lunes 12 de abril de 2010

Cosas que he callado


Cosas que he callado
Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.

En "Cosas que he callado" quien habla de Irán no es un viajero que se sorprenda por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán....


Azar Nafisi
Duomo, 2010
406 pp.





En Cosas que he callado quien habla de Irán no es un viajero ni nadie que con ojos de extranjero se sorprenda o se deje seducir por el enorme peso que tienen la cultura, la historia, las tradiciones, el arte y tantas otras cosas relacionadas con Irán.

Azar Nafisi, la autora, es iraní y habla de su país a partir de su familia. O si se quiere, y más exactamente, habla de su familia y de ella misma, de su infancia, de su juventud y de su vida adulta y al hacerlo emerge necesariamente Irán, a veces de forma más desdibujada y a veces como claro protagonista del relato.

Azar Nafisi, no es una persona cualquiera. Se hizo conocida entre nosotros por otro libro anterior: Leer Lolita en Teherán. Pero para lo que en el libro que ahora nos ocupa importa, es sobre todo la hija de una familia muy relevante en época de shah.

La familia del padre, menos presente en el libro, pertenece a una minoría religiosa dentro del Islam especialmente rigurosa en lo doctrinal pero afable. La familia de la madre pretende estar emparentada con antiguos reyes y forma parte de la alta sociedad de Teherán. El padre ha forjado su carrera a base de esfuerzo y ha escalado los más altos puestos en la política. Llega a alcalde de Teherán, lo que supone tener relación directa con el shah, después de haber ocupado puestos de relieve en la administración del país.

Con este "decorado", a través de su libro, Azar Afisi nos deja entrar en su familia y en la forma de vida que lleva y que la envuelve. Hay, por supuesto, mucho margen para hablar de las relaciones con los padres y con el resto de familiares. Relaciones que están siempre presentes y entre las que brillan la presencia de una madre insufrible y de un padre de efectos balsámicos, afectuoso, muy culto y liberal. ¿Liberal y próximo al gobierno del shah y al shah mismo? Pues sí, porque una vez más la política y las personas se muestran contradictorias y con todas las matizaciones y las descalificaciones que se quiera, es cierto que el padre del último shah fue quien trató de poner en cintura a los clérigos para que se apartaran de la política y fue quien prohibió el velo y trató de sacar a la mujer de la condición inferior que tenía respecto al hombre. Y el propio sha Reza Palehvi fue quien sostuvo un denodado esfuerzo por modernizar el país –bien es verdad que a su manera- luchando con cuantos veían en la tradición y en la religión un patrimonio intocable.

Las reuniones en casa de los padres, con personajes relevantes y con temas de alta política, los chismes que acompañan a la conversación de las mujeres en un ambiente cerrado de la alta sociedad, la relación de la madre con las amigas o con la peluquera y los tenderos … todo va discurriendo a los ojos del lector que, desde una tribuna asiste a lo que ocurre en casa. Pero aparecen también junto a los hechos de textura más familiar otros elementos de trascendencia mayor. Los actos de pederastia que afectan a religiosos, que hubieran debido ser ejemplares en lo que a moral se refiere, hablan de una religión estricta pero corrupta. El recuerdo de Mosadeq, el primer ministro que se enfrentó a las potencias occidentales para recuperar el petróleo cuyos beneficios iban a manos de las compañias extranjeras, resitúa la historia de Irán para reflexionar sobre el papel de shah y de la revolución islámica.

Y finalmente, los años de la revolución, de la guerra con Irak, los incidentes y luchas por el poder que los precedieron y lo que sucedió a continuación nos llevan hasta el presente. No es desvelar nada del libro el decir que Azar Nafisi censura con las más duras palabras el régimen de los ayatolas. Ella misma, profesora de universidad, mujer moderna, educada en el extranjero representante de una generación moderna, tiene que salir del país porque no hay sitio para ella ni para ningún género de disidencia. La reacción sanguinaria del nuevo régimen, la dictadura de la tradición islámica más rígida, el peso de los instrumentos de represión y el lastre de la corrupción que todo ello comporta, van ocupando su lugar a medida que la autora los va descubriendo y los sufre sobre su propia piel y sobre la de los demás.

"Deseo relatar la historia de una familia que se revela en el trasfondo de una época turbulenta en la historia política y cultural de Irán" declara Azar Nafisi en el principio del libro. Y eso es lo que hace, en un texto repleto de interés y con el apoyo -hay que decirlo- de una pequeña pero valiosa colección de fotografías que salpican las páginas del libro y que dan realidad a escenas y a personajes para ayudar al lector a verlos con sus propios ojos.

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domingo 27 de septiembre de 2009

Irán. Recetas y hábitos gastronómicos


Irán. Recetas y hábitos gastronómicos
Quico Alsina y Ana Briongos
Edición 2009 2009
55 pp.

Ana Briongos junto a Quico Alsina concentran su mirada en la cocina de Irán y así sacan a la luz los secretos de los platos que más celebran en el país...


Quico Alsina y Ana María Briongos
Edición 2009
55 pp.





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Ana Briongos continúa hablando de Irán, pero esta vez da un giro a su relato. Junto a Quico Alsina concentra su mirada en la cocina y los dos sacan a la luz los secretos de los platos que más celebran los iraníes.

No es un libro para extranjeros ávidos de la cocina exótica, porque no hace falta que lo sea. En realidad es la extensión de esa proximidad a la vida doméstica que Ana Briongos maneja con soltura cuando habla de Irán y que acompaña a las celebraciones, a la convivencia familiar, a la vida entre las mujeres y a las viejas tradiciones que sustentan el gusto por unos alimentos y por su preparación.

Más que de un libro, estamos hablando de un pequeño cuaderno que empieza, justamente, por explicar el entorno que rodea al rito de comer. Como no podía ser de otra manera, el libro comienza por la cultura, que es lo mismo que decir que empieza por explicar cómo los iraníes desarrollan el gozo por la comida. Y también se detiene en contar brevemente el papel que juegan, y las variedades que ofrecen, alimentos tan centrales en los hábitos y para la vida como son el pan, el arroz, el azúcar o las especias.

Las recetas vienen a continuación. Y en este caso son recetas de verdad, salidas del buen hacer de las abuelas, que han heredado las madres y que las hijas, de gafas modernas y pantalones provocativos debajo de la tímida bata que las adecenta, están a punto de olvidar. No hay nada en ellas de los ingredientes de las recetas que aparecen en internet después de pasar por el filtro de algún maestro de la cocina francesa. Nada de nata líquida para suavizar la textura, ni de cualquier otra concesión a la autoridad culinaria de ningún chef. El arroz es arroz y las especias las mismas que utilizaron desde antiguo en esta cocina mediterránea que llega hasta oriente con el aroma del clavo y el color del azafrán.

Berengenas, cebollas, espinacas, lentejas, naranjas son las protagonistas vegetales que acompañan al arroz y a la merluza, el pollo y el cordero con los que contribuye el reino animal. Algún toque exótico -los pistachos, el zereshk o el kashk - matiza o realza los sabores y nos hace pensar en una cocina familiar pero lejana al mismo tiempo.

Nada como guardar un ejemplar de Irán. Recetas y hábitos gastronómicos entre los libros de cocina y echar mano de él cuando tengamos el capricho de innovar. Pero los autores han puesto a disposición de los cocineros y de los curiosos de la gastronomía su libro en formato pdf para que puedan acudir a él en caso de urgencia. Basta con un click, para tenerlo en pantalla, pero si vale de algo mi opinión he de decir que la versión en papel posee un aroma propio y en materia de gatronomía los aromas son la esencia del paladar.

Web Ana Briongos

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domingo 5 de julio de 2009

Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje


Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje
Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.

Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego ...



Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.





Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego y que contradicen la realidad de un país hospitalario, culto y dinámico que le corresponde.

Con regularidad, Irán nos vuelve a parecer incomprensible y moviliza en nosotros los prejuicios nacidos de nuestra visión acerca del radicalismo islámico y también de la desesperanza de que los cambios puedan ser posibles.

Y sin embargo, conviene recordar que Irán pertenece de pleno derecho al primer mundo, sus jóvenes se han educado en buena parte en universidades, las universidades tienen más mujeres que hombres entre sus alumnos y el espejo en que se mira la población es el de las cadenas iraníes que emiten desde California, que poco o nada tiene que ver con la imagen oficial que transmite el país.

Por eso es oportuna la reedición de Negro sobre negro, un libro amenísimo, esclarecedor y equilibrado sobre Irán y sobre sus gentes. Algo debe tener Negro sobre negro cuando lo ha traducido y editado en inglés la celebrada Lonely Planet.

Para empezar, Negro sobre negro da un corto paso atrás en el tiempo para ofrecer claves fundamentales que ayudarán a aproximarse y a comprender Irán. No es que retroceda en la historia, simplemente sitúa la mirada en los últimos años del siglo XX al objeto de contar los porqués y los qués de la revolución de los ayatolás. Y arrancando en este punto, para hacer un relato de la vida y del carácter de las gentes en entornos muy diversos (personales, domésticos, colectivos) y dar una visión de conjunto, a la vez que ayudar a desvelar las particularidades y las numerosas contradicciones que envuelven la situación del país.

Desvelar la complejidad es siempre un atractivo y Ana Briongos puede hacerlo porque conoce bien Irán. Después de haber vivido en Teherán antes de que cayera el Shah y haber dejado allí experiencias y amigos, regresa cuando se ha producido ya la revolución islámica y analiza los cambios ocurridos.

Irán, antes de la revolución, era ya un país singular. En una región de influencia árabe, mantuvo siempre su esencia persa en la lengua, las tradiciones, la cultura, en sus aspiraciones nacionales y políticas... Y el vuelco que significaba la revolución islámica añadió nuevas y llamativas componentes de singularidad difíciles de digerir para una mirada occidental y, a menudo, motivo de escándalo.

No hay en el libro de Ana Briongos ningún tono que suene a profesoral o a diagnóstico de experto. Y ese es, seguramente, uno de sus grandes atractivos, entre muchos otros. Ana Briongos introduce los distintos asuntos de los que trata con la mirada de quien regresa a casa, con la familiaridad de quien conoce aquello de lo que habla, con la facilidad de quien tiene las llaves para penetrar en los hogares, acogerse a la hospitalidad de las familias y participar de sus sentimientos y de sus confidencias.

Sin duda, la mirada de Ana Briongos es la de una occidental, y los temas por los que transcurre su relato son los que sorprenden o aquellos por los que se pregunta cualquier lector. Pero esta mirada está cargada de afecto. Y en ello descansa el mayor valor de su libro, porque a su disposición curiosa y a la vez crítica, añade una visión humana y comprensiva que compensa la marea de descalificación que el tema iraní suscita en occidente y coloca la cuestión en un punto sereno y equilibrado que da mucha más voz al interés por la compresión que a la estridencia.

Con toda su riqueza de contenidos, Negro sobre negro queda en las antípodas de un ensayo de análisis político o de investigación social. Lleno de temas y de situaciones distintas, su envoltura es la de un relato de viajes. Tal como reza el subtítulo del libro, es un cuaderno de viajes: un cuaderno enormemente entretenido, emocionante en muchas ocasiones, revelador de numerosos apectos de la vida y casi, casi imprescindible para trazar un camino que ayude a comprender el Irán de hoy.

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viernes 22 de mayo de 2009

Ven y dime cómo vives


Agatha Christie
Tusquets, 2008
272 pp.





Publicado por Ignacio Jáuregui

Agatha Christie cuenta de sus viajes a Siria e Irak siguiendo las investigaciones arqueológicas que en el momento se llevaban a cabo.

Cuando, tras un primer matrimonio bastante infeliz, la escritora se casó con el arqueólogo Mallowan, ya era una talludita dama victoriana; también era una mujer que sabía lo que vale un minuto de felicidad: cuando su marido decidió marcharse a excavar colinas en Babilonia no dudó ni un segundo en acompañarlo. "Ven y dime cómo vives" es el relato discontinuo de esos años de expediciones arqueológicas, y uno de los libros más llenos de amor por la vida que me ha sido dado leer.

El título reproduce la pregunta que le hacían, a cada retorno, las amigas que la invitaban a tomar el té en al esperanza de encontrarla agotada, ojerosa y con síntomas de disentería, y veían aparecer por el contrario a una mujer encantada de la vida, rozagante y tan cargada de historias divertidas (inolvidable el relato de las compras en Harrod’s, la contradicción insoluble entre tallas grandes y romanticismo; el desdén milenario –bah, rumi- con que los zapadores locales echaban a un lado las piezas de los romanos, esos recién llegados; o la obra de arte imprevisible en que convertía su criado favorito la mesa del desayuno cada mañana –hoy sólo cuchillos, mañana todos los platos apilados en el centro) como ansiosa por volver al país de sus alegrías a recopilar otras tantas.

Como escritora, la señora Christie alcanza aquí su nivel más alto; libre de las tramas cuadradas y del consabido juego de pistas falsas y piruetas deductivas, la pluma se hace más selectiva e impresionista, más ágil. No sabe uno qué disfrutar más, si la capacidad de calar a las personas de un primer vistazo –aquí aparece inevitablemente Miss Marple, a quien nadie pillaba de nuevas porque en St. Mary Mead siempre había alguien parecido-, la de describirlas con un rápido golpe de pluma, o la habilidad para seleccionar los detalles de manera que al final tres años de actividad caben en un librito manejable sin que echemos nada a faltar.

Pero el disfrute que extraemos del libro es más humano que literario: la autora es una mujer extraordinariamente alegre y animada, uno de esos seres que hacen la vida fácil sin abnegación ni sacrificio, simplemente encontrando razones de disfrute siempre que razonablemente se puede y apechugando sin aspavientos con las malas faenas que nunca se nos ahorran. Además, ama profundamente esa vida y esas tierras, y consigue transmitirlo en cada frase. Cuando cerramos el libro nos domina la nostalgia hipotética de no haber tenido una tía como ella. Dejémosle la palabra:

"Escribir estas sencillas notas no ha sido una tarea, sino un parto de amor. No es una evasión hacia lo que fue, sino la contribución, en medio de las durezas y pesares actuales, de algo imperecedero que no sólo tuvimos, sino que todavía tenemos.

Amo ese generoso y fértil país y a sus gentes sencillas, que saben reir y gozar de la vida, que son ociosas y alegres, que tienen dignidad, educación y un gran sentido del humor, y para quienes la muerte no es terrible.

Inshallah, volveré, y las cosas que amo no habrán perecido en esta tierra… "

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martes 21 de abril de 2009

Muerte en Persia


Annemarie Schawarzenbach
Minúscula, 2008
182 pp






Annemarie Schawarzenbach, de familia adinerada, elitosa, intelectual y culta, transgresora, liberal y liberada pertenece a esta estirpe de mujeres escandalosas y admiradas en lo más selecto del mundo intelectual y de vanguardia en la Europa de allá por los años 30.

Sensible en extremo, sufre el desasosiego y la angustia de los artistas y vive en una atmósfera dominada por la estética del sentimiento.

Persia la atrae y la tortura. Ha viajado sobradamente por países exóticos, ha vivido en el Moscú soviético que tiene ya el carácter mestizo de la mezcla entre Europa y Asia y que representa el mundo nuevo nacido de la Revolución.

Persia también representa otro mundo, pero es el pasado. Un universo misterioso y agobiante donde todo la admira y la desborda. La suya es una escritura poética que transforma lo real en sensaciones, casi siempre abrumadoras.

El calor, omnipresente, insoportable, acude a cada instante y marca pesadamente la escena. Lo que cuenta Annemarie Schawarzenbach es real y no lo es. Es el Irán que ella vive, a pesar suyo. A modo de excusa ha ido al país, entre otras cosas, porque participa en las tareas arqueológicas que alemanes y norteamericanos sostienen para desenterrar el fabuloso patrimonio de la antigua Persia. Pero incluso el entorno intelectual y académico que la rodea le resulta insuficiente para calmar una ansiedad que además se ve alimentada el poderoso influjo de la geografía y de la leyenda del un país que resulta desbordante para ella.

El halo casi sobrenatural que rodea a las montañas, el discurrir de los valles que llevan hasta lugares desconocidos, las caravanas de camellos y el sonido de las campanillas que cuelgan de los arreos, el grito de los que conducen los caballos cubiertos de leyenda del shah, la luna sobre Persépolis y la sombra fantasmal de los viejos monumentos en ruinas, el sufrimiento de las horas y horas de acalorada pesadumbre que exige el atravesar las áridas estepas iraníes, el hartazgo del alcohol que sirve de consuelo en esta tierra embrujada y cruel, el delirio que produce la enfermedad cuando supera las propias fuerzas… todo le llega al lector tamizado por el filtro intenso de una sensibilidad sufriente y marcada por la desesperanza.

Estamos acostumbrados a una literatura de viajes donde predomina la información –aunque sea elaborada o interpretada por quien escribe- que nos acerca al mundo real y a las gentes que lo habitan. El relato de Annemarie Schawarzenbach se desliza al otro extremo, al que disuelve el conocimiento y la experiencia en un discurso donde todo es sentimiento. Un sentimiento poderoso, elaborado y vivido hasta el detalle, personal, lleno de matices y de colores que permite al lector sentir, más que mirar, esa Persia que tan intensamente sedujo a Annemarie Schawarzenbach.

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martes 15 de abril de 2008

La cueva de Alí Babá. Irán día a día



Ana M. Briongos
Lumen, 2002
218 pp.





Una tienda de alfombras en el bazar de Ispahán sirve de excusa a Ana Briongos para mostrar Irán tal cual es al día de hoy. Se trata de una excusa porque Ana Briongos conoce de primera mano el país y a su gente y desde los gestos más superficiales es capaz de penetrar en el interior de las personas, de las costumbres, de las familas, de las tradiciones... y sacar a la luz lo que el visitante intuye pero no alcanza a ver.

Ana Briongos conoce bien Irán. Vivió en el país en tiempos de Shah, hizo amigos, regresó después de la revolución islámica en un viaje que nos contó en Negro sobre negro -un relato esclarecedor y enternecedor del Irán de los ayatolas- y ha vuelto para contar en La cueva de Alí Babá el Irán de hoy.

La tienda de alfombras es un subterfugio literario, pero un subterfugio que contiene en sí mismo el alma de Irán. A través de las alfombras se hacen presentes el talento en el dibujo, la sensibilidad en el color, el oficio en el tejido, la capacidad de selección según los distintos usos y la paciencia en el ritual de la venta y todo ello da pie a recorrer los mil y un recovecos de ese mundo tan antiguo, de cultura tan arraigada y tan complejo como es Irán.

La cueva de Alí Babá, la tienda de alfombras convertida en escenario original del relato, es, como la caverna de Platón, el espacio que recoge los reflejos de toda la diversidad del mundo exterior y es el observatorio que la autora elige para tirar de hilo de múltiples historias e interpretar a través de ellas en toda su riqueza y con todas las contradicciones los mil y un ángulos de la sociedad iraní.

Con un aprecio indisimulado hacia las gentes, con una mirada siempre curiosa hacia sus formas de vida, con un conocimiento profundo de la realidad de la que habla, y con una sensibilidad de finura exquisita (ver sino la descripción del canto de unas melodías tradicionales iraníes, en medio de las alfombras) su libro se convierte en una deliciosa, esclarecedora y aleccionadora muestra de lo que es Irán hoy.

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