
William Dean Howells
Páginas de espuma, 2009
415 pp.
Hay ciudades que solo tienen sentido cuando se habla de ellas desde el presente. Otras, en cambio, parece que piden mirar al pasado para desvelar su esencia y mostrar, a través de cómo fueron hace tiempo, lo que son hoy.
Este es el caso de Venecia y éste el sentimiento que tiene el lector al asomarse a la ciudad desde el libro de Howels que edita ahora Páginas de espuma.
Howels, viajero, escritor y diplomático norteamericano no quiere hacer con Vida veneciana un libro más, parecido los que pueden haber escrito sobre Venecia otros viajeros. “Estoy decidido –dice- a tratar todo lo que, en mi opinión, apenas mencionan los libros de viaje, es decir, la más amplia información sobre la vida cotidiana de un pueblo cuyas costumbres son tan distintas a las nuestras”.
El título –Vida veneciana- indica el contenido y la orientación del libro y pone de relieve que Howells no es un viajero cualquiera. Porque la realidad es que los años que pasa en la ciudad en calidad de cónsul de los EEUU añaden a su condición de extranjero la de residente estable y con ella la de buen conocedor de los rincones de la ciudad, de las gentes, de sus costumbres y de la historia.
Sorprende comprobar que Howells ocupa su cargo con sólo veinticuatro años, que está en posesión de una sólida cultura en materia de historia y que como escritor es excelente, tal y como se encarga de expresar Henry James en el prólogo del libro.
El relato que hace Howells de Venecia tiene el atractivo de la distancia y de la mirada teñida de admiración y crítica al mismo tiempo. Nada trasluce su oficio de diplomático. Pero la agudeza a la hora de diseccionar aspectos de la vida y de las inclinaciones de los venecianos hacen pensar en un singular informe, rico, matizado y preciso para alguna instancia del gobierno interesada en conocer los resortes que mueven a esta singular ciudad situada bajo el dominio austríaco en ese momento, durante la inestable etapa de consolidación de la unidad italiana y ante la perspectiva del movimiento de fronteras en Europa que no va a terminar hasta finalizada la Primera Guerra Mundial.
Howells es agudo y tiene sentido del humor cuando habla de los venecianos a los que no ahorra críticas. Se refiere a ellos –y, por supuesto a Venecia- con la excusa de los temas más diversos. La ciudad en invierno, la llegada de la primavera, el teatro y la ópera, las iglesias, las islas vecinas, los judíos, el comercio, las fiestas y muchos otros asuntos forman los distintos capítulos del libro que le dan a su vez pie para entrar en muchos otros aspectos curiosos, llenos de gracia en muchas ocasiones e interesantes en todas.
Pero Vida veneciana es un libro deliberadamente ambiguo. Consciente del fervor que despierta Venecia en los extranjeros, Howells parece curarse en salud y evita que lo seduzca la ciudad. Es crítico con ella y al serlo refleja tanto su condición de americano y de hombre joven como la voluntad literaria de no rendirse sin pelea a los encantos deslumbrantes de la ciudad.
Howells procede de otro mundo distinto del de Venecia, del de Italia y del del Mediterráneo –a pesar de que habla español y de que cita en varias ocasiones El Quijote que parece conocer bien. No es que sea americano. Él mismo es América y su juventud lo asocia todavía más al mundo optimista, vital y emprendedor del que procede. Y por eso se muestra tan sensible a la decrepitud de Venecia y sobre todo de sus gentes.
Entiende y comparte con otros viajeros el encanto de lo antiguo, incluso de lo decadente con el halo romántico que acompaña a la ruina. Lo que no acepta es el estado de naufragio, asociado a la miseria, que no ha visto en la sociedad americana ni centroeuropea y que le parece tan disparatado como pintoresco.
No hay que decir que la Venecia de la que nos habla, la de la segunda mitad del siglo XIX, es un caos donde los reflejos del pasado esplendor se pierden en un paisaje de pobreza y de miseria al que poco ayuda la ficción de los venecianos que mantienen todavía, de cara a los demás, algunos aires de grandeza.
Lo más excelso del genio del espíritu ha derivado en la Venecia que conoce Howels en una mezcla de mezquindad, resignación y pérdida de energía que sofoca a la ciudad, viva todavía pero agotada. Pero en el certero diagnóstico de Howells y en su mirada irónica y a pesar de todo amistosa, hay también lo que ahora llamaríamos la dificultad del norte por comprender el sur. Hay un juicio y un reproche que nace de un hombre que entiende que el futuro debe ser también progreso. Venecia, para él, se ha dejado arrastrar por el camino equivocado. Ha renunciado a confiar el presente en sus propias fuerzas. Ha elegido para vivir el ingenio del pícaro y no el del trabajo. Y por ello ni Venecia ni los venecianos son del todo inocentes.
El mal aspecto de muchos lugareños se mezcla con su escasa afición por el trabajo y va de la mano de una holgazanería tan extendida que non deja más opción que concluir que media ciudad se dedica a lo que llama el ‘ocio profesional’. Los sabañones que tanto afectaron a la salud de todos los países del Mediterráneo le parecen un signo de negligencia y sólo los explica por la falta de impulso de los venecianos a calentarse y a calentar sus casas tal y como hacen las poblaciones más laboriosas y razonables de los países del norte.
Le sorprende el frío en las casas, lo mal que funcionan las estufas y lo tolerantes que son los venecianos con el humo que despiden y que hace irrespirable el aire de las habitaciones. Y comprende, de este modo, que el resultado de tanto dar la espalda a cualquier acción orientada a mejorar las condiciones de vida sólo conduce a afianzar al atraso y el surco de miseria donde está instalada la ciudad.
El punto de vista crítico de Howells, sin embargo, no cede al lamento y se presta a pasajes llenos de chispa. Y, con ser llamativo, el tono de reproche no es ni mucho menos lo que predomina en el libro. Venecia y los venecianos aparecen retratados desde numerosos ángulos y en las más diversas escenas. Lugares, tradiciones, costumbres, personajes, retazos de historia más o menos próxima desfilan por el libro y dan una amplia visión de la ciudad. No hay que perderse el último capítulo dedicado a la sociedad veneciana lleno de anécdotas con los contenidos más sabrosos.
Decía al principio que hay ciudades que invitan a hablar de ellas desde el pasado para verlas mejor hoy. Venecia es una de ellas y Vida veneciana es una excelente introducción a la ciudad, tanto por lo que cuenta como por la calidad literaria del cómo lo cuenta.
sábado 8 de agosto de 2009
Vida veneciana
domingo 17 de mayo de 2009
La Honorable Sociedad. La mafia siciliana y sus orígenes

domingo 28 de septiembre de 2008
Los Virreyes
Federico De Roberto
Acantilado, 2008
725 pp.

No es este un libro para lectores apresurados. Requiere atención y tiempo porque la acción transcurre tanto –o exactamente menos- en el plano superficial y físico como en el que se deja adivinar a través de las intenciones, de los comentarios dichos de pasada, de las insinuaciones, indirectas y sobreentendidos con los que juega el sinnúmero de personajes que pueblan la ficción.
Catania, segunda mitad del siglo XIX. Llega al palacio la noticia de la muerte de la princesa y, con la noticia, un torbellino de actividad y de personajes envueltos todos en las inquietudes, las intrigas y ambiciones que suscita el futuro de la casa y del linaje principesco.
Estamos ante una novela –una gran novela- decimonónica. Voluntariamente lenta y detallosa para no precipitar los acontecimientos y llevar el suspense de las situaciones con la calma que exige ese entorno nobiliario, mediterráneo y calmoso en el que discurre la escena.
Complejas son las relaciones entre la familia en cuyos entresijos se mezclan personajes de generaciones distintas, en situaciones y con sensibilidades diversas, de caracteres opuestos y, todos a su manera, calculadores en medio del juego de intereses que les afectan y en el que se ven zarandeados por efecto de los demás.
Una nobleza antigua, en un decorado palaciego y con los ecos callejeros de la revolución podría llevarnos a pensar en El Gatopardo. Pero no hay aquí el oropel viscontiniano que tiñe de romanticismo la acción, ni tampoco el brillo seductor de un protagonista con hondura intelectual y espíritu cultivado.
En Los Virreyes es una constelación de personajes la que arma la historia y la que va definiendo el lento acontecer por el que se desarrollan los hechos.
El detalle con el que De Roberto va encajando los personajes, las palabras con las que estos se expresan y se definen, las situaciones en las que se mueven dibujan la imagen de una Sicilia señorial, necesariamente endogámica y única. A través de la ficción aparece esta Sicilia que rebosa cultura y tradición y que contrasta con la yerma aridez de los pedregales que asolan tantos de sus paisajes: la Sicilia que fascina al viajero y que le remueve con el misterio que se oculta tras las fachadas barrocas de las grandes iglesias y en la penumbra de los ventanales, siempre con las persianas echadas, de los palacios que aquí y allá salpican calles y plazas.
Tiempo para disfrutar del intencionado encaje de bolillos sobre el que se asienta la trama es lo que reclama Los Virreyes al lector. Tiempo para la lectura cuidadosa y para gozar de una novela sobresaliente que transporta a otro tiempo y a un lugar lleno de historia y de historias apasionantes.
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lunes 14 de julio de 2008
Gomorra

Roberto Saviano
Debate, 2007
368 pp.
Leer este libro es un verdadero impacto. El primer capítulo te atrapa y el interés no decae hasta que se termina la lectura. Y no solo por el tema – apasionante asunto la Camorra napolitana - sino por la voz que lo cuenta: una voz que habla desde dentro y desde fuera, que a pesar de haber metido la nariz y las manos en los manejos más turbios conserva la lucidez y la decencia.
El autor, Roberto Saviano, nos habla en directo desde el escenario de los hechos, y conoce a los napolitanos profundamente; no solo porque ha nacido y vive allí sino porque ha dedicado años de su vida a entender cómo funciona el perverso mecanismo que mantiene en el corazón de Europa una sociedad controlada desde la sombra por un poderoso grupo de delincuentes.
Y lo ha hecho trabajando en el extrarradio de Nápoles, leyendo legajos judiciales y sentencias, cotejando datos económicos, conociendo a personas muy variadas, mirando y escuchando con atención todo lo que pasa a su alrededor. Saviano lo analiza todo: el lenguaje que usan, los modelos cinematográficos que imitan, las casas en las que viven, los héroes que se les enfrentan, las leyes que imponen.
Capítulo a capítulo, y usando todo este material, el libro describe el trabajo sumergido, el mercado de la droga, las guerras entre las familias del Sistema, la captación de nuevos miembros, las ramificacions políticas... De todo ello se deduce un análisis aterrador: el Estado está absolutamente superado, las familias campan a sus anchas y son astutísimos negociantes que se han introducido en todo el tejido económico: la construcción, la distribución de alimentos, la industria del lujo, las basuras...
Sus poder pasa por mantener en la más negra pobreza toda la región, y a ello se aplican con entusiasmo y crueldad.
La nueva mafia -el Sistema- está formada por tipos que han sabido desentrañar las claves de la globalización y las aprovechan hasta el tuétano. Nápoles es el centro de una red de conexiones que se extiende desde China hasta Escocia, pasando por las tiendas de lujo de nuestras ciudades y, desde luego, por la costa española.
El libro de Saviano es muy duro y – no podía ser de otra manera- está escrito con rabia y con mucha pasión. Desde su publicación, el autor vive escondido, el libro ha sido un éxito de ventas en varios países y muchas conciencias se han visto sacudidas. Pero nada ha cambiado y, como otros valientes y anónimos personajes del libro, el autor ha sentido el vacío y el rechazo de personas tan cercanas que declara que no volvería a escribirlo.
Gomorra es un libro desasosegante y exigente, que nos enfrenta a lo que no queremos ver y nos obliga a abrir los ojos.
jueves 3 de julio de 2008
Venecia

Jan Morris
RBA, 2008
398 pp.
James Morris es un clásico de la literatura de viajes. Y no es para menos. Oficial del ejército inglés, viajó por todas partes, fue admirado por Chatwin –lo cual es algo parecido a ser canonizado, para la comunidad de los lectores viajeros- participó, y eso ya son palabras serias, en la primera expedición que conquistó la cima del Everest y, sobre todo –y aquí ya hablamos de lo más importante- es un excelente escritor (o escritora, desde que firma como Jan Morris).
Su Venecia fue, desde el momento de su publicación, en 1960, una referencia ineludible para quienes desean acercarse a la ciudad, a través de la lectura, que ha seguido viva hasta hoy. La edición de 2008 que sirve de excusa para volver a hablar del libro es, en realidad, una revisión que resulta de sucesivas revisiones que han acompañado y rejuvenecido el texto en su dilatada existencia.
Venecia –libro, aclaro- es un paseo largo por todo lo que tiene que ver con esa Venecia –ciudad- que conocemos. Claro, esa Venecia monumental, hecha de canales y palacios, iglesias y museos, plazas y catedrales es de profundidad casi insondable. Y por ello, la Venecia de Morris, ese largo paseo por la ciudad y por su historia, por sus gentes y sus costumbres, por sus barrios y por las islas que los rodean y la acompañan en la laguna es verdaderamente un paseo extenso, lleno de vistas y de paradas, con quiebros y miradas a un lado y a otro para dar una visión de conjunto, pero también de detalle a medida que se salta de un tema a otro o de un lugar a otro del tiempo o del espacio.
Jan Morris, además de gran escritora –o a lo mejor, porque es una gran escritora- se atreve con Venecia haciendo su Venecia. No es una traición, que quede claro. Es un juego. Es un mirar y hablarle de tú a tú a la más imponente de las ciudades y atreverse a recrearla desde cómo la ve y desde cómo juega a verla, con objeto de acusar sus rasgos y, en el recurso a la caricatura, hacerla más visible y más libre.
A pesar de su enorme entidad, Morris jugando con ella hace ágil y grácil a Venecia y la libra del peso excesivo que la aflige por esa carga de ser Patrimonio de la Humanidad en grado más que superlativo.
A base de un discurso fluido y de la irreverencia que acompaña a un trato despreocupado y franco, Morris desmitifica –con amor, eso sí, y con veneración, también- a Venecia y nos la sirve a nuestro propio nivel y siempre con una mirada algo socarrona, a medio camino entre lo que es y lo que quiere que sea para tejer su historia.
Del veneciano dice: “La nariz es prominente como la de un noble renacentista y mantiene en su actitud un aire de astucia llana y complacencia como el hombre que ha amasado una gran fortuna trapicheando un poco en el mercado de la alcachofa. Suele tener las piernas arqueadas (pero no de tanto cabalgar) y la tez pálida (pero no por falta de sol). A veces, su mirada adquiere un destello de desdén ladino y su sonrisa es distante; en general, se muestra reservado, amable, ceremonioso, con la chaqueta correctamente abotonada y las inquietas manos discretamente enguantadas.”
¿A quién se le puede ocurrir más que a Morris hacer una descripción casi de entomólogo de ese veneciano que hereda la gloria de la más excelsa de las ciudades?¿Cómo sugerir que pueda tener algo en común la alcachofa con la gloriosa Venecia que nos ocupa?
Y de los gondoleros asegura con desparpajo: “Generalmente (…) son muy inteligentes, amén de tolerantes y sardónicos, y salvo algunos cascarrabias excepcionales, mayores casi siempre, también tienen sentido del humor. Suelen ser muy guapos, rubios y ágiles…”
La frescura del lenguaje y de la propia actitud de Morris, rejuvenece la ciudad y haciéndola familiar la hace también más compresible y amable. Liberándola de su propia historia, la acerca al corazón del lector.
La gente –el pueblo-; los distintos rincones, sus sabores, sus diferentes atmósferas; la Laguna que es la cuna en la que Venecia nace y que protege su existencia articulan el texto y permiten hablar de todo: de lo actual y de lo antiguo, de lo real y de lo imaginado, de lo sustantivo y de lo anecdótico.
Ingenio, frescura, un amplio conocimiento y el mejor oficio de escritora se mezclan para recrear Venecia. El lector disfrutará, sin duda, del libro y aprenderá a ver la ciudad con ojos nuevos e inteligentes siguiendo los caminos menos esperados y contemplando en el transcurso de ese deambular escenas y paisajes que sólo la palabra de una guía tan singular alcanza a hacer visibles.
viernes 9 de mayo de 2008
Historias del Calcio. Una crónica de Italia a través del fútbol
RBA, 2007
256 pp.

Bien venido el fútbol a la literatura de viajes. El fútbol es una pasión colectiva en muchos países, empezando por el nuestro. En algunos -Inglaterra, Brasil o Argentina- tiene tanta importancia que para entenderlos -bien-, no está de más acercarse a esta mezcla de deporte, fiesta popular y fenómeno sociológico que es el fútbol. Y esto es especialmente cierto en Italia, donde el varias veces primer ministro Berlusconi preside uno de los mayores clubes – el Milán- y los casos de corrupción en la competición llegan al Parlamento.
Hay grandes escritores apasionados por el fútbol que han escrito -magníficamente- sobre este tema: Javier Marías, Manuel Vázquez Montalbán, John Carlin, Eduardo Galeano y tantos otros. Uno de ellos es Enric González, que sabe muchas cosas y las cuenta muy bien. Confieso mi debilidad por sus libros -Historias de Londres e Historias de Nueva York- y artículos. Durante sus años en Roma esperaba con impaciencia cada lunes los artículos dedicados al fútbol italiano en El País.
Con sentido del humor e ironía, escribía todas las semanas unos textos estupendos, redondos y sabrosos, en los que presentaba las historias y personajes del fútbol italiano. Hay en ellos personajes inolvidables, dolorosas derrotas y anécdotas muy divertidas. Pero también hay emoción verdadera, brotes fascistas, violencia, implicaciones políticas y negocios oscuros. Reunidos, aquellos artículos forman la estampa más viva y verdadera de Italia que pueda imaginar.
Aquellos artículos están ahora recopilados en este libro, Historias del calcio, que nos permite releerlos y conservarlos y espero que descubra a muchos lectores que en Italia – y también en otros países- el fútbol, por encima de opiniones desdeñosas y apresuradas, es mucho más que un negocio y un tópico tema de conversación. Como antes fue el circo para los romanos, o el palio para los sieneses, es una auténtica fiesta popular, con su propia liturgia y sus especiales ritos colectivos que revela, sin trampa ni cartón, el revés de la sociedad. Como explicita el subtítulo del libro, esta es Una crónica de Italia a través del fútbol.
Reseña de la editorial:
Es imposible hablar de Italia sin hablar de fútbol. Los italianos se consideran los inventores de este deporte, al que llaman calcio (patada), como las batallas campales con balón nacidas en la Florencia medieval, y han desarrollado en torno a él muchas de sus características políticas, económicas y sociales. El calcio contiene altas dosis de violencia, pasión, fraude, dinero y disparate. Pero es también un complejo mecanismo de símbolos, un código social y, en último extremo, un lenguaje con el que un país antiguo y escéptico expresa su vieja sabiduría.
Sobre el autor la editorial escribe:
Enric González (Barcelona 1959) es periodista y ha trabajado como corresponsal del diario El País en Londres, París, Nueva York, Washington Y Roma. Ha publicado en RBA Historias de Londres e Historias de Nueva York. Pese a una incurable afición al fútbol, es seguidor del Espanyol y del Inter.
Para entender por qué miles de personas se muerden las uñas frente al televisor o qué hace que los periódicos deportivos sean los más vendidos, leamos a Enric González. Sabremos mucho más de la Italia real que descifrando las intrincadas maniobras políticas que las páginas de noticias internacionales intentan desentrañar.
Y acercarse a él es acercarse a la manera de pensar y sentir de muchas personas. No se puede entender – bien- Inglaterra sin saber qué significan allí el Arsenal o el Manchester, ni Escocia sin conocer al Celtic y al Rangers. Son los depostarios del imaginario colectivo; en sus partidos están los héroes y los villanos del momento y de su resultado depende la felicidad – aunque sea momentánea- de mucha gente.
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martes 29 de abril de 2008
Los normandos en Sicilia
John Julius Norwich
Almed, 2007
368 pp.
La primera parte –La conquista- describe la situación del Mediterráneo en el año 1000, cuando Sicilia era el tablero en el que se desarrollaba la lucha de los colosos del momento: Roma, Bizancio, el Imperio y los sarracenos. Allí llegan a ganarse la vida los cinco hermanos Hauteville, soldados de fortuna.
La segunda partedel libro –La construcción del reino- analiza el proceso que convierte a estos astutos mercenarios en condes primero y más tarde en reyes de la próspera Sicilia.
Norwich escribe con una pasión contagiosa y buenas dosis de ironía. Sin inventar lo que desconoce ni novelar la historia, narra el ascenso al poder desentrañando sus mecanismos: ambición, crueldad, traición, astucia, diplomacia, guerra. Aunque las vidas de los protagonistas son el eje de la narración, el autor nunca pierde de vista el marco en el que tienen lugar, y desmenuza con precisión los intereses que están en juego y las fuerzas que actuan sobre los personajes: el papado, el imperio, el dominio del mar, etc.
A pesar de que los hechos relatados son remotos, tienen mucho en común con la Sicilia actual, siempre territorio de disputas por el poder y de oscuros intereses. Norwich sostiene que en la época dorada de Sicilia, aquella en que fue reino de los normandos, la isla fue dueña de sí misma por primera y única vez y tuvo gobernantes que vivieron en ella y gobernaron para los sicilianos. Conocer la historia de la isla es entenderla un poco mejor.
Un gran libro de historia, que se lee en un suspiro y que deja al lector con la miel en los labios, deseando recibir pronto el segundo libro, que cierra la obra y está pendiente de publicación.
Sobre el autor la editorial Almed escribe:
John Julius Norwich nació en 1929. Asistió al Upper Canada College en Toronto, a Eton y a la Universidad de Estrasburgo, después de prestar servicio en la Armada, continuó su educación en el New College de Oxford, donde se graduó en legua francesa y rusa. En 1952 se incorporó al Foreing Service donde permaneció doce años, sirvió en las embajadas británicas de Belgrado y Beirut y formó parte de la delegación británica de desarme en la Conferencia de Ginebra. En 1964 abandonó el servicio activo para dedicarse a escribir.Ha publicado dos libros sobre el reino medieval Normando en Sicilia: The Normans in the South y The Kingdom in the Sun, además de Byzantium: The Early Centuries, trabajo que cubre los primeros quinientos años del Imperio Bizantino; dos libros de viajes, Mount Athos y Sahara; libros sobre The Architecture of Southern England y Glyndebourne; y una antología de poesía y prosa, Christmas Crackers.También ha escrito y presentado más de treinta documentales históricos para televisión, y es un asiduo un conferenciante sobre Venecia y otros temas históricos.Lord Norwich es presidente de la Fundación Venecia en Peligro, director de la Fundación Monumentos del Mundo y miembro del comité ejecutivo del National Trust. Es miembro de la Royal Society of Literataure y Commendatore de la Ordine al Merito della Repubblica Italiana.



