristianos en Siria que en Europa ha sido propia de los judíos: son particularmente sensibles a la educación porque es el único patrimonio que podrán llevarse a cuestas si, siendo una minoría, tienen que salir corriendo.

La otra pata del libro, la de la aventura y la intriga, es la que da ritmo a la acción. Pone el acento en una narración de buenos y malos, enraizada en hechos que ocurrieron mucho tiempo atrás y que conecta con el género de ficción histórica. Gustará a quienes disfruten con un poco más de velocidad en el relato y con el gusanillo de saber qué hay detrás de ese secreto que anuncia el título del libro y de cómo va a acabar.

Rafik Schami es un escritor justamente celebrado y que administra bien sus cartas a la hora de escribir. Con él, además del juego de la intriga, tenemos una visión de Damasco próxima, detallada y llena de matices. El conjunto seducirá al lector. Lo mantendrá con la curiosidad alerta y lo transportará a esa capital de aromas tan intensos que brilla y que sigue marcando la vida del Oriente Próximo.

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domingo 24 de enero de 2010

India, primera mirada. Cuadernos del paseante invisible


India, primera mirada
Ignacio Jáuregui Real
Edita Ignacio Jáuregui, 2009
239 pp.

Para el visitante occidental la India es abrumadora. Lo es la vida que se despliega en las calles de ciudades y pueblos, lo son los dioses y los lugares sagrados cuya presencia aparece en todas partes, lo es la arquitectura de monumentos y de templos...


Ignacio Jáuregui Real
Edita Ignacio Jáuregui, 2009
239 pp.






Para el visitante occidental la India es abrumadora. Lo es la vida que se despliega en las calles de ciudades y pueblos, lo son los dioses y los lugares sagrados cuya presencia aparece en todas partes, lo es la arquitectura de monumentos y de templos. Y es de alguna manera abrumadora también la sensación que tiene el forastero de no entender casi nada de lo que ve: la evidencia de que le faltan demasiadas claves para formarse juicio, acostumbrado como está a viajar opinando, comparando y comprendiendo todo cuanto ocurre ante sus ojos allí donde va.

La entrada a un templo pone a prueba la sensibilidad del visitante. Las líneas de las perspectivas nada que ver tienen con las que está acostumbrado a encontrar en otros edificios que conoce próximos a su cultura. Pilares y columnas ritman el vacío con una sensibilidad desconocida y las aberturas al exterior crean manchas de luz y sombras que modulan la continuidad del espacio y le dan vida. Los techos, planos, desaparecen en el encuentro con pasos que se abren en otras direcciones y dejan un lugar a cúpulas poligonales que juegan con diversas alturas y también con proyecciones distintas de la luz. Menos el suelo, las superficies de la construcción se pueblan de figuras divinas, se supone, aunque quien no sea experto tendrá la tentación de pensar que son profanas por sus formas o por los personajes de apariencia poco espiritual que representan.

¿Cómo encaja esta India sensual y excesiva, incluso en los lugares más sagrados, con la de la renuncia y el desapego hacia la materia? ¿Cómo distinguir lo que es repetición de cánones una y otra vez materializados de lo que es arte y sutileza? ¿Cómo definir a artesanos y a reyes que mantuvieron lo que pueden ser formas de expresión sublimes hasta épocas en las que el mundo ha avanzado tanto que las ha dejado atrás como residuos propios de un plagio?

Todas estas reflexiones vienen a cuento y las suscita este libro que no dudo en calificar de extraordinario. Un libro singular y agraciado desde todos los puntos de vista. Humilde porque es un ‘gran formato’ en tamaño casi de bolsillo pero espléndido en la edición y en el concepto.

Lo escribe Ignacio Jáuregui. Y lo hace en un tono poético, y pausado, personal, reflexivo y resultado de una mirada penetrante y ávida. Sé que decir de un libro que está escrito en un tono poético no es hacerle un favor. Y por eso mismo al resaltarlo quiero advertir que se trata de una virtud y no de un defecto. Como rasgo muy destacado hay que decir que Ignacio Jáuregui es arquitecto. Un arquitecto al que le gusta mirar y que dispone de un modo de componer la mirada que la hace a la vez analítica y ordenada. Sin duda aprendió el método en la escuela y en su oficio después de familiarizarse con los espacios y de haberse ejercitado en entenderlos en todas sus partes, en las relaciones entre ellas, con el paisaje, con las gentes, con la historia, con quienes los crearon, con los significados que el tiempo les ha dado...

Tal como anuncia Ignacio Jáuregui el suyo es el papel del paseante. De quien se detiene ante lo que ve y lo degusta. Y al buscar su sabor y sus aromas imagina cómo debió ser todo aquello tiempo atrás, por qué es como es y no de otra forma, cómo son y cómo lo ven las personas que lo rodean y que componen su entorno.

Cuando he adelantado que, en un tamaño casi de bolsillo, estamos en realidad ante un libro de gran formato no he hablado de la edición ni de las fotografías que acompañan al texto. El autor se ha lanzado a editor y se ha ocupado de conseguir una maquetación de exquisito gusto. Las fotografías son numerosas y cuidadosamente elegidas. Fotos de perfiles precisos a veces, desdibujadas muchas más por el efecto de veladuras, de colores sutiles siempre y motivos y composiciones sabiamente encontrados. Son del propio autor. Rozan la perfección a pesar de que la calidad de la impresión quede por debajo del estándar al que nos han acostumbrado los libros ilustrados. No importa. Son un prodigio de sutileza. Y dialogan con el texto porque, en lugar de adorno, representan aquello de lo que la narración habla y permiten al lector comprender la cuidadosa descripción del viajero que desgrana los detalles de cuanto ve, que es lo mismo que está viendo el lector a través de la imagen.

India, primera mirada, es un libro extraordinario. No habría que perderse la ocasión de disfrutarlo. Es, como el subtítulo indica, la reflexión de quien se satura de todo cuanto le rodea y en su pretensión de convertirse en ‘paseante invisible’ desea ser cualquier cosa menos protagonista. Y sin embargo su voz y su penetrante mirada lo convierten en personaje principal y en el guía que lleva de la mano al lector a través de un amplio recorrido por esta India opaca e incomprensible en tantos aspectos y, sin embargo, tan seductora y tan apasionante.

Más información: Ver entrevista al autor en Periodista digital.

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lunes 18 de enero de 2010

Tierra dorada


Tierra dorada
Norman Lewis
Altair, 2009
326 pp.

Quien haya visitado Birmania, o quien haya oído hablar del país a quienes sí lo han hecho, casi seguro que reconocerán poco de lo que cuenta Norman Lewis después de su viaje...

Norman Lewis
Altair, 2009
326 pp.





Quien haya visitado Birmania, o quien haya oído hablar del país a quienes sí lo han hecho, casi seguro que reconocerán poco de lo que cuenta Norman Lewis después de su viaje.

La Birmania sonriente y serena, que se llevan en el recuerdo los viajeros de hoy, la gente suave, atenta e industriosa que encuentran en sus paseos por pueblos y ciudades contradicen buena parte del relato de nuestro autor.

¿Tanto ha cambiado el país desde que él conoció Birmania?

Norman Lewis es uno de los grandes de la reciente literatura de viajes. Es un observador experto y un buen conocedor de la realidad. La experiencia que lleva a sus espaldas como viajero y como escritor lo acreditan como persona curiosa, informada, acostumbrada a vencer obstáculos, a ir al fondo que hay detrás de las apariencias, y nada ingenua.

Ha actuado como informador para los servicios secretos en la Segunda Guerra Mundial y al término de ella, ante el avance del comunismo en el Sudeste Asiático, decide viajar a Birmania antes de que la situación política se complique e impida hacerlo. Y a su regreso cuenta en Tierra dorada lo que encuentra en el país.

Su relato es el de un occidental, como no podía ser de otro modo, pero sobre todo es el de un observador racional que evita dejarse seducir por el romanticismo de lo exótico. Su discurso no es el de quien se entrega al efecto embriagador de Oriente sino el de quien toma notas y extrae consecuencias, porque no deja de comparar lo que ve con la cultura y las costumbres de Occidente.

No es habitual en la literatura de viajes una visión tan crítica o, mejor dicho, tan fría. Pero es interesante para el lector escuchar la voz de quien se sitúa en una posición tan contrastada porque a pesar de lo dicho, nuestro autor no es en absoluto hostil ni deliberadamente ajeno al mundo del que habla.

Tierra dorada se escribe cuando en Birmania no hay todavía nada parecido a lo que llamamos turismo y cuando viajar por ella es una actividad difícil, en buena medida peligrosa y nada favorecida por la burocracia oficial, que entiende mal que nadie quiera aventurarse fuera de la capital Rangún.

Norman Lewis se las arregla para viajar por todos los medios y a los más diversos lugares. De todos ellos cuenta todo lo que encuentra. Y en ese ir contanto, poco a poco, salpica el texto con temas de la vida del país que lo convierten en un extenso repertorio de informaciones jugosas e interesantísimas.

Habla, críticamente, del occidentalismo que se impone en la sociedad. Habla de las fiestas populares. Se refiere a cómo son los noviazgos, los matrimonios y cómo funcionan las herencias. Cuenta cómo se hacen las casas y cuales son los requisitos mágicos que sirven para proteger a sus habitantes. Explica el estado de la seguridad en los caminos, cómo se mueven las guerrillas y la amenaza de los ladrones que asaltan a los viajeros y entran en las ciudades. Cuenta sobre la reforma agraria. Se entretiene en hablar del nombre de las personas. Describe los anuncios de los comercios que le llaman la atención cuando anda por las calles…

Pero en su narración Norman Lewis no puede evitar que su mirada se detenga también en los ‘pecados’ de los birmanos. Destaca la costumbre aceptada, hasta fechas muy recientes, de los sacrificios humanos que acompañan a los actos solemnes para conjurar la desgracia y atraer la fortuna. La crueldad de los poderosos sin respeto ninguno por la vida de los demás. Critica la pasión por el juego que arruina a las familias del país entero. Pone de relieve la incapacidad de la población para mejorar su vida y la desidia que ha permitido a los indios quedarse prácticamente con toda la tierra cultivable, en perjuicio de la población autóctona. Y expresa su decepción ante un panorama con tantos defectos por lo que entiende es un fracaso enraizado en lo más hondo de la cultura en la que se ha educado la población.

“Los birmanos (…) eran prisioneros de una cosmología compuesta de sistemas entrelazados, todos completos y perfectos, y fundamentados en el error. Todo se había decidido y establecido de forma definitiva dos mil años antes. Ninguna pregunta se había dejado sin respuesta. Todo estaba en las Tres Cestas de la Ley, sus crónicas y subcrónicas… Aunque Birmania era una nación joven, había heredado una civilización con las arterias endurecidas de la senilidad.”

Una mirada, exenta de poesía, sin ninguna vibración romántica, sin calor muestra Birmania y a los birmanos como un país de “muchedumbres dóciles, dispuestos a aceptar cualquier entretenimiento, sin expresión, con aparente indiferencia” ante todo.

¿Es exagerada la visión de Norman Lewis? Seguramente no. Refleja uno de los ángulos posibles de la realidad y una posición de desapego poco habitual entre los autores de la literatura de viajes. Al lector le toca juzgar y seguramente hilar fino, con las noticias que tiene de una Birmania cincuenta años después de la que conoció Lewis. Pero seguro que disfrutará con el libro, que encontrará cargado de información, mucha de ella poco conocida, sorprendente y siempre muy interesante. Merece, sin lugar a dudas la lectura.

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domingo 10 de enero de 2010

Naufragio. La historia olvidada del vapor Príncipe de Asturias, hundido el 5 de marzo de 1916 con más de 600 personas a bordo


Naufragio
Francisco García Novell
La esfera de los libros, 2009
382 pp..

Alguna ventana había que dejar abierta a la novela histórica que es, en sí misma, un viaje en el tiempo. Y si hacía falta alguna excusa para ello, viene de la mano de un trágico episodio ...


Francisco García Novell
La esfera de los libros, 2009
382 pp.





Alguna ventana había que dejar abierta en este blog a la novela histórica que es, en sí misma, un viaje en el tiempo. Y si hacía falta alguna excusa para ello, viene de la mano de un trágico episodio en la historia reciente de la navegación como el que fue el naufragio del trasatlántico Príncipe de Asturias frente a la costa de Brasil en 1916.

Como viajar no era todavía, como es ahora, un ejercicio asociado en buena medida al ocio y al placer, el camino hacia América era el de la emigración y los viajes de ida y vuelta hitos en la vida de una enorme masa de personas que iba en busca de promesas y volvía para reencontrarse con la familia y con la tierra que los vio nacer.

El trasiego de un lado al otro del Atlántico marcaba el ritmo de la vida de los emigrantes y una dilatada experiencia se creaba alrededor de lo que suponía emprender el viaje. Un extenso catálogo de temas componía el universo de quienes vivían la experiencia de la emigración: los motivos que impulsaban a embarcarse, la larga y muchas veces penosa travesía, el coste del pasaje, la llegada a un puerto desconocido o a la ciudad ansiada a la que se regresaba después de muchos años, el temor al futuro incierto o el cálido aliento familiar del reencuentro con lugares y ambientes recordados, la esperanza que animaba el largo viaje o el drama que muchas veces movía a emprenderlo, el hotel donde aguardar a la salida del vapor y la espera que acompaña la larga navegación para cruzar el Atlántico.

Un mundo de sensaciones arropa la travesía que de un modo u otro comparten todos los que tienen un pie en España y el otro en América y que en el caso de Naufragio se despliega alrededor de uno de los buques más modernos de la época.

Y una cuidadosa visión de la sociedad de la época se va dibujando a lo largo del libro, con un foco centrado en Barcelona donde tienen acomodo y raíces los personajes principales. Una Barcelona curiosamente real que se abre paso en el libro y que hace sentir al lector –sobre todo si conoce bien la ciudad- que hay una continuidad entre el momento en que se desarrollan los sucesos y el presente y que la tragedia olvidada del Príncipe de Asturias no es más que eso: el olvido de una realidad que no nos es ajena.

Noticias de los periódicos de la época, testimonios de quienes vivieron el naufragio, datos e informaciones reales del momento dan verosimilitud al relato a pesar de que estemos ante una novela y recomponen tanto los hechos, como la biografía de algunos de los que embarcaron en el Príncipe de Asturias, como también la vida que se desarrollaba en un vapor en el curso de un viaje como el que centra la historia.

García Novell ha dejado volar la imaginación al mismo tiempo que ha rastreado los hechos con el detalle de un historiador. Una buena parte de la profunda investigación que sostiene al libro se explica debido al hecho de que la recuperación del naufragio del Príncipe de Asturias estaba inicialmente destinada a convertirse en un documental. El autor, que ha dedicado parte de su vida a la televisión, empezó a interesarse por el tema con objeto de llevarlo a la pantalla. Pero la complejidad de los hechos, el interés de la época, la amplitud del drama humano que la catástrofe supuso para los implicados y para el país entero la pérdida en circunstancias oscuras del mejor trasatlántico de su flota, aconsejó derivar el proyecto hacia un libro y desarrollar el contexto y la acción en forma de novela.

Naufragio tiene el atractivo de "descubrir" un grave acontecimiento que, al igual que representó el hundimiento del Titanic, marcó una época y sigue rodeado de incógnitas. Francisco García Novell rescata del olvido el tema y vuelve ahora sobre él después de haber trabajado con el rigor de quien se ha propuesto una investigación exhaustiva y ha desempolvado toda la información disponible. Ha consultado archivos de los más diversos lugares, ha rebuscado en periódicos y ha hablado con muchas personas que pudieron saber algo de aquel suceso. Y así ha trazado, a medias desde la ficción y la realidad, las líneas de un relato que nos conduce a ese principio del siglo XX del que aún tenemos noticias próximas. Y, creando el escenario que nos permite situarnos en el momento, da vida a los últimos momentos del Príncipe de Asturias y deja que nos acerquemos al modo pudieron vivir la tragedia sus protagonistas.

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