domingo 3 de enero de 2010

Ravana y Eddie


Ravana y Eddie
Kiran Nagarkar
Galaxia Gutenberg, 2009
354 pp.

Si la salud de un país viniera determinada por el humor con el que escriben sus autores habría que concluir que la India está rebosante de vida y de energía. Y a lo mejor es verdad....


Kiran Nagarkar
Galaxia Gutenberg, 2009
354 pp.





Si la salud de un país viniera determinada por el humor con el que escriben sus autores habría que concluir que la India está rebosante de vida y de energía. Y a lo mejor es verdad.

No sé si lo de la salud resulta exagerado, pero sin duda es un signo de inteligencia afrontar la realidad elevándose del suelo más banal y usando el ingenio para referirse a ella de forma desenfadada y libre. Y seguramente, el humor es un buen instrumento también para abordar situaciones complicadas y dar aire a lo que de otro modo sería un universo agobiante y sin perspectivas.

Ravana y Eddie cuenta la historia de dos chavales, que puede ser una entre miles de las que se dibujan en la vida cotidiana de la India. Ravana es de familia hindú. Eddie de familia católica, de vieja raíz portuguesa. Ambos viven en Bombay en uno de esos antiguos y enormes edificios, convertidos en colmenas donde se amontonan familias modestísimas, que deben hacer milagros para malvivir.

Kiran Nagarkar, el autor, pensó inicialmente en un texto para el guión de una película que podía haber resultado una versión distinta de Slumdog millionaire, seguramente en un entorno menos miserable y con escenas aún más esperpénticas. Pero la cosa terminó en libro y el resultado es beneficioso porque deja al lector construir con su imaginación los decorados y las situaciones y acomodarse a los disparates que se suceden a lo largo de las páginas. No hace falta decir que Ravana y Eddie es un libro de humor sobre una situación dramática. Y, por supuesto, el drama aflora con intensidad de vez en cuando y no se oculta al lector en ningún momento.

Pero es el juego entre la miseria real de la vida y los extremos a los que los personajes se abandonan lo que da espacio a la caricatura y que propicia ese juego entre serio y jocoso que encontramos también –y salvando todas las distancias- en la novela picaresca.

Kiran Nagarkar no teme a la exageración. La suya es una verbalidad acumulativa para construir escenas amontonando detalles, palabras, sinónimos, explicaciones y más palabras y hacer así crecer las situaciones y desparramarlas de forma que quedan fuera de control. Y de manera que acaban situándose en las antípodas de lo políticamente correcto.

La religión –en un país religioso como es la India- sale hecha trizas. Y lo grave del caso es que la visión iconoclasta parece nacer menos del capricho del autor que del sentido común o de las aspiraciones inevitables que genera la vida bien miserable de los personajes. "Aunque uno naciera hindú, merecía la pena morir católico. ¡Cuánta pompa, gloria y solemnidad había en la muerte cristiana!" Y es que la vida obliga a mirar a todos los lados para hallar un nido algo más cálido que la áspera intemperie que a cada cual le ha tocado como cobijo.

La delicadeza no es precisamente un rasgo que caracterice a los personajes ni que dibuje las situaciones. Griterío, exageración y chabacanería sin poesía alguna trazan el terreno donde se desenvuelve la acción y los rasgos de esa caricatura por la que asoman personajes maledicentes, embaucadores, malvados o pícaros, egoistas, interesados, incompetentes y un sinnúmero adicional de 'virtudes' que acompañan a esos supervivientes del descalabro.

La falta de fidelidad a todos los principios bordea a la desesperación y parece la llave para salir de ella. Cualquiera vendería su alma al diablo, nadie está libre de haber traspasado la línea que separa el bien del mal. La parodia del partido nacionalista hindú dispuesto atraer a los infieles católicos, los elogios a Mussolini, la descalificación total de las mujeres que las Escrituras condenan pero que la realidad muestra que además de perdidas son una catástrofe, el disparatado emparejamiento entre uno de los personajes y su hermana, la utilización de sacerdotes para fines inconfesables… van construyendo una trama de transgresiones y despropósitos entre los que circula la vida y la dejan suspendida en el limbo de lo irreal.

Si a ello se añaden escenas procaces insertadas con el mayor de los desparpajos en la ensalada de personajes e historias que componen el relato, el resultado es una novela imprevisible y divertida que hará pasar los mejores momentos a cualquier lector. Y puestos a recuperar una disposición de lectura más seria, hay que reconocer también que el resultado es, entre bromas y disparates, una panorámica aleccionadora sobre una parte de la India, sobre la ciudad de Bombay y sobre unas gentes que se empeñan a diario en sortear la adversidad y que con determinación y astucia, un día tras otro, consiguen hacerse un lugar en ese espacio inhóspito que es el de la vida.

1 comentarios:

Montserrat dijo...

Gracias por reseñar esta novela. Soy, junto con Hernán Sabate, la traductora de "Ravana y Eddie" y debo decir que disfrutamos muchísimo con el trabajo.