domingo 24 de enero de 2010

India, primera mirada. Cuadernos del paseante invisible


India, primera mirada
Ignacio Jáuregui Real
Edita Ignacio Jáuregui, 2009
239 pp.

Para el visitante occidental la India es abrumadora. Lo es la vida que se despliega en las calles de ciudades y pueblos, lo son los dioses y los lugares sagrados cuya presencia aparece en todas partes, lo es la arquitectura de monumentos y de templos...


Ignacio Jáuregui Real
Edita Ignacio Jáuregui, 2009
239 pp.






Para el visitante occidental la India es abrumadora. Lo es la vida que se despliega en las calles de ciudades y pueblos, lo son los dioses y los lugares sagrados cuya presencia aparece en todas partes, lo es la arquitectura de monumentos y de templos. Y es de alguna manera abrumadora también la sensación que tiene el forastero de no entender casi nada de lo que ve: la evidencia de que le faltan demasiadas claves para formarse juicio, acostumbrado como está a viajar opinando, comparando y comprendiendo todo cuanto ocurre ante sus ojos allí donde va.

La entrada a un templo pone a prueba la sensibilidad del visitante. Las líneas de las perspectivas nada que ver tienen con las que está acostumbrado a encontrar en otros edificios que conoce próximos a su cultura. Pilares y columnas ritman el vacío con una sensibilidad desconocida y las aberturas al exterior crean manchas de luz y sombras que modulan la continuidad del espacio y le dan vida. Los techos, planos, desaparecen en el encuentro con pasos que se abren en otras direcciones y dejan un lugar a cúpulas poligonales que juegan con diversas alturas y también con proyecciones distintas de la luz. Menos el suelo, las superficies de la construcción se pueblan de figuras divinas, se supone, aunque quien no sea experto tendrá la tentación de pensar que son profanas por sus formas o por los personajes de apariencia poco espiritual que representan.

¿Cómo encaja esta India sensual y excesiva, incluso en los lugares más sagrados, con la de la renuncia y el desapego hacia la materia? ¿Cómo distinguir lo que es repetición de cánones una y otra vez materializados de lo que es arte y sutileza? ¿Cómo definir a artesanos y a reyes que mantuvieron lo que pueden ser formas de expresión sublimes hasta épocas en las que el mundo ha avanzado tanto que las ha dejado atrás como residuos propios de un plagio?

Todas estas reflexiones vienen a cuento y las suscita este libro que no dudo en calificar de extraordinario. Un libro singular y agraciado desde todos los puntos de vista. Humilde porque es un ‘gran formato’ en tamaño casi de bolsillo pero espléndido en la edición y en el concepto.

Lo escribe Ignacio Jáuregui. Y lo hace en un tono poético, y pausado, personal, reflexivo y resultado de una mirada penetrante y ávida. Sé que decir de un libro que está escrito en un tono poético no es hacerle un favor. Y por eso mismo al resaltarlo quiero advertir que se trata de una virtud y no de un defecto. Como rasgo muy destacado hay que decir que Ignacio Jáuregui es arquitecto. Un arquitecto al que le gusta mirar y que dispone de un modo de componer la mirada que la hace a la vez analítica y ordenada. Sin duda aprendió el método en la escuela y en su oficio después de familiarizarse con los espacios y de haberse ejercitado en entenderlos en todas sus partes, en las relaciones entre ellas, con el paisaje, con las gentes, con la historia, con quienes los crearon, con los significados que el tiempo les ha dado...

Tal como anuncia Ignacio Jáuregui el suyo es el papel del paseante. De quien se detiene ante lo que ve y lo degusta. Y al buscar su sabor y sus aromas imagina cómo debió ser todo aquello tiempo atrás, por qué es como es y no de otra forma, cómo son y cómo lo ven las personas que lo rodean y que componen su entorno.

Cuando he adelantado que, en un tamaño casi de bolsillo, estamos en realidad ante un libro de gran formato no he hablado de la edición ni de las fotografías que acompañan al texto. El autor se ha lanzado a editor y se ha ocupado de conseguir una maquetación de exquisito gusto. Las fotografías son numerosas y cuidadosamente elegidas. Fotos de perfiles precisos a veces, desdibujadas muchas más por el efecto de veladuras, de colores sutiles siempre y motivos y composiciones sabiamente encontrados. Son del propio autor. Rozan la perfección a pesar de que la calidad de la impresión quede por debajo del estándar al que nos han acostumbrado los libros ilustrados. No importa. Son un prodigio de sutileza. Y dialogan con el texto porque, en lugar de adorno, representan aquello de lo que la narración habla y permiten al lector comprender la cuidadosa descripción del viajero que desgrana los detalles de cuanto ve, que es lo mismo que está viendo el lector a través de la imagen.

India, primera mirada, es un libro extraordinario. No habría que perderse la ocasión de disfrutarlo. Es, como el subtítulo indica, la reflexión de quien se satura de todo cuanto le rodea y en su pretensión de convertirse en ‘paseante invisible’ desea ser cualquier cosa menos protagonista. Y sin embargo su voz y su penetrante mirada lo convierten en personaje principal y en el guía que lleva de la mano al lector a través de un amplio recorrido por esta India opaca e incomprensible en tantos aspectos y, sin embargo, tan seductora y tan apasionante.

Más información: Ver entrevista al autor en Periodista digital.

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lunes 18 de enero de 2010

Tierra dorada


Tierra dorada
Norman Lewis
Altair, 2009
326 pp.

Quien haya visitado Birmania, o quien haya oído hablar del país a quienes sí lo han hecho, casi seguro que reconocerán poco de lo que cuenta Norman Lewis después de su viaje...

Norman Lewis
Altair, 2009
326 pp.





Quien haya visitado Birmania, o quien haya oído hablar del país a quienes sí lo han hecho, casi seguro que reconocerán poco de lo que cuenta Norman Lewis después de su viaje.

La Birmania sonriente y serena, que se llevan en el recuerdo los viajeros de hoy, la gente suave, atenta e industriosa que encuentran en sus paseos por pueblos y ciudades contradicen buena parte del relato de nuestro autor.

¿Tanto ha cambiado el país desde que él conoció Birmania?

Norman Lewis es uno de los grandes de la reciente literatura de viajes. Es un observador experto y un buen conocedor de la realidad. La experiencia que lleva a sus espaldas como viajero y como escritor lo acreditan como persona curiosa, informada, acostumbrada a vencer obstáculos, a ir al fondo que hay detrás de las apariencias, y nada ingenua.

Ha actuado como informador para los servicios secretos en la Segunda Guerra Mundial y al término de ella, ante el avance del comunismo en el Sudeste Asiático, decide viajar a Birmania antes de que la situación política se complique e impida hacerlo. Y a su regreso cuenta en Tierra dorada lo que encuentra en el país.

Su relato es el de un occidental, como no podía ser de otro modo, pero sobre todo es el de un observador racional que evita dejarse seducir por el romanticismo de lo exótico. Su discurso no es el de quien se entrega al efecto embriagador de Oriente sino el de quien toma notas y extrae consecuencias, porque no deja de comparar lo que ve con la cultura y las costumbres de Occidente.

No es habitual en la literatura de viajes una visión tan crítica o, mejor dicho, tan fría. Pero es interesante para el lector escuchar la voz de quien se sitúa en una posición tan contrastada porque a pesar de lo dicho, nuestro autor no es en absoluto hostil ni deliberadamente ajeno al mundo del que habla.

Tierra dorada se escribe cuando en Birmania no hay todavía nada parecido a lo que llamamos turismo y cuando viajar por ella es una actividad difícil, en buena medida peligrosa y nada favorecida por la burocracia oficial, que entiende mal que nadie quiera aventurarse fuera de la capital Rangún.

Norman Lewis se las arregla para viajar por todos los medios y a los más diversos lugares. De todos ellos cuenta todo lo que encuentra. Y en ese ir contanto, poco a poco, salpica el texto con temas de la vida del país que lo convierten en un extenso repertorio de informaciones jugosas e interesantísimas.

Habla, críticamente, del occidentalismo que se impone en la sociedad. Habla de las fiestas populares. Se refiere a cómo son los noviazgos, los matrimonios y cómo funcionan las herencias. Cuenta cómo se hacen las casas y cuales son los requisitos mágicos que sirven para proteger a sus habitantes. Explica el estado de la seguridad en los caminos, cómo se mueven las guerrillas y la amenaza de los ladrones que asaltan a los viajeros y entran en las ciudades. Cuenta sobre la reforma agraria. Se entretiene en hablar del nombre de las personas. Describe los anuncios de los comercios que le llaman la atención cuando anda por las calles…

Pero en su narración Norman Lewis no puede evitar que su mirada se detenga también en los ‘pecados’ de los birmanos. Destaca la costumbre aceptada, hasta fechas muy recientes, de los sacrificios humanos que acompañan a los actos solemnes para conjurar la desgracia y atraer la fortuna. La crueldad de los poderosos sin respeto ninguno por la vida de los demás. Critica la pasión por el juego que arruina a las familias del país entero. Pone de relieve la incapacidad de la población para mejorar su vida y la desidia que ha permitido a los indios quedarse prácticamente con toda la tierra cultivable, en perjuicio de la población autóctona. Y expresa su decepción ante un panorama con tantos defectos por lo que entiende es un fracaso enraizado en lo más hondo de la cultura en la que se ha educado la población.

“Los birmanos (…) eran prisioneros de una cosmología compuesta de sistemas entrelazados, todos completos y perfectos, y fundamentados en el error. Todo se había decidido y establecido de forma definitiva dos mil años antes. Ninguna pregunta se había dejado sin respuesta. Todo estaba en las Tres Cestas de la Ley, sus crónicas y subcrónicas… Aunque Birmania era una nación joven, había heredado una civilización con las arterias endurecidas de la senilidad.”

Una mirada, exenta de poesía, sin ninguna vibración romántica, sin calor muestra Birmania y a los birmanos como un país de “muchedumbres dóciles, dispuestos a aceptar cualquier entretenimiento, sin expresión, con aparente indiferencia” ante todo.

¿Es exagerada la visión de Norman Lewis? Seguramente no. Refleja uno de los ángulos posibles de la realidad y una posición de desapego poco habitual entre los autores de la literatura de viajes. Al lector le toca juzgar y seguramente hilar fino, con las noticias que tiene de una Birmania cincuenta años después de la que conoció Lewis. Pero seguro que disfrutará con el libro, que encontrará cargado de información, mucha de ella poco conocida, sorprendente y siempre muy interesante. Merece, sin lugar a dudas la lectura.

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domingo 10 de enero de 2010

Naufragio. La historia olvidada del vapor Príncipe de Asturias, hundido el 5 de marzo de 1916 con más de 600 personas a bordo


Naufragio
Francisco García Novell
La esfera de los libros, 2009
382 pp..

Alguna ventana había que dejar abierta a la novela histórica que es, en sí misma, un viaje en el tiempo. Y si hacía falta alguna excusa para ello, viene de la mano de un trágico episodio ...


Francisco García Novell
La esfera de los libros, 2009
382 pp.





Alguna ventana había que dejar abierta en este blog a la novela histórica que es, en sí misma, un viaje en el tiempo. Y si hacía falta alguna excusa para ello, viene de la mano de un trágico episodio en la historia reciente de la navegación como el que fue el naufragio del trasatlántico Príncipe de Asturias frente a la costa de Brasil en 1916.

Como viajar no era todavía, como es ahora, un ejercicio asociado en buena medida al ocio y al placer, el camino hacia América era el de la emigración y los viajes de ida y vuelta hitos en la vida de una enorme masa de personas que iba en busca de promesas y volvía para reencontrarse con la familia y con la tierra que los vio nacer.

El trasiego de un lado al otro del Atlántico marcaba el ritmo de la vida de los emigrantes y una dilatada experiencia se creaba alrededor de lo que suponía emprender el viaje. Un extenso catálogo de temas componía el universo de quienes vivían la experiencia de la emigración: los motivos que impulsaban a embarcarse, la larga y muchas veces penosa travesía, el coste del pasaje, la llegada a un puerto desconocido o a la ciudad ansiada a la que se regresaba después de muchos años, el temor al futuro incierto o el cálido aliento familiar del reencuentro con lugares y ambientes recordados, la esperanza que animaba el largo viaje o el drama que muchas veces movía a emprenderlo, el hotel donde aguardar a la salida del vapor y la espera que acompaña la larga navegación para cruzar el Atlántico.

Un mundo de sensaciones arropa la travesía que de un modo u otro comparten todos los que tienen un pie en España y el otro en América y que en el caso de Naufragio se despliega alrededor de uno de los buques más modernos de la época.

Y una cuidadosa visión de la sociedad de la época se va dibujando a lo largo del libro, con un foco centrado en Barcelona donde tienen acomodo y raíces los personajes principales. Una Barcelona curiosamente real que se abre paso en el libro y que hace sentir al lector –sobre todo si conoce bien la ciudad- que hay una continuidad entre el momento en que se desarrollan los sucesos y el presente y que la tragedia olvidada del Príncipe de Asturias no es más que eso: el olvido de una realidad que no nos es ajena.

Noticias de los periódicos de la época, testimonios de quienes vivieron el naufragio, datos e informaciones reales del momento dan verosimilitud al relato a pesar de que estemos ante una novela y recomponen tanto los hechos, como la biografía de algunos de los que embarcaron en el Príncipe de Asturias, como también la vida que se desarrollaba en un vapor en el curso de un viaje como el que centra la historia.

García Novell ha dejado volar la imaginación al mismo tiempo que ha rastreado los hechos con el detalle de un historiador. Una buena parte de la profunda investigación que sostiene al libro se explica debido al hecho de que la recuperación del naufragio del Príncipe de Asturias estaba inicialmente destinada a convertirse en un documental. El autor, que ha dedicado parte de su vida a la televisión, empezó a interesarse por el tema con objeto de llevarlo a la pantalla. Pero la complejidad de los hechos, el interés de la época, la amplitud del drama humano que la catástrofe supuso para los implicados y para el país entero la pérdida en circunstancias oscuras del mejor trasatlántico de su flota, aconsejó derivar el proyecto hacia un libro y desarrollar el contexto y la acción en forma de novela.

Naufragio tiene el atractivo de "descubrir" un grave acontecimiento que, al igual que representó el hundimiento del Titanic, marcó una época y sigue rodeado de incógnitas. Francisco García Novell rescata del olvido el tema y vuelve ahora sobre él después de haber trabajado con el rigor de quien se ha propuesto una investigación exhaustiva y ha desempolvado toda la información disponible. Ha consultado archivos de los más diversos lugares, ha rebuscado en periódicos y ha hablado con muchas personas que pudieron saber algo de aquel suceso. Y así ha trazado, a medias desde la ficción y la realidad, las líneas de un relato que nos conduce a ese principio del siglo XX del que aún tenemos noticias próximas. Y, creando el escenario que nos permite situarnos en el momento, da vida a los últimos momentos del Príncipe de Asturias y deja que nos acerquemos al modo pudieron vivir la tragedia sus protagonistas.

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domingo 3 de enero de 2010

Ravana y Eddie


Ravana y Eddie
Kiran Nagarkar
Galaxia Gutenberg, 2009
354 pp.

Si la salud de un país viniera determinada por el humor con el que escriben sus autores habría que concluir que la India está rebosante de vida y de energía. Y a lo mejor es verdad....


Kiran Nagarkar
Galaxia Gutenberg, 2009
354 pp.





Si la salud de un país viniera determinada por el humor con el que escriben sus autores habría que concluir que la India está rebosante de vida y de energía. Y a lo mejor es verdad.

No sé si lo de la salud resulta exagerado, pero sin duda es un signo de inteligencia afrontar la realidad elevándose del suelo más banal y usando el ingenio para referirse a ella de forma desenfadada y libre. Y seguramente, el humor es un buen instrumento también para abordar situaciones complicadas y dar aire a lo que de otro modo sería un universo agobiante y sin perspectivas.

Ravana y Eddie cuenta la historia de dos chavales, que puede ser una entre miles de las que se dibujan en la vida cotidiana de la India. Ravana es de familia hindú. Eddie de familia católica, de vieja raíz portuguesa. Ambos viven en Bombay en uno de esos antiguos y enormes edificios, convertidos en colmenas donde se amontonan familias modestísimas, que deben hacer milagros para malvivir.

Kiran Nagarkar, el autor, pensó inicialmente en un texto para el guión de una película que podía haber resultado una versión distinta de Slumdog millionaire, seguramente en un entorno menos miserable y con escenas aún más esperpénticas. Pero la cosa terminó en libro y el resultado es beneficioso porque deja al lector construir con su imaginación los decorados y las situaciones y acomodarse a los disparates que se suceden a lo largo de las páginas. No hace falta decir que Ravana y Eddie es un libro de humor sobre una situación dramática. Y, por supuesto, el drama aflora con intensidad de vez en cuando y no se oculta al lector en ningún momento.

Pero es el juego entre la miseria real de la vida y los extremos a los que los personajes se abandonan lo que da espacio a la caricatura y que propicia ese juego entre serio y jocoso que encontramos también –y salvando todas las distancias- en la novela picaresca.

Kiran Nagarkar no teme a la exageración. La suya es una verbalidad acumulativa para construir escenas amontonando detalles, palabras, sinónimos, explicaciones y más palabras y hacer así crecer las situaciones y desparramarlas de forma que quedan fuera de control. Y de manera que acaban situándose en las antípodas de lo políticamente correcto.

La religión –en un país religioso como es la India- sale hecha trizas. Y lo grave del caso es que la visión iconoclasta parece nacer menos del capricho del autor que del sentido común o de las aspiraciones inevitables que genera la vida bien miserable de los personajes. "Aunque uno naciera hindú, merecía la pena morir católico. ¡Cuánta pompa, gloria y solemnidad había en la muerte cristiana!" Y es que la vida obliga a mirar a todos los lados para hallar un nido algo más cálido que la áspera intemperie que a cada cual le ha tocado como cobijo.

La delicadeza no es precisamente un rasgo que caracterice a los personajes ni que dibuje las situaciones. Griterío, exageración y chabacanería sin poesía alguna trazan el terreno donde se desenvuelve la acción y los rasgos de esa caricatura por la que asoman personajes maledicentes, embaucadores, malvados o pícaros, egoistas, interesados, incompetentes y un sinnúmero adicional de 'virtudes' que acompañan a esos supervivientes del descalabro.

La falta de fidelidad a todos los principios bordea a la desesperación y parece la llave para salir de ella. Cualquiera vendería su alma al diablo, nadie está libre de haber traspasado la línea que separa el bien del mal. La parodia del partido nacionalista hindú dispuesto atraer a los infieles católicos, los elogios a Mussolini, la descalificación total de las mujeres que las Escrituras condenan pero que la realidad muestra que además de perdidas son una catástrofe, el disparatado emparejamiento entre uno de los personajes y su hermana, la utilización de sacerdotes para fines inconfesables… van construyendo una trama de transgresiones y despropósitos entre los que circula la vida y la dejan suspendida en el limbo de lo irreal.

Si a ello se añaden escenas procaces insertadas con el mayor de los desparpajos en la ensalada de personajes e historias que componen el relato, el resultado es una novela imprevisible y divertida que hará pasar los mejores momentos a cualquier lector. Y puestos a recuperar una disposición de lectura más seria, hay que reconocer también que el resultado es, entre bromas y disparates, una panorámica aleccionadora sobre una parte de la India, sobre la ciudad de Bombay y sobre unas gentes que se empeñan a diario en sortear la adversidad y que con determinación y astucia, un día tras otro, consiguen hacerse un lugar en ese espacio inhóspito que es el de la vida.

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