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domingo 7 de marzo de 2010

Atlas de los exploradores españoles


Atlas de los exploradores españoles
Sociedad Geográfica Española
Geoplaneta, 2010
320 pp.

¿Conoce alguien a la monja Egeria?¿Suenan los nombres de Gonzalo Guerrero, García Jofre o Luis de Mármol? Lo más probable es que quien se tropiece con ellos no tenga la menor idea de quienes son los personajes que se esconden tras estos nombres...


Sociedad Geográfica Española
Geoplaneta, 2010
320 pp.





¿Conoce alguien a la monja Egeria? ¿Suenan los nombres de Gonzalo Guerrero, García Jofre, Luis de Mármol, Alonso Carrió, Juan Víctor Abargues o Joaquín Gatell? Seguramente a alguien le sonarán e incluso estará familiarizado con ellos porque merecen ser conocidos. Pero lo más probable es que quien se tropiece con nombres como estos no tenga la menor idea de quienes son los personajes que se esconden tras ellos.

Y el caso es que debieran ser célebres porque forman parte de una plétora de exploradores que desde tierras españolas se lanzaron al mundo por rutas desconocidas y dieron noticia de ellas a través de sus relatos.

Cuesta pensar que haya habido muchos exploradores españoles cuando en el imaginario colectivo la exploración parece que fue cosa de ingleses, sobre todo, justo antes y durante las épocas de la gran expansión colonial de Europa. Hablamos de lo que ha pasado por ser la época dorada de la exploración, allá por el siglo XIX. Y sin embargo, ningún pueblo contribuyó tanto a conocimiento del mundo y a la exploración geográfica como el español a partir de los últimos años del siglo XV, tras el descubrimiento de América, y durante los cincuenta años siguientes.

Sospecho que el lenguaje jugó a España una mala pasada. Los exploradores como Livingstone tenían bien claro su papel y así lo reconocían las sociedades geográficas que los apadrinaban y los periódicos que daban voz a sus relatos. A los españoles nos tocó el papel de descubridores o de conquistadores en los tiempos en que más activa estuvo España en la exploración del mundo. Y en esos papeles quedó posiblemente relegada a la historia y a la polémica sobre la conquista de América una actividad que aportó al conocimiento geográfico avances de una importancia extraordinaria.

Pero no todo fue cosa de la leyenda negra a la hora de ignorar a nuestros exploradores. Lo que quizás fue resultado de un complejo de inferioridad de España frente a otros países llevó a silenciar su labor y a mantenerla en secreto bajo la idea de que divulgar los conocimientos ponía en riesgo la propia seguridad. Pero además, tampoco hubo interés en difundir noticias de las exploraciones. Seguramente no estaba España por la labor ni tenía instituciones ni medios con vocación para ello.

El Atlas de los exploradores españoles rompe ahora el silencio y recupera la memoria de lo que fue la contribución de España al conocimiento del planeta. Más de doscientos nombres aparecen reseñados en él, como parte de una selección en la que ha habido que recortar para no alargar demasiado el libro. Desde la época romana hasta la actualidad se recoge el testimonio de viajeros de los perfiles más diversos que dejaron huella en el saber geográfico a través de informes, declaraciones, mapas y relatos diversos.

La iniciativa ha partido de la Sociedad Geográfica Española y han contribuido al texto y a las numerosas imágenes que lo ilustran un buen número de autores -historiadores y académicos unos, investigadores otros- y de editores que han conseguido una obra tan completa como atractiva y llena de interés.

Justamente, del interés hay que hablar en esta reseña, porque se ha puesto de relieve con la aparición de la segunda edición del libro, que se agotó de forma casi inmediata en su primera entrega sorprendiendo a casi todos. La excelente y cuidada edición influyó sin duda en el éxito de la edición primera. El tono ameno con que está escrito y el formato a base de cortas biografías de los personajes que ponen de relieve sus hazañas y nos los devuelven, rescatándolos del olvido, también. La intención de no perder de vista el contexto histórico y de enmarcar a cada uno en el momento en que vivió ayuda a explicar una acogida tan favorable. Y con toda seguridad, la sensación de que era éste un hueco en el conocimiento de la propia España que había que rellenar abrió las puertas a una acogida tan calurosa.

¿Cómo tardó tanto en aparecer un atlas de la exploración geográfica y científica del mundo por parte de los españoles? Probablemente porque nadie como la SGE tuvo la vocación, el empeño y el acierto de hacerlo. Hay que celebrar, pues, que por fin contemos con un Atlas de los exploradores españoles tan lleno de atractivos y tan exitoso.

Ver la presentación del atlas en De Viaje

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domingo 13 de diciembre de 2009

Viaje por la Costa Brava. Paisaje, memoria, glamour y turismo


Viaje por la Costa Brava
Xavier Moret
Altair, 2009
281 pp.

La Costa Brava es mucho más que un espacio para el veraneo o que un destino turístico de valor muy singular. Ocupa en el corazón de quienes la aman un lugar profundo que tiene mucho de devoción y de mito también...


Xavier Moret
Altair, 2009
281 pp.





La Costa Brava es mucho más que un espacio para el veraneo o que un destino turístico de valor muy singular. Ocupa en el corazón de quienes la aman un lugar profundo que tiene mucho de devoción y de mito también. La Costa Brava parece contener las esencias del Mediterráneo y por ello está en las raíces mismas de los pueblos del litoral.

El libro de Xavier Moret es el relato de un viaje. Es como una guía sentimental y por consiguiente desordenada. Objetiva y subjetiva a la vez. Y literaria en muy buena medida.

Podría ser una guía porque se ocupa de los pueblos y rincones que encuentra cualquier viajero que la recorra de sur a norte. Y como Xavier Moret no tiene prisa especial en su recorrido ni sistemática a la que deba ajustar su discurso, produce un relato parecido al de los viajeros de antes. A esos libros que ingleses o franceses –los únicos que viajaban- escribían sobre sus andanzas por Portugal, por la Toscana o Sicilia, o recorriendo el Tirol.

Sensaciones, algunos datos, anécdotas, comentarios sobre la gente y sobre su forma de vida y alguna sorpresa que deparaba el camino envolvían al lector en un mundo que se hacía familiar porque el autor se reconocía en los lugares y en las gentes de los que hablaba.

Klaus y Erika Mann cuando escriben El Libro de La Riviera también hablan de un pedazo de la costa mediterránea -la Costa Azul-, turística y privilegiada como es la Costa Brava. Pero ellos son de familia de intelectuales, iconoclastas, atrevidos, casi descarados y con humor para referirse a lo más parecido al paraíso con una visión gamberra.

La Costa Brava no está para eso. Es cosa más seria. Escritores, con Pla a la cabeza, le han dedicado páginas, sentimientos y elogios. Han sufrido por ella también porque la han visto bella y amenazada al mismo tiempo. Y no es cuestión ahora de tratarla desde una pose de trivialidad.

Que conste que Moret se guarda bien de ser, él mismo, un devoto. Quizás porque la Costa Brava que ve deja poco ya para devociones y porque la ha visto cambiar con sus propios ojos y es consciente de a dónde todos hemos ido a parar con eso del desarrollo turístico. La Costa Brava podía haber muerto de éxito si no fuera porque sigue siendo tan privilegiada que tiene todavía de qué presumir y con qué enamorar.

Cualquiera que vaya a la Costa Brava debiera llevar el libro de Moret bajo el brazo. El autor conoce bien los lugares, ha recorrido todos los rincones, habla de fiestas y tradiciones que pueden pasar desapercibidas a quien va solamente de paso. Además, Moret habla con la gente. Gente más joven y menos joven. Los que viven de su trabajo ahora y los que tuvieron los viejos oficios cuando la pesca, la agricultura, una industria precaria y el trabajo artesanal ocupaban a las personas y organizaban la vida de los pueblos.

No es que la Costa Brava ya no sea lo que fue. Es aquello y es lo más nuevo. Es aquella sombra de paraíso donde el agua jugaba con la roca contra la que rompía y con el verde sufrido y espléndido de los pinos, entre calas y pueblos tranquilos. Y es también la hija de esta sombra con la que convive entre autopistas, discotecas, hoteles y manadas de visitantes que se instalan en ella con sus propias maneras, sin perder el contacto con los mundos lejanos y casi siempre inhóspitos de los que vienen.

Viaje por la Costa Brava es un retrato de una de las más bellas zonas del Mediterráneo. Es una invitación a recorrerla de la mano de alguien que la conoce bien. Es el relato, como no podría ser de otro modo, un punto nostálgico y amargo. Probablemente no es ello por culpa del autor sino del lector que hubiera querido parar el paso del tiempo unos años atrás, cuando las cosas parecían más naturales, no tocadas. Pero es la prueba, también, de que sigue habiendo una línea de mar y una región entera dotada por la naturaleza de tantos dones que es imposible no disfrutar con ella por todo lo que es capaz de ofrecer.

Y el libro de Moret pone en nuestras manos la mejor ocasión para hacerlo.

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domingo 23 de agosto de 2009

LeCool. Una guía insólita de Madrid


Lecool. Una guía insólita de Madrid
VV.AA.
LeCool, 2008
257 pp.

¿Pero quiénes se han creído que son? ¿De qué van esta gente de LeCool? ¿Pero qué tipo de guía es esta? ¡por favor!...


VV.AA.
Le Cool, 2008
257 pp.






Publicado por Pablo Strubell

¿Pero quiénes se han creído que son? ¿De qué van esta gente de LeCool? ¿Pero qué tipo de guía es esta? ¡por favor! ¿Creen que con su diseño rompedor e inusual, su desenfadado estilo y radical enfoque nos iban a convencer? Porque, ¿qué se puede esperar de una guía turística que no trae ni mapas ni información de transportes, que no menciona horarios de los lugares de interés a visitar ni información alguna de cómo llegar a ellos? Por no detallar, ni detalla los precios de los restaurantes o museos recomendados…

A primera vista, esta es, sin duda, la anti-guía, una tomadura de pelo. Ni es clara, ni ordenada, ni funcional, ni tiene mapas, ni indicaciones sobre cómo llegar a los lugares mencionados ni horarios…. Algo que, lejos de ayudar al viajero, le entorpece. Eso sí, fotos, dibujitos, gracietas a raudales… Parece que sea otro de tantos productos en los que prima la forma antes que el fondo.

Pero la realidad es que, siendo verdad todo esto, la guía no defrauda. No, no sólo no lo hace sino que desconcierta, sorprende y agrada a poco que se examina con profundidad. Y lo hace por la sencilla razón de que su contenido es realmente acertado, y está a la altura de su rompedor diseño. Porque ésta es una guía que no se debe juzgar superficialmente: hay que entrar en ella, analizarla, ojearla con detalle. Sólo entonces se notará que la selección e investigación de lugares destacados se ha hecho con rigor, cariño y sin prisas. Sin caer en los tópicos ni en aquellos sitios que, de tan manidos y mencionados en tantas guías, ya no aportan nada al lector ni diferencian unas de otras. Su aspiración y logro es descubrirnos un Madrid diferente, menos trillado que el de los habituales circuitos turísticos.

Dividida en 10 secciones (Beber, Comer, Calles Ilustradas, Shopping, Cultura, Relax, Dormir, Entrevistas, Otro Madrid y Sexo) sus páginas son un alarde de diseño arropando las diferentes recomendaciones que, es cierto que algo desordenadamente, van apareciendo en ellas. Fotografías, collage, dibujos e ilustraciones acompañan los textos, los enmarcan, convirtiendo cada hoja en una pequeña obra de arte, una guía de referencias estéticas y sensoriales. Es, por ello, que resulta una guía muy entretenida y divertida de leer, de ojear.

Pocas pueden presumir de eso. En esta guía se disfruta tanto del contenido como del continente. De sus diseños y de sus textos. Y es que son varios los autores que acercan los diferentes rincones de la ciudad al lector, cada uno con su estilo y enfoque. Lo mismo ocurre con los ilustradores, reflejando en las páginas cada uno su heterogénea personalidad. De hecho, muchas de las reseñas de los lugares son casi insultantes: no hablan del lugar, ni de cómo es, ni de su apariencia, ni de la gente que lo frecuenta. Se permiten esa frivolidad que, a la vez, invita al lector a curiosear, a averiguar, a probar suerte, dejando un interrogante sobre cómo será realmente un lugar, tan diferente eso de aquellas guías que, buscando la máxima precisión, eliminan el factor sorpresa de la visita…

Es cierto que no es una guía para todos. De hecho, su público objetivo está muy bien definido: gente joven, de nivel adquisitivo medio y alto. Es, en realidad, una guía que aspira a convertirse en el libro de cabecera de los residentes, o de aquellos visitantes que prolongan su estancia semanas o meses, y que buscan, especialmente, recomendaciones que les enseñen un Madrid que ya conocen.

Es una guía para quien gusta de estar al día, para quien quiere exprimir Madrid y sacarle el máximo jugo posible. Nos hablan por ello de lugares y negocios diferentes: Sí, de restaurantes y bares sí, pero también de los mejores kioskos de prensa, lugares desde donde ver puestas de sol, videoclubs… Como muestra de su ambición y enfoque ¿cuántas guías tienen una sección dedicada a lugares de la ciudad donde practicar sexo o hacer intercambios de pareja? ¿En qué otras se ha visto una lista tan selecta de ultramarinos chinos donde abastecerse con el mayor surtido o karaokes donde desgañitarse cantando?

Ellos se declaran líderes de guías alternativas y no será raro que lo sean: nadie hace nada parecido. Son únicos. Únicos en Amsterdam, Barcelona, Lisboa y Londres.

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domingo 7 de junio de 2009

Hijos del fin del mundo. De Roncesvalles a Finisterre


Hijos del fin del mundo
Espido Freire
Imagine Ediciones, 2009
220 pp.

Espido Freire, novelista y con un premio Planeta, entre otros, a cuestas, emprende la senda de la literatura de viajes. Y lo hace eligiendo como tema el Camino de Santiago...

Espido Freire
Imagine Ediciones, 2009
220 pp.





Espido Freire, novelista y con un premio Planeta, entre otros, a cuestas, emprende la senda de la literatura de viajes. Y lo hace eligiendo como tema el Camino de Santiago.

Muchos son los libros referidos al Camino. Éste es uno muy especial porque se mueve a caballo entre ese viaje ‘exterior’ que va de Roncesvalles a Finisterre y otro más íntimo que conecta con la infancia y con lo que podría decirse el viaje universal de los sentimientos profundos.

El Camino hacia Santiago está en el origen de ambos relatos a medida que la realidad que la autora encuentra a su paso le suscita recuerdos y comentarios. Por supuesto, lo que nos cuenta Espido Freire coloca al libro en las antípodas de una guía. Pero el aspecto sensible, casi poético de algunas de sus partes, no le impide tocar de pies a tierra y hablar de eso que para entendernos llamamos la realidad.

El atractivo del Camino de Santiago es precisamente su hondura. Deriva de la riqueza acumulada a lo largo de casi mil años de espiritualidad, de historia y de historias. Mil años son muchos para no dejar un poso que atrae al caminante y lo seduce, envuelto en sus redes. Y es justamente ahí donde el relato de Espido Freire muestra su atractivo. Lo mismo que la historia del Camino, la narración que hace la autora se mueve en una ancha banda de registros. No es lineal. Hay en ella de todo, y al hablar de unas cosas y de otras consigue dar volumen a lo que cuenta y a pequeñas pizcas ofrece al lector un panorama personal de esa realidad con tantas facetas que es el Camino.

La historia está presente en el libro como no podía ser de otro modo. El Cantar de Roldán, Carlomagno, Leonor de Aquitania, la lepra que asolaba la Edad Media… se asoman al relato, como se asoman los caminantes con quienes se encuentra la autora. Unos son de fuera, de países lejanos. Otros del propio país, de España. Y con ellos se suscitan anécdotas y situaciones que hablan también de graves problemas de hoy -el sida o la droga- que ensombrecen el ánimo de quienes se dirigen a Santiago. Las ciudades que a lo largo de siglos han jalonado las etapas del Camino, aparecen con pinceladas caprichosas que dan color al relato. Pamplona, Burgos, Astorga tienen su pequeño espacio, como lo tienen personajes traídos de la mano de ese ejercicio de asociación creativa que hace Espido Freire y que le permite jugar con Hemingway o con Rosalía de Castro.

Hijos del fin del mundo acaba de ser galardonado con el premio Llanes de viajes. Es sobre todo un viaje personal emprendido, según cuenta la propia autora, con poco más que un hatillo y una cámara de fotos. En él da rienda suelta a su capacidad de creación literaria para construir una narración corta, rica en matices y ágil. Quien sienta interés en el Camino de Santiago hallará en Hijos del fin del mundo una mirada inédita, enriqucedora y estimulante.

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jueves 4 de diciembre de 2008

Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Trece joyas de España


José Manuel Navia
La Fábrica, 2008
296 pp.







Publicado por Pablo Strubell

Hay poetas que “disparan” con pluma y papel. Otros, como Navia, lo hacen empuñando una cámara de fotos. No hay más que ver su último libro para darse cuenta de ello. Ciudades Patrimonio de la Humanidad, editado por La Fábrica, un libro que recorre ciudades, monumentos y gentes de las trece ciudades españolas que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Se intuye detrás de las fotos a un Navia paciente, reposado. Aguardando el momento único a inmortalizar, al contrario que tantos otros fotógrafos. Le imaginamos caminando sigiloso en callejones solitarios. O resguardado en un soportal esperando a que pase la tormenta, mirando lo que ocurre a través de su objetivo. Un fotógrafo atípico, como el resultado de este libro, que habla de ciudades y monumentos, pero a través de ellos, de las gentes, la cultura, la historia.

De las 210 imágenes del libro, casi ninguna es previsible. Gusta el autor del alba y del ocaso, momentos de escasa luz en las que jugar con pequeños puntos de luz (o de sombras) creando imágenes más habituales en la obra pictórica del sxviii que de la fotografía actual. Como esos cielos encapotados, de oscuras nubes, casi tenebrosas, bajo los cuales algún destello de luz, de color, llama la atención del lector. Pienso, por ejemplo, en esa foto casi fantasmagórica del Monasterio de El Escorial. Seguimos pasando páginas y vemos fotos en penumbra, al anochecer, teñidas de azul y frío, en la que la luz de una pequeña ventana entreabierta permite intuir lo que sucede en el interior de la casa al fondo de un callejón empedrado. Fotos en las que las sombras dicen más que las luces, dejando a nuestra imaginación lo que está sucediendo. Fotos movidas, trepidadas, en la que la vibración es lo de menos: Muchos otros las desecharían, pero con él consigue emocionar aún con esos “desperfectos”.

Navia, nacido en Madrid en 1957 es uno de los más reconocidos fotógrafos españoles. Licenciado en Filosofía, empezó trabajando como reportero, algo de lo que con el tiempo se fue desligando. Evolucionó hacia una fotografía más personal, con un estilo claramente definido con el tiempo. Le obsesiona el poder evocador de la fotografía y su relación con la literatura, y queda claro en cada una de sus cuidadas obras. Es miembro de la agencia Vu desde 1992 y numerosos libros como “Pisadas sonámbulas: lusofonías”, “Marruecos, fragmentos de lo cotidiano”, “Antonio Machado, miradas” o el libro que hoy repasamos: “Ciudades Patrimonio de la Humanidad”, del cual se está realizando una exposición itinerante por España.

Volviendo al libro, y según pasamos las páginas, disfrutamos de la excelente maquetación hecha por Sonia López y Fernando Gutiérrez, que potencian con el ritmo y color impuesto al libro cada una de las instantáneas, ya sean magnificándolas en grandes tamaños o todo lo contrario, jugando con pequeñas imágenes que captan la atención al instante. Caemos también en la cuenta de que no hay un solo retrato en este libro. En su lugar, gentes que pasan, que observan, que viven. Gentes anónimas que no obtienen trascendencia. Ni en eso Navia es un típico fotógrafo de viaje. Seguro que él se definiría mejor, en todo caso, como un fotógrafo que viaja. Que disfruta de lo uno y lo otro, independientemente.

Y es que de una manera sencilla pero tremendamente efectiva Navia ha conseguido crear uno de los mejores libros que hayan sido nunca publicados sobre nuestra historia y patrimonio. Un libro que todos los amantes de nuestra arquitectura, de nuestro patrimonio y de la fotografía deberían tener.

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