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domingo 23 de noviembre de 2008

Torneo de Sombras: El Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central


Kart L. Meyer y Shareen Blair Brysac
RBA, 2008
586 pp.





A poco que se mire, habrá que concluir que ninguno de los puntos calientes o de los conflictos que aparecen en las páginas de política internacional de los periódicos es nuevo. Todos se arrastran desde hace tiempo y revolviendo en sus orígenes descubrimos que echaron raíces siglos atrás.

De ahí la actualidad de Torneo de Sombras. La caída de la Unión Soviética dejó en el centro de Asia un espacio que ocuparon repúblicas nuevas, algunas de ellas de grafía impronunciable. Para quienes –como nos ocurre a los españoles- tuvimos en el pasado nuestra mirada puesta en otros intereses –y me refiero más que nada a América del Sur-, la situación de Asia con la emergencia de estas nuevas entidades es un elemento inédito. Pero para muchos otros países, esta novedad no es más que el último episodio de una historia que se escribe desde tiempo atrás y a la que han estado muy atentos.

Torneo de Sombras recupera esta historia. Y para enmarcar el libro, pienso que es bueno mirar hacia el pasado y advertir al lector sobre un hecho que tienen meridianamente claro los ciudadanos y los políticos del este de Europa: Asia, a diferencia de otros continentes, es una gran llanura sin barreras naturales en el paso hacia el oeste. De ahí que una y otra vez, hordas asiáticas se hayan puesto en marcha y hayan llegado y desbordado las fronteras de Europa. Ese desierto que es el corazón de Asia, despoblado y yermo, es también un crisol donde se han cocinado las mayores migraciones, próximas en el recuerdo y perfectamente documentadas. En Asia se esconde –si hay que hacer caso a la historia- un enemigo real.


¿De qué va Torneo de Sombras”? Torneo de Sombras se mueve en la segunda o la tercera derivada de lo dicho más arriba y nos conduce al presente. Nos da las claves para empezar a entender el conflicto de hoy.

Inglaterra, en el siglo XVIII ha conquistado la India. No lo ha hecho el Estado, lo ha hecho una sociedad: la Compañía de las Indias Orientales, que pone en pie sobre este territorio colonizado una administración y un ejército propios como si de un Estado soberano se tratara.

Para políticos y militares asegurar el presente es anticipar el futuro y empezar a actuar para que cuando llegue sea lo más parecido a lo que interesa que sea. Y en esa anticipación es en la que se basa lo que se denominó The Big Game: el conjunto de movimientos militares y políticos que durante el siglo XIX emprendieron las grandes potencias para asegurarse el dominio del Asia Central.

Por un lado Gran Bretaña convertida en potencia marítima y por otro Rusia. Una Rusia atrasada, ineficaz, que mantiene todavía vivas instituciones muy parecidas a la esclavitud pero cuya expansión natural es Asia y cuyo potencial los ingleses empiezan a temer.

Pone los pelos de punta mirar ahora cómo los estrategas británicos deciden prevenir el desorden que supondría que los rusos alcanzaran la frontera de la India si llegaban a Afganistán. Esa gran potencia que es Inglaterra –la Compañía de las Indias se desvanece cuando va en serio la operación que se prepara- se arma y envía a su ejército a ocupar un país donde hay poco más que riscos, cabras y unos habitantes díscolos sin más recursos que lo que los riscos y las cabras dan. El relato que hace Torneo de Sombras convierte lo inimaginable en sencillo y claro. La tremenda derrota del ejército inglés, destruido y perseguido en retirada, caería sobre Londres como una maldición de la que tardaría décadas en recuperarse.

Torneo de Sombras en un libro de historia a la inglesa, si se me permite decirlo así. Seguramente, hace demasiado hincapié en las personas, en los protagonistas de la aventura sobre Asia Central contando la vida y las penalidades de los de casa. Lo hace así y lo avisa.

Los autores han querido rescatar las andanzas de quienes protagonizaron los hechos pero quedaron en el olvido, ocultos por las sombras intencionadas del torneo que tenía lugar. Sombras intencionadas porque la información –o lo que es lo mismo el espionaje- compuso lo esencial de los movimientos que tuvieron lugar en la región, intencionadas también porque lo mismo que en los naipes se trató de un juego de posiciones donde los gestos sustituyeron tanto a los hechos como a las intenciones reales e intencionadas, al fin, porque los desastres de la guerra, la ineficiencia del ejército y los errores de los políticos obligaron a sepultar la realidad de lo que debía haber sido una epopeya a mayor gloria de la Inglaterra de la reina Victoria.

Pero Kart L. Meyer y Shareen Blair Brysac desbordan el siglo XIX y proyectan la sombra del célebre torneo hasta hoy. Recuerdan que fue Tocqueville, el intelectual americano, quien daría el indicio de cuál iba a ser la evolución del Big Game que se estaba disputando.

Vio con una intuición sorprendente que la confrontación feroz entre Oriente y Occidente, que se sólo emergía en episodios puntuales como los de la célebre carga de la Caballería Ligera en la Guerra de Crimea, tenía en los dos grandes oponentes Inglaterra y Rusia los protagonistas equivocados. Tan distintos por tantas cosas, Tocqueville advirtió que el eje de la confrontación sería, con el tiempo, entre Rusia y Estados Unidos.

Y por ese camino se desliza Torneo de Sombras. El siglo XX no cabe ya casi en el libro. Pasa por él de puntillas porque la investigación se inclina sobre todo por desvelar el origen. Pero aunque sea sólo de pasada, llega a la Segunda Guerra Mundial, a Mao Zedong, Eisenhower, Kennedy, Kiessinger, Allen Dulles y un rosario entero de nombres de los personajes que hicieron la historia del mundo a lo largo del último siglo.

Pueden ponerse reparos a Torneo de Sombras. A su enfoque tan inglés, a la forma casi de película de mostrar a los personajes o al excesivo peso de unas cosas en relación a otras. Pero en conjunto hay que reconocer que es un libro espléndido que despertará las ganas de saber más a cualquiera que lo lea.


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sábado 21 de junio de 2008

Viaje a las fuentes del Sol



Antonio Picazo
Sirpus, 2008
259 pp.




Sentía la tentación de hablar del autor más que del libro porque sólo empezar la lectura tuve la certeza de que su personalidad se imponía con tanta o más fuerza que el contenido de aquello de lo que estaba hablando.

Y no es que lo que contaba fuera de poco interés. Es que la mezcla de uno y otro, del autor y del relato, combinaban con tanta eficacia que era difícil descubrir de qué lado de la pareja autor/texto estaba el centro de gravedad de aquello que el lector percibía.

Por supuesto estoy hablando de un relato. De un relato de viajes y de esa condición que todo buen relato escrito en primera persona debe tener: poner a quien habla al servicio de aquello que dice y a lo dicho de altavoz que desvela la presencia de quien habla.

Antonio Picazo vive por y para los viajes. Es viajero vocacional, tan discreto como intenso. De ahí que su larga trayectoria se desgrane, silenciosamente, en un rosario de artículos y escritos diversos de los que Viaje al las fuentes del Sol es, al día de hoy, el último episodio.


Antonio Picazo ejerce en este nuevo libro de malabarista del lenguaje y de las imágenes jugando con uno y con otras con llamativa soltura. Su escritura es ágil y el discurrir de ideas y conceptos tan rápido y poco convencional que da la impresión de que la narración transcurre al borde de una travesura constante. El lector debe estar atento a los brincos y pequeñas filigranas a que le llevan las palabras, para moverse por la escena del viaje. Un viaje de primera mano, que percibe casi como si lo hiciera él mismo y que le lleva por Asia desde Birmania hasta Mustang.

El libro empieza como esas películas que arrancan sin títulos de crédito en una primera escena en la que el tono alcanza ya toda la intensidad. No hay preparación, ni ascenso gradual, ni administración alguna del ritmo. De sopetón, dos presos amarrados con cadenas y sus guardianes suben al tren en el que Antonio Picazo piensa salir de la capital de Biemania y se inicia, así, un periplo, todo menos rectilíneo, que no terminará hasta llegar a Calcuta.

Hasta hace no mucho tiempo, los relatos de viajes estaban en manos de autores anglosajones famosos o de clásicos intelectuales franceses. Romper con la tradición y abrir un espacio a los viajes narrados desde una óptica más próxima es por si mismo un éxito. Un tono distinto, otras referencias, otro juego de sensibilidades asoma en un relato como Viaje a las fuentes del Sol.

Paisaje a paisaje, situación a situación, encuentro a encuentro avanza el libro como avanza el itinerario que hace el autor y que sigue el lector llevado de su mano. El recorrido es largo y lleno de anécdotas. Es un viaje hecho a la manera antigua, en tren, en autobús, en coche, a pie y con las sensaciones de calor, incomodidad y de cansancio que se han perdido ya en los asépticos recorridos turísticos al uso y que Picazo fustiga sin compasión.

Viaje a las fuentes del Sol es pues, además de una lectura, también una aventura. Con ella el lector sentirá que ha participado de un viaje fuera de lo que es habitual, por escenarios tan exóticos como reales y siempre matizados por una buena dosis de ironía que Picazo gusta exhibir para desmitificar -para poder mirar y no sólo admirar, tal como él mismo dice- aquello que transcurre ante sus ojos.

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martes 13 de mayo de 2008

La sombra de la ruta de la seda


Colin Thubron
Península, 2007
429 pp.





Un nuevo libro de Colin Thubron, uno de los mejores y más interesantes escritores que he leído, dedicado a la ruta de la seda, o más exactamente a su sombra. Thubron recorre lentamente el camino por el que, durante cientos de años, otros viajeros le precedieron y, en ese larguísimo recorrido, a pie o en transportes locales, se acerca a la gente y busca las huellas que la ruta ha dejado: canciones, ruinas arqueológicas, costumbres de significado olvidado, leyendas, recuerdos, rumores: de todo eso está hecho el libro. Y también de las palabras de las personas que el autor encuentra en el camino; conocer y comprender a los otros es, según sus palabras, el propósito de sus constantes viajes.
Al contrario que la mayoría de los viajeros, Thubron realiza la ruta desde China hacia occidente, una elección que le da al camino un punto de vista distinto y más interesante. La ruta, que fue tan importante en la edad antigua y medieval, se está reabriendo como potencial camino turístico, y corre el riesgo de convertirse en un tópico manoseado en reportajes y documentales triviales. Este libro es una vacuna contra esa banalización, porque explora con rigor y verdadero interés el presente y el pasado los territorios por los que la seda -y con ella tantas cosas- llegaban desde China hasta el Mediterráneo.
La sombra de la ruta discurre por territorios variadísimos: el norte de China, el desierto de Takla Makan, Kirguizistán, Tayikistán, Afganistán, Irán... Como en los libros de viajes clásicos, las personales aventuras del autor se entretejen con las descripciones de lugares y personajes y también con la narración de lo que allí ocurrió hace mucho tiempo. Lo que hace al libro diferente a otros sobre este tema – y mejor que la mayoría- es la maestría con la que Thubron mezcla estos ingredientes, a los que añade una escritura tersa y limpia, y un genuino interés por las personas.

Sobre el libro la editorial escribe:
"Este autor de trascendental talento es, por supuesto, uno de los dos o tres mejores escritores de literatura de viajes, tal vez el mejor." Jan Morris, Independent
"La literatura de viajes nunca ha sido tan provocativa, profunda o poética." Martyn Auty, Time Out
La sombra de la ruta de la seda describe un viaje a lo largo de la mayor ruta terrestre del mundo. Del corazón de China a las montañas del Asia Central, pasando por el norte de Afganistán, las llanuras de Irán y el Kurdistán turco, Colin Thubron viaja desde la Tumba del Emperador Amarillo (el legendario antepasado del pueblo chino) hasta el antiguo puerto mediterráneo de Antioquía ya sea en autocar, camión, coche, carro o camello. En total cubre más de once mil kilómetros en ocho meses en el que tal vez sea el más difícil y ambicioso viaje que jamás haya emprendido en cuarenta años. La ruta de la seda es un enorme entramado de arterias que se separan y convergen a lo largo y ancho del continente asiático. Durante el itinerario se constata el tránsito no sólo de mercancías y ejércitos sino también de ideas, religiones e inventos. Pero al lado de este rico y sorprendente legado, La sombra de la ruta de la seda también trata del Asia actual: un continente en convulsión. Una de las características de la literatura de viajes de Colin Thubron es la belleza de su prosa; otra es su don para hablar y hacer hablar a la gente. La sombra de la ruta de la seda discurre por países islámicos de muy distinta naturaleza y se ocupa también de los cambios acaecidos en China durante la Revolución Cultural. También versa sobre los falsos nacionalismos y las polémicas divisiones mundiales, en las que los verdaderos límites no son las fronteras políticas sino las tribales, étnicas, lingüísticas y religiosas. En definitiva, se trata de una magnífica visión de un mundo antiguo expuesto a la agitación de los tiempos modernos.

Sobre el autor la editorial escribe:
Colin Thubron (Londres, 14 de junio de 1939) es un viajero infatigable y un escritor de prestigio internacional, como lo atestiguan premios tan renombrados como el Thomas Cook Travel Award y el Hawthornden por Behind the Wall: A Journey through China. Sus primeros libros se centraron en Oriente Medio: Damasco, Líbano y Chipre. En 1982 viajó por la antigua Unión Soviética, donde fue perseguido por la KGB. A partir de estas primeras experiencias, empezó a escribir sus grandes libros de viajes acerca de la enorme masa terrestre que conforman Rusia y el continente asiático, todos ellos publicados en esta colección: Entre rusos, El corazón perdido de Asia, En Siberia y ahora La sombra de la ruta de la seda. En este misma colección también se ha aplicado Entre árabes. Colin Thubron también ha escrito varias novelas, entre las que destaca la premiada Hacia la última ciudad (El Aleph Editores). Actualmente reside
En Londres.

Si te interesa conocer mejor a Colin Thubron, puedes leer esta entrevista en El País.

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