
Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.

La contraportada del libro asegura, quizás exageradamente, que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz. Pero poco importa el puesto que ocupe en el ranking de la literatura del autor. El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas otra de esas historias en las que el ambiente que rodea a los personajes y el espacio reservado a la intimidad de sus pensamientos y de cuanto rige sus conductas vuelve a adentrarnos en el Egipto popular donde el discurrir de vida nos habla de un mundo lleno de humanidad y, lo que es lo mismo, de contradicciones.
La epopeya de los harafish es una saga que transcurre velozmente. No se entretiene demasiado en ninguno de los personajes y está escrita en bloques de longitud y contenido muy desigual. La forman capítulos que unas veces no ocupan más que unas pocas líneas y que definen el ambiente de un momento, un presentimiento, una reflexión. Y otras que se extienden un buen número de páginas y desarrollan una historia alrededor de la vida de alguno de los protagonistas de la narración.
Una forma tan libre de escribir configura ya el tono de la novela que juega al mismo tiempo con el mundo interior de los personajes y con el exterior. La acción pudiera suceder en alguna población asimilada a El Cairo, en alguno de sus barrios, pero no importa, porque la mirada del autor se centra allí donde está la escena. Y cuánto la rodea queda en un fondo confuso del que se tiene alguna noticia pero poco más. Por lo que respecta al tiempo, la acción ocurre en un momento que el lector supone que debe ser hace no muchos años, pero que resulta igualmente indefinido. No siente Mahfuz necesidad de precisar más. Y al no hacerlo, tanto en lo que toca al espacio como en lo que se refiere al tiempo, nos sitúa de alguna manera fuera de cualquier referencia concreta. Nos pone en un lugar que pudiera ser cualquiera y ante una sociedad convertida en universal.
En más de un pasaje, lo que cuenta Mahfuz resuena como un relato de las Mil y una noches. Como una narración que bien pudiera suceder en la edad media y que sin embargo es claramente actual. El mundo que describe Mahfuz es el de una sociedad musulmana, con sus instituciones particulares y con una moral y una religiosidad que lo impregnan todo. Hablamos de un mundo atado y bien atado, sujeto por los candados que imponen la religión y la tradición, pero abierto a pesar de todo a la maldad, a la transgresión de los principios, a la degeneración a la que conduce el mal…
Por eso el relato de Mahfuz es una epopeya con proyección universal que habla, desde una visión y una sensibilidad de raíces firmemente musulmanas, del bien y del mal y sobre las contradicciones que engendra en la vida la lucha entre ambos.
Un mundo tradicional se despliega ante el lector que tiene acceso a los sentimientos de los personajes. Comerciantes ricos y pobres, taberneros, prostitutas, alcahuetas, criados, clérigos, funcionarios y caciques desfilan ante él y componen un retablo que va desgranando a lo largo del tiempo situaciones bien diversas. Y son vistos desde una perspectiva moral donde el bien y el mal están continuamente presentes, lo mismo que el respeto a las tradiciones, al honor, al deber o al recuerdo de los antepasados.
Los harafish son la capa más baja de la sociedad, los pobres de solemnidad, los miserables, abandonados por la suerte. Mahfuz elige el título de La epopeya de los harafish, no para hablar de ellos, sino sorprendentemente para hablar de los poderosos. El universo moral de Mahfuz –el universo musulmán- no rompe la continuidad que une a los seres humanos. La condición de los desposeídos depende de las acciones de quienes disponen del poder, de forma que la epopeya que representa su difícil existencia puede leerse en el relato de la vida y las acciones de quienes pueden hacer algo por ellos y lo hacen, para bien o para mal.
Un Egipto representado por numerosos personajes envueltos en todas las circunstancias de la vida abre un rico escenario que permite al lector asomarse al complicado acontecer de una singular y extensa familia y le permite prestar atención también al relato paralelo que la propia sociedad hace cuando reflexiona sobre el comportamiento y sobre todo cuanto ocurre en su interior. La Epopeya de los harafish explora los sentimientos y las acciones de los hombres, sus fidelidades, su compromiso con los demás. Explora la espiritualidad de quienes bajo las estrellas escuchan el canto de los derviches y se sienten reconciliados con el universo. Explora, en definitiva, y a través de una familia en un pueblo de Egipto, una sociedad musulmana situada fuera del tiempo, y por ello mismo universal y eterna porque eternos y de todos son los problemas a los que se enfrenta y las virtudes y pecados que conforman la realidad en la que se desenvuelve.
lunes 3 de mayo de 2010
La epopeya de los harafish
viernes 26 de marzo de 2010
Alejandría. Historia y guía. Faros y Farallón
Alejandría. Historia y guía
E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp
Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. Hoy Alejandría es una ciudad envejecida donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa ...
E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp.

Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. La imagen que tenemos de la ciudad está tan cargada de resonancias que la realidad no puede más que defraudar. Y no es que los mitos siempre desborden a las cosas tal como son. Lo que ocurre es que hoy Alejandría es una ciudad envejecida y deteriorada donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa se ha perdido bajo una gruesa capa de abandono y de desidia.
Sé que es una introducción bien poco amable hacia una ciudad histórica que ha generado la admiración de quienes la visitaron o de quienes vivieron en ella hasta fechas relativamente recientes. Poco amable y seguramente imprudente porque alguien habrá que sepa mirarla con ojos lúcidos y descubrir aún el rastro de todo aquello que fue y que le dio gloria.
¿Por qué empezar de este modo la reseña de un libro? Porque, justamente, lo que hace la Alejandría de Forster es desvelar al viajero –viajero real o viajero literario, que para el caso da lo mismo- lo que encierra la ciudad en sus cimientos, en alguna de sus calles, en su puerto y en su dilatada historia para ayudar a verla hoy relacionada con su antiguo esplendor. Para recuperar ese brillo oculto a través del conocimiento y de la posibilidad de reconstruir ese riquísimo y complicado escenario que consiguió levantar y que la convirtió en la ciudad más importante del Mediterráneo oriental.
El libro puede desanimar por su tamaño. Va a ser poco práctico como guía de viaje, a pesar de que el subtítulo da a entender que se trata de una guía. Hay que explicar brevemente de qué va el asunto. Y dar algunas claves que van a estimular el gusanillo de la lectura. El autor, Forster, es ni más ni menos el mismo que el de Habitación con vistas y el de Howard’s end. Es también el autor del famoso Pasaje a la India que entró en la literatura de viajes por la puerta grande. Estamos pues ante un escritor de peso. Y por ello mismo, ante un texto con posibilidades de deslizarse fuera del árido campo de la erudición.
Alejandría Historia y guía, es en realidad la suma de dos libros. Forster viajó a Alejandría después de la Primera Guerra Mundial como voluntario en una labor humanitaria. De su larga estancia en la ciudad surgieron dos textos que se publicaron por separado y que se editan ahora como complemento uno del otro. Y, como introducción a los dos libros, los precede un extenso prólogo, documentado y minucioso que interesará sin ninguna duda a quienes tengan interés en profundizar en ambos textos y en el autor.
No quiero sugerir la idea de que esta introducción resulte excesiva y por ello prescindible. Pero sí que quien desee entrar en materia sin prolegómenos, por la razón que sea, puede hacerlo sin riesgo de sentirse huérfano o falto de orientación cuando entre en contacto con el escrito de Forster. La edición de la que hablamos, además, contiene unos extensos añadidos en forma de notas y apéndices, que se disponen al final del libro. Son escritos a parte que vuelven a dar la oportunidad al lector de renunciar a ellos si lo que pretende es centrar su atención en el libro de Forster. Quinientas páginas pues, pero en realidad muchas menos en un libro que va añadiendo complementos a la obra central para quien quiera sumergirse en ella.
De la mano de Forster, Alejandría surge a los ojos del lector como si un arqueólogo trabajara a la vista y fuera desplegando ante su mirada las sucesivas capas que dan sentido a la ciudad. Y es que en buena medida, la guía que escribe, más que atender al presente, lo que hace es asomarse a la historia para dejar que nos emocionemos ante una ciudad que como pocas emite reflejos de su antigua grandeza.
Sin historia, Alejandría sería poca cosa. Y ahí es donde el talante –y el talento, por supuesto- literario de Forster juega a favor. Porque ante el riesgo de caer en un tratado denso, propio de un académico, el autor se convierte en divulgador y nos cuenta de la Alejandría antigua con detalle pero también con fluidez. De manera comprensible y nada abrumadora, Forster va rescatando a través del texto aspectos de lo más diversos y acercando épocas diferentes y, sin embargo, todas esenciales para ayudarnos a comprender y a saborear la vieja Alejandría y hacer así más grata la Alejandría avejentada y venerable que nos encontramos hoy.
Alejandría. Historia y guía es una excelente introducción a la ciudad. Según se mire, es casi imprescindible. Ahonda en el pasado, pero trata también de anécdotas y de episodios mucho más recientes a los que Forster saca jugo literario con la ironía que utiliza cuando examina comportamientos y costumbres de los personajes que crea en sus obras de ficción. Por ello la lectura, además de instructiva, se hace agradable y estimulante. Quien quiera acercarse a Alejandría de una manera informal, quizás no muy rigurosa pero con deseos de profundidad y de la mano de un cicerone de lujo tendrá con Alejandría. Historia y guía, la oportunidad de hacerlo y la ocasión de disfrutar.
viernes 27 de marzo de 2009
Taxi
Almuzara, 2009
215 pp.

viernes 23 de enero de 2009
Equipaje de mano

Fernando Bellver
Ellago Ediciones
80 pp.
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domingo 20 de abril de 2008
El edificio Yacobián

Alaa Al Aswany
Maeva, 2007
216 pp.

La aparición de una película con el mismo título vuelve a poner de actualidad este libro de reciente publicación en nuestro país. No me gustan las novelas costumbristas, y me horrorizan los libros con muchos protagonistas de nombres extranjeros, difíciles de recordar. Así que me costó empezar a leer El edificio Yacobián, a pesar de conocer su éxito editorial en Francia.
¿Es posible contar la vida de una ciudad, el pulso de una sociedad, y el alma de sus gentes relatando únicamente los aconteceres de los vecinos de un edificio de El Caino? Nada más empezar a leer El edificio Yacobián se comprende que es posible, y que puede dar lugar a una lectura apasionante.
El libro va retratando a distintos personajes unidos por el mismo cordón umbilical, vivir en un edificio del centro comercial de El Cairo en 1930. El propio autor, Alaa al Aswany, un dentista egipcio nacido en 1957, tuvo su primera consulta en el edificio Yacobián. Un edificio que, tras la revolución, fue abandonado por extranjeros y judíos, perdió su glamour y pasó a dar cobijo a dos mundos diferenciados: uno en los apartamentos y otro en la comunidad de la azotea.
Los relatos se van entrelazando al mismo tiempo que se entrelazan las vidas de los vecinos, seres de carne y hueso que aman, sufren y viven. Políticos corruptos, jóvenes que forman parte de células terroristas, hijos de derrocados pachás que estudiaron ingeniería en París en la época anterior a la revolución y ahora, dedican todo su tiempo al alcohol y las mujeres, sastres, viejos verdes, periodistas y gente de a pie ponen en juego todos sus recursos de supervivencia, y dan rienda suelta a sus impulsos más primarios.
El autor desgrana las historias personales de cada uno, sin juzgarlos. Aunque todos ellos tienen claros y oscuros en sus vidas y se mueven en la tenue línea que separa la bondad de la maldad.
La contradicción de las biografías que se entrelazan en una sociedad al mismo tiempo viva y decrépita, sale a la luz también en el terreno literario donde El edificio Yacobián ha representado una sacudida y ha llevado un punto de escándalo. No ha sido fácil aceptar que un dentista aterrizado por afición en la novela haya encendido en los lectores unas pasiones que los escritores consagrados no conseguían despertar.
Javier Martín dice en Babelia acerca del libro y de su impacto en la literatura árabe lo siguiente:
El Edificio Yacobián, primera novela del escritor egipcio Alaa al Aswany, ha desatado un tsunami en el mundo literario árabe y ha insuflado ilusión a un género, el narrativo, muy fecundo pese a que se hallaba deprimido por la escasez de lectores. Su áspero y descarnado retrato de los males que acosan a la sociedad egipcia se ha convertido en un fenómeno de ventas en todo el mundo y despertado de nuevo el interés en Occidente por la novela árabe.
Y Jacinto Antón, también en Babelia, hace un retrato Alaa al Aswany y de su libro lleno de interés.
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martes 15 de abril de 2008
Los días. Memorias de infancia y juventud
Ediciones del Viento, 2004
271 pp.
Una biografía es mucho más que el relato de una historia personal. Lo es también del entorno donde se desenvuelve la aventura de vivir. Y también de las costumbres, de la cultura, de las personas, de las relaciones entre las personas que componen dicho entorno.
Los días es el fiel reflejo de la vida cotidiana en Egipto, muy a principios del siglo XX, en una aldea perdida, alrededor de una familia modesta como muchas otras y centrada en un personaje excepcional. Un niño ciego que al cabo de los años se doctoraría primero en la Universidad de El Cairo, después en la Sorbona, llegaría a Ministro de Educación y se convertiría en uno de los más brillantes escritores de la literatura moderna en lengua árabe.
Egipto, El Cairo, el ambiente rural de los primeros años, la escuela y sobre todo el aprendizaje del Corán, los estudios en la tan celebrada escuela –luego universidad- de al Azar, los vecinos, la familia… son los auténticos protagonistas de la historia a los que el niño da voz después de haberlos conocido a través del oído, del olfato o del tacto y los que generan en este niño los sentimientos, los conocimientos y las experiencias que conforman su vida.
El fluir de Los días no es lineal. Se entretiene, se agiliza, casi se atasca en algunos escenarios. Porque el relato de un ciego se rige por tiempos y por escenas, donde demora la atención, muy particulares y muy distintos de aquellos que imponen el ritmo, la atmósfera e incluso los temas de una narración escrita por por quien ve aquello de lo que habla.
Los días es una autobiografía excepcional, aleccionadora y emocionante. Y es un retrato del Egipto de la época. Sólo alcanza los años de niñez y adolescencia de Talah Husein. Pero tan corto horizonte es más que suficiente para acercar al lector a un mundo perdido en el pasado y, sin embargo, suficientemente próximo para iluminar la realidad de hoy. Un prólogo magnífico de Emilio García Gómez, traductor y extraordinario conocedor de la literatura y la cultura árabes, enriquece el texto y le añade, si cabe, mayores atractivos e interés.
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Diario de un fiscal rural

Con mayor claridad de lo que en la literatura de ficción se acostumbra, el Diario de un fiscal rural más que como una novela se lee como una autobiografía. Porque la realidad es que refleja un período de la vida de Tawfiq Al-Hakim que antes de convertirse en escritor célebre y de llegar a director de la Biblioteca Nacional de El Cairo, ejerció de fiscal y en este puesto tuvo ocasión de conocer ese Egipto rural del que nos habla.
Siempre teñida por un deje de humor, la lectura del “Diario de un fiscal rural” no puede ocultar que el Egipto a la vuelta del primer tercio del siglo XX era mucho más parecido a la España de la época de lo que es en la actualidad. Y esta similitud es lo que da pie a comparar pasado y presente y a comprender que las diferencias entre un país y otro son menos radicales de lo que parecen.
Un hombre de ciudad, el fiscal, es destinado a un pueblo alejado en el delta del Nilo. La existencia del campesino es mísera, como miserable es la cultura del medio agrícola del que no ha salido nunca.
Pero si inmóvil y atrasada es la sociedad en la que vive el campesino, activos e imparables son el Estado y la Justicia llegando a todas partes con sus funcionarios, sus procedimientos y el peso de su autoridad. De esta contradicción se deduce que nuestro fiscal cae de bruces en un mundo ruinoso, tanto en cuanto a la riqueza material se refiere como a la espiritual y se convierte en un abnegado defensor de la causa de la razón y la justicia consciente, muchas veces, de rozar lo quijotesco.
Con ironía, al borde de la desesperación, el relato del fiscal desgrana la tarea ingente de aplicar la ley allí donde la vida hace desfilar los delitos que siempre han acompañado a la convivencia de hombres y mujeres, de vecinos, de rivales… Ironía al contemplar a los demás y sus faltas, picaresca en la relación de unos y otros y cansancio -cansancio casi extenuante- del fiscal en su ingente y escasamente reconocida tarea.
Diario de un fiscal rural es un libro delicioso y divertido también que nos muestra un Egipto no tan lejano, humano y pegado a la vida, lleno de pequeñas historias que dan relieve a un lugar y a sus gentes y ayudan, en la distancia que da el paso de los años, a comprenderlo.
Más comentarios en Seda (Revista de Estudios Asiáticos)
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