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domingo 1 de noviembre de 2009

Beber para contarla


Beber para contarla
VV.AA.
Recopilación de Peter Haining
Norma/La otra orilla, 2009
264 pp.

Peter Haining es el autor de esta antología y para ella ha elegido textos de Joyce, Becket, Synge, Flann O'Brian... En total doce autores y doce pequeños relatos...


VV.AA.
Recopilación de Peter Haining
Norma/La otra orilla, 2009
264 pp.





El tono de piel sonrosado, cuando no rojo, la jarra de cerveza, negra, casi siempre, y la animada jarana parecen ser la imagen de marca de los irlandeses. Así los ven a menudo los de fuera y así se ven ellos mismos si hay que hacer caso a Beber para contarla.

Sea el clima, poco amigable la mayor parte de año, o una jovialidad natural que adorna a los irlandeses, el hecho es que los pubs han sido tradicionalmente, y son todavía ahora, el escenario donde gravita la vida. Ahí tienen lugar los encuentros entre parroquianos convertidos en amigos y ahí es donde la conversación toma rienda suelta y se abre al cotilleo, al ingenio, a la discusión y a todo aquello que reúne el uso de la palabra y el trato con los demás.

El pub se convierte en el patio de vecinos que da juego a la vida irlandesa y por consiguiente se presta al sainete y al humor, con que los propios irlandeses comulgan. Una jarra de Guiness, un vaso de whiski -perdón de whiskey- y un animado círculo en un pub componen la escena que para algunos mejor retrata lo más sólido del sentir y el vivir en Irlanda.

Y así lo deben haber visto los mejores escritores irlandeses -y los ha habido muchos y muy reconocidos- cuando las escenas creadas alrededor de un pub o ligadas a una generosa dedicación a la bebida han ocupado en su obra un lugar relevante.

Beber para contarla destaca este hecho y da la oportunidad al lector de hacer una selecta excursión por la literatura irlandesa en pos de este rasgo de carácter con aroma a alcohol que lejos de un defecto se observa con benevolencia y ironía, porque se acostumbra a entender que parte de las raíces de las que ha surgido el país entero.

Peter Haining es el autor de esta antología y para ella ha elegido textos de Joyce, Becket, Synge, Flann O'Brian... En total doce autores y doce pequeños relatos escritos a veces como cuentos o piezas cortas, otras como novelas, de las que Haining extrae unos pasajes, otras como teatro. Se trata casi siempre de relatos con un deje costumbrista, que refleja historias muy variadas, algunas situadas en un escenario de época que bien podría estar a principios del siglo XX y otros mucho más actuales. Algunos más dramáticos y otros claramente desenfadados. Y todos fáciles de leer.

Haining ha elegido, escarbando en lo mejor de la literatura irlandesa, y acompaña a cada una de las piezas con una pequeña introducción que sitúa al autor, para mejor entendimiento del lector, y con él al texto para ofrecer algunas claves que ayudan, sin duda, a sacar todo el jugo a la lectura.

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domingo 17 de agosto de 2008

El delator


Liam O’Flaherty
Libros del Asteroide, 2007
253 pp.





Son tantos los excelentes escritores que ha dado la literatura irlandesa que no es de sorprender que nos encontremos con uno de ellos en un libro de reciente edición.

Se trata de Liam O’Flaherty, un personaje polifacético que probó suerte alistándose al ejercito, que participó en varias guerras, que intentó abrirse camino en Hollywood, que vivió la clandestinidad como fundador del partido comunista de Irlanda y que se convirtió en uno de los grandes novelistas en inglés y gaélico del s.XX.

El delator es una novela negra. No quiero decir con ello que sea una historia de detectives y asesinos. Quiero decir que es oscura, lúgubre y bruta a través de la realidad que refleja. Es verdad que Irlanda tiene una versión alegre en esa imagen verde y soleada que sabe a primavera y a fiesta campestre. Pero lo es también que exhibe, a menudo, la cara desconsolada de la miseria y del frío, de la humedad bajo un cielo de plomo y de la oscuridad de los días desapacibles de invierno.

Por supuesto Liam O’Flaherty ha optado por este último decorado para su novela, cuyo título añade por sí solo una buena dosis de miseria moral a la miseria real de los personajes que andan por sus páginas.

Tipos duros, hambrientos, destruidos por el fracaso se mueven en un argumento de tintes políticos y de bajos fondos donde no hay inocentes. Toda la novela transcurre en un plazo brevísimo de tiempo y, por ello, el ejercicio de descripción del momento, de las caras y de los rasgos físicos, del gesto y del modo de expresión de los personajes ocupa un papel importante y refuerza la visibilidad de las escenas para meter en ellas con toda la fuerza al lector.

El delator no es una novela amable, como no lo debió ser la Irlanda de los años veinte para toda esa legión a la que le tocó vivir el lado mísero de la sociedad. Y no lo es, además, porque no puede uno evitar el estirar la historia y buscarle parecidos premonitorios a la trágica aventura del independentismo del IRA, empedrada también de delaciones, venganzas y muerte.

El delator, que nos llega ahora en traducción española, fue llevada al cine por John Ford y recibió un oscar. La Irlanda en la versión más dura y negra, con ese desasosegante estilo que le gustaba a Conrad, se ofrece al lector para darle ocasión de disfrutar de la literatura. Un disfrute que corre en paralelo a la sofocante sordidez de la historia que nos cuenta.


Mas (y bien interesantes) comentarios en Letras Libres.


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domingo 22 de junio de 2008

La boca pobre


Flann O’Brien
Nórdica, 2008.
157 pp.




Es éste un libro peculiar y diferente. Una novela, escrita en gaélico en 1941 y firmada con seudónimo por su autor, Brian O’Nolan, a quien su trabajo como funcionario le impedía publicar con sus propio nombre. Conviene saber que en aquel momento la república irlandesa estaba recién creada y buscaba darle fundamento a su existencia por todos los medios a su alcance.

¿Cuál es el asunto del libro? El excelente y breve prólogo del traductor, Antonio Rivero, nos informa de que es una parodia de las obras que en aquel tiempo proliferaban para fomentar la identidad de la jovencísima república irlandesa, que solo tenía 20 años de existencia. Todos estos datos parecen retratar una obra sesuda, adecuada para expertos en oscuras joyas literarias. Y sin embargo es un libro ligero, divertidísimo, con humor inteligente, una sátira que en pocas páginas y sin un asomo de pedantería hace reir y también reflexionar.

El protagonista del libro, narrado en primera persona, es un “verdadero gaélico” y esto le obliga, naturalmente, a beber sin parar, bailar hasta caer rendido, comer patatas cocidas día y noche y vivir en la más abyecta y sucia de las miserias.
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Como en todas las parodias excelentes - El Quijote o El gran dictador- la formidable herramienta del humor nos hace ver las bambalinas que se esconden detrás de las grandes palabras y desmonta los estereotipos que aprisionan a los individuos diciéndoles cómo debe ser un “verdadero" irlandés - o español, musulmán, patriota, madre...

El espinoso tema de las identidadas está hoy encima de la mesa con tanta intensidad como entonces, y ha adquirido un tono tan trascendental que resulta refrescante y liberador leer esta historia agudísima, en la que se hace chanza de los topicos y se desnudan los estereotipos.

¿Es útil esta lectura para conocer o comprender Irlanda? Desde luego que sí; no sólo porque repasa uno a uno todos los aspectos de la imagen tópica de Irlanda, sino tambien porque lo hace con herramientas “verdaderamente gaélicas”: humor y más humor.

Una lectura que recomiendo con entusiasmo, y un autor cuyas obras buscaré desde ahora, como hace una legión de seguidores en todo el mundo, entre ellos Harold Bloom, el exigente autor de El canon occidental, que considera esta novela una de las dos mejores en habla inglesa.

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