viernes 31 de julio de 2009

Bueno, me largo. El Camino de Santiago, el camino más importante de mi vida


Bueno, me largo
Hape Kerkeling
Suma de letras, 2009
416 pp.

Hape Kerkeling es un cómico de los pies a la cabeza y no puede evitar una mirada irónica a la machada de recorrer casi mil kilómetros a pie y a su propia persona, preparada para cualquier cosa menos para estos menesteres...



Hape Kerkeling
Suma de letras, 2009
416 pp.






Parece que el Camino de Santiago genera adicción y que quienes lo emprenden obtienen de él experiencias profundas. Será la historia que acumula, será la influencia de la vía láctea, será la espiritualidad que lo acompaña y el reto de llegar a pie a Santiago, será una predisposición propia de los peregrinos o será la suma de todo ello.

La cuestión es que paralelamente al Camino, dicen que se abre paso en el caminante una conmoción que tiene algo de iluminación del espíritu. En la conversación de los peregrinos surge cada poco el comentario sobre algún hecho extraordinario, siempre pequeño pero que denota que el Camino es lugar proclive a los prodigios y que a los caminantes se les abre el corazón para reconocerlos.

Sé que el párrafo anterior destila un claro escepticismo. Y deseo señalar que el ´culpable´ de este tono descreído es Hape Kerkeling, el autor de Bueno, me largo. No es que Hape Kerkeling tenga un prejuicio contra el Camino de Santiago que le haga hablar de él con desapego. Al contrario. Lo emprendió por voluntad propia y lo inició sin reservas desde la primera etapa en Saint Jean Pied de Port, una de cuyas características es que exige superar un desnivel de más de mil metros, mochila a cuestas, en una sola jornada.

Lo que ocurre es que Hape Kerkeling es un cómico de los pies a la cabeza y no puede evitar una mirada irónica a la machada de recorrer casi mil kilómetros a pie y a su propia persona, preparada para cualquier cosa menos para estos menesteres. Hape Kerkeling, alemán, como su nombre deja suponer, posee un programa de televisión de éxito en su país y es un personaje famoso. Pero también es un hombre curioso, al que le gusta viajar y despegarse de la rutina y al que le seduce la perspectiva de moverse de incógnito, lejos de los focos y del plató, en solitario, por un país –España- del que conoce el idioma y en una ruta por la que siente atracción.

Hape Kerkeling, como buen humorista, juega con el espíritu humano cuyos recovecos domina y se atreve con la heterodoxia de reconocer que el Camino es un suplicio. Lo hace con exageración y con humor. Lo suyo es una caricatura. Pero sabe bien de lo que habla y no escatima quejas ni lamentos que el lector reconoce como ciertos. No hay poesía en el alma del peregrino sino congoja por su torturado cuerpo:

"... casi no puedo moverme. Anoche casi no me pude dormir de tanto que me dolía todo. Esta mañana, a las nueve, intento levantarme, pero ambas piernas, desde la planta del pie hasta el muslo, están agarrotadas y casi rígidas. me duele todo: las plantas de los pies, los tobillos, las rodillas, las tibias, los músculos."

Hape Kerkeling es un vitalista y entiende que no hay gloria en pasar apuros. Al menos, quiere expresarlo así, de forma clara, con todos los detalles y transgrediendo la norma no escrita de la discreción en las propias penas. Quiere quejarse en público, alto y claro. Y pone en la picota también otro de los mitos del Camino, el de los albergues. Aglomeración, incomodidad, ruidos y ronquidos, sordidez... Una descripción de lo menos favorable acompaña a esos albergues que para tantos caminantes son la sal del camino, el punto de encuentro y el lugar donde unos se comunican con otros y se revive un ritual de descanso y de final de etapa que viene desde siglos atrás.

Sin cortarse un pelo y con todo el desparpajo Hape Kerkeling clama "¡Los albergues! Los albergues son para gente que no tiene dinero. Nada de dinero... ¡Basta! de ahora en adelante volveré a dormir en hoteles. ¿Por qué los demás peregrinos -muchos de ellos no son precisamente pobres- se someten a estos sórdidos hospedajes en los que además suelen tratarte mal?"

Y no es que, libre ya para quejarse, renuncie a los alberques, renuncia también a caminar cuando se ve derrotado y se permite descansar un día entero en cualquier fin de etapa. Y se concede el lujo -máxima transgresión a las normas- de tomar un transporte público alguna vez para ahorrase el suplicio innecesario de ir andando.

Jocoso, condescendiente con los límites propios de la condición humana y favorable a que la vida sea grata y sonriente, lo cierto es que entre bromas y veras se deja también seducir por el Camino. El subtítulo del libro lo deja claro: "el camino más importante de mi vida". Y pequeños comentarios que entre divertidos lamentos se permite lo muestran al lector. Descubre Hape Kerkeling que sumido en agujetas y calores se produce en él una transformación provechosa que le hace gozar del momento, del paisaje y de las gentes. Entre bromas ácidas se sorprende de que el camino se llene de mariposas y que, en medio de tierra yerma, esté sembrado de amapolas. Le divierte practicar el español y no encuentra para ello mejor método que ir a misa. Y acaba por encariñarse con algunos de sus compañeros de viajes, no sin antes haber aprovechado para deslizar algunas notas picantes a propósito de sus encuentros femeninos e incluso de algunos masculinos.

El Camino de Santiago de Hape Kerkeling es un camino laico y fuera de lo convencional. Pero es también el Camino de Santiago. Nace de una mirada distinta, distante e irónica. Liberada de lo políticamente correcto y abierta a la expresión del cascarrabias que el autor lleva dentro. Visto que en este mismo blog se ha hecho referencia a algún otro libro dedicado al Camino de Santiago, Bueno, me largo es el justo contrapeso para dar a este tema una visión más comprensiva y una dimensión más divertida.

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lunes 27 de julio de 2009

La explosión de los mangos


La explosión de los mangos
Mohammed Hanif
Salamandra, 2009
381 pp.

La inteligencia es el ingrediente más sólido del humor, y el humor ha acompañado en la literatura alguna de las más inteligentes incursiones por la realidad. Para los aficionados a ambas –al humor y a la inteligencia- es de agradecer La explosión de los mangos ...


Mohammed Hanif
Salamandra, 2009
381 pp.





Al afrontar la reseña de un libro, a veces es difícil de explicar por qué surgen preguntas sobre temas accesorios y que ni vienen a cuento. ¿Cómo es posible, me pregunté después de leer las primeras páginas de La explosión de los mangos que a un militar paquistaní se le ocurra escribir algo como esto?

La respuesta estaba en una lectura más atenta de la que había hecho de la solapa del libro. Resulta que Mohammed Hanif había dejado sus estudios de la carrera militar para dedicarse al periodismo y que lo suyo era el teatro, las series de televisión y las películas de cine. Es decir, que al lado de algo tan real como la guerra, Mohammed Hanif había optado por situarse en el lado luminoso de la ficción. La explosión de los mangos, hay que decirlo ya desde el principio es un disparate. Un espléndido disparate que conviene leer para conocer algo más del mundo en que vivimos.

En Pakistán, y los hechos lo demuestran, la vida tampoco ha sido fácil. El país nació de una traumática secesión de la India, sufrió luego otra dolorosa partición del país cuando se desgajó Bangla Desh, y todo vino acompañado por una ristra de gobiernos a los que la sombra del ejército condicionó de forma más o menos explícita. El ejército, por supuesto, es quien en última instancia tiene el poder. Fue necesario, y bien alimentado por consiguiente, cuando había que asegurar un sólido muro ante la amenaza del comunismo ruso. Era imprescindible para detener la codicia india enseñando los dientes por los riscos de la frontera. Tenía que estar para mantener de forma creíble la reclamación sobre Cachemira. Sirvió a Occidente cuando hubo que batir a los rusos en sus aventuras por Afganistán… Y con tanto protagonismo, y siempre a punto de acudir a un incendio o declarado o inminente, está claro que hablar de lo militar en Pakistán no es cosa pequeña.

Mohammed Hanif lo hace con un desparpajo tan saludable como sorprendente. Lo que no sorprende es que nadie en Pakistán quisiera editar el libro, parece que con la excusa de falto de rigor. Y como era esperable quienes se pusieron a ello con ganas fueron los indios, al otro lado de la frontera, que consiguieron con él un éxito editorial memorable. Tan memorable que los paquistaníes se apuntaron al carro de la maximización de los beneficios y consideraron que bien podían correr el riesgo de publicar un libro ‘menor’.

El disparate –que sólo es justificable por el bendito poder absolutorio que tiene el humor- trata de un hecho real, aunque novelado sin recato. Tiene que ver con la muerte en accidente aéreo del presidente Zia, quien había llegado al poder por un golpe de estado y quien no le ahorró la faena de morir en la horca a su antecesor en el cargo, el ya expresidente Bhutto. El tema se las trae, porque está rodeado de escenas duras a poco serio que se hubiera puesto el autor.

Pero para el afortunado lector Mohammed Hanif elige la vía de construir una ficción en clave de caricatura cuya capacidad de poner en ridículo a todo lo que se mueve no deja de sorprender y de generar la sonrisa constante y, a veces, la risa.

El protagonista, aunque son varios los protagonistas, es un joven militar con algún matiz homosexual, cosa que en aguerrido ejército de Pakistán resulta casi una blasfemia. Concentrado en su trabajo y entregado a la disciplina se ocupa de una modalidad insólita de instrucción que consiste en manejar a los hombres para ejecutar los más difíciles ejercicios con la precisión de un reloj sin decir palabra alguna, a través de una innovadora técnica de control basada en el silencio y que viene a ser un kunfú de eficacia superlativa.

La explicación de los ejercicios, los nombres elegidos remedando la terminología militar llevada al terreno del surrealismo, los compañeros de armas salidos de un manicomio más que de la vida real son campo abonado para mostrar a través del despropósito la realidad. Pero junto a nuestro protagonista, ocupa también un papel principal el propio presidente Zia cuya vida privada, su obsesión por la seguridad, su sensibilidad religiosa y su entorno de servicios secretos lo muestran en una salsa de gobernante tan desmitificadora como divertida.

Pero entre tanto divertimento asoma la realidad. Divertida es, entre muchas otras cosas, la situación de las mujeres en un país que opta –sus gobiernos, me refiero- por regresar al Islam de forma más ferviente. Divertida, pero trágica, la posición del cadi sobre el caso de violación de una ciega a quien ampara la justicia islámica siempre y cuando haya sido capaz de reconocer al violador y a cada uno de los cuatro compinches que necesariamente deben haberlo ayudado a sujetarla, uno por cada extremidad, en el caso en que no haya habido consentimiento.

Entre bromas y veras la denuncia de situaciones y hechos enormemente graves aparece en el libro que se desliza en determinados momentos hacia un tono emotivo y aunque de forma discreta y casi poética hacia contenidos graves que muestran a Mohammed Hanif como un escritor capaz de conjugar el hábil discurso del humor con la literatura seria, lúcida y comprometida.

Aunque a través del mundo estrecho del entorno del presidente, de los servicios de inteligencia o de unos hombres de las fuerzas aéreas, Pakistán está presente en el libro y muestra también que cada vez el mundo es más igual. Estamos en un Pakistán islámico, pero sorprende descubrir en él a un país moderno. Es de ellos pero es de nosotros también de lo que el libro habla. Circula el whisky y la marihuana, se lee a hurtadillas el Playboy, los profesionales viajan al extranjero y se lee también a Rilke y algo tan sorprendente para aquellos lares como Juan Salvador Gaviota. La traición, la violación de los derechos humanos, la corrupción del poder amparada por la religión o por la sagrada defensa de los intereses del país, la injusticia y el sometimiento de los débiles por los poderosos son al final las líneas de fuerza que sostienen el relato disfrazadas de farsa en un discurso que no perdona y construye un alegato de dureza enorme.

De la India nos llegaron aires frescos a través de la divertida lectura de Tigre blanco, otro texto tan recomendable como disparatado. Del bando enemigo, de Pakistán, nos llega esta ‘explosión de los mangos’ que mantiene el nivel de ingenio si no supera a su rival. Bienvenidos los dos títulos.

La inteligencia es el ingrediente más sólido del humor, y el humor ha acompañado en la literatura alguna de las más inteligentes incursiones por la realidad. Para los aficionados a ambas –al humor y a la inteligencia- es de agradecer La explosión de los mangos y con esta explosión el pequeño rayo de esperanza que supone poder hablar de cosas serias con la libertad que ofrece la mirada cuando se atreve a hacerlo desde terrenos próximos a la comedia.

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lunes 20 de julio de 2009

Hacia el Mar Egeo. Memorias de un helenista durante la Segunda Guerra Mundial


Hacia el Mar Egeo
Geoffrey S. Kirk
Gredos, 2009
222 pp.

Hay muchas formas de viajar y hay relatos de viajes efectuados por los más diversos medios. El autor de Hacia el Mar Egeo se inclina por un barco de guerra ...



Geoffrey S. Kirk
Gredos, 2009
222 pp.





Hay muchas formas de viajar y hay relatos de viajes efectuados por los más diversos medios. La variedad, con frecuencia, se deriva del afán de aventura del viajero y de su imaginación para buscar una alternativa apetecible.

Hacia el Mar Egeo se inclina por un barco de guerra que, como vehículo para viajar, no deja de ser poco habitual. Y la época del viaje, tal y como reza el subtítulo, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, vuelve a ser una singularidad en la literatura de viajes.

El escenario –el buque y el entorno bélico- invita poco a situar el tema en el ámbito del ocio o del placer o del tipo de aventura que se acostumbra a asociar a los viajes. Y si lo plantea así el autor es, sin duda, porque es inglés y porque hereda una posición ante la vida marcada por ese humor contenido e inteligente que hizo famosos a sus compatriotas.

Hacia el Mar Egeo. Memorias de un helenista durante la Segunda Guerra Mundial es, más que un título, una declaración de principios. Y es, como encabezamiento del libro, algo engañoso para el lector. Más que sobre Grecia, el libro trata sobre Inglaterra. Habla de las peripecias del autor enrolado en la Marina, aburrido en ella y motivado sólo a medias, en variados destinos y misiones que le llevan finalemente y después de mucho trabajo al lugar por el que siente verdadera atracción intelectual: el Egeo.

El término intelectual es el que centra, de alguna manera, el relato. El autor, es, al fin y al cabo, un hombre ilustrado, jóven en la época y que mira con distancia e ironía lo que le rodea. Su relato, empieza propiamente en su infancia. Es pues, como tantos libros de viajes, una autobiografía. Pero arranca mucho antes de embarcarse hacia ningún lugar, o si se quiere cuando empezaba a embarcarse en eso que es la vida. Profesores, aficiones, compañeros, aparecen en el libro e introducen con humor y con atención a las cosas pequeñas al joven universitario que se inclina hacia la cultura y que se pone al servicio de la Armada para defender a su país.

El mundo de la instrucción de los oficiales, de la vida en los buques, de la relación con los superiores, de las travesías en un convoy de escolta ocupan la mitad del libro, pero de manera digamos que tamizada, porque esta distancia con que el autor presenta la vida a su alrededor y la suya propia da aire a la narración y deja espacio a un tono de humor que la acompaña en sutranscurso.

El libro se anima, o mejor se ajusta al título, cuando Geofrey S. Kirk consigue un destino en el Egeo. El ambiente es el de la guerra. Pero estamos ya en Oriente y en el Mediterráneo. El Egipto de Alejandría, Trípoli, en Líbano, Chipre se asoman en el libro y llevan al lector a un ambiente soleado y distendido. Es el viaje y es la guerra en plena acción. Destinado a una flotilla de inocentes de barcos de pesca que camuflan entre las redes su actividad militar, Geofrey S. Kirk cuenta sus andanzas como jovencísimo oficial de marina en buques hechos para cualquier cosa menos para pelear. La gloriosa Armada británica se ve con los ojos casi neutrales de un estudiante de Cambridge y se muestra incompetente en muchos aspectos, arbitraria pero también humana. No hay reproches y sí una crítica comprensiva y el afecto que provoca el recuerdo de las escenas de juventud.

En Hacia el Mar Egeo Geofrey S. Kirk cuenta las ´batallas’ –reales sin ninguna duda- en esos barcos de ocasión con apariencia benigna que le permiten circular por las aguas clásicas por donde se mueven también sus querencias intelectuales. Lera, Amorgos, Mikonos, Santorini, Kos, la costa de Turquia y de vez en cuando alguna estatua de Afrodita pasan junto al viajero lo mismo que los monumentos vistos desde la ventanilla del tren y que quedan atrás perdidos en el paisaje porque este viajero está en otra cosa, no puede parar, ni dedicarse a ellos.

Hacia el Mar Egeo es un libro curioso e interesante. Es una mezcla de situaciones y de lugares. Y es una pieza literaria amena. La guerra no es aquí una tragedia. Es un tránsito que da emoción al momento, que sucede en época de juventud y que el autor aprovecha para vivir allí donde tiene puestas sus aspiraciones. Es en realidad el preludio del viaje, porque al fin, Kirk regresa a Cambridge y en circunstancias más pacíficas vuelve a su Egeo querido, esta vez como investigador en la Brithish School de Atenas. Autobiografía de juventud, libro excétrico de viajes, aventura en tiempo de guerra, Hacia el Mar Egeo es una lectura agradable que dará una visión nueva a quienes busquen reencontrarse con el mar griego y con sus islas en circunstancias que no son las habituales.

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viernes 10 de julio de 2009

Diario de Kosovo


Diario de Kosovo
Ismaíl Kadaré
Siruela, 2007
215 pp.

Kadaré es el novelista albanés más conocido en Europa y acaba de recibir el premio Principe de Asturias de las Letras. Y él también hizo su incursión por la realidad...


Ismaíl Kadaré
Siruela, 2007
215 pp.




"La visión de los refugiados es insoportable. Estas deportaciones forman parte de las costumbres balcánicas más bestiales." -Diario de Kosovo


Aunque no es habitual, tampoco es infrecuente que novelistas de fama se aparten de la ficción y se acerquen a la realidad más terrenal en alguno de sus libros. De García Márquez recordamos su inquietante Noticia de un secuestro y mucho más próxima en el tiempo está la Anatomía de un instante de Javier Cercas que aborda un tema político cuyas sombras todavía no han sido del todo aclaradas.

Kadaré es el novelista albanés más conocido en Europa y acaba de recibir el premio Principe de Asturias de las Letras. Y él también hizo su incursión por la realidad, pero de forma más radical que los anteriores y de lo que suele ser al uso. No hay en Diario de Kosovo recreación narrativa. No hay trama que al autor le sirva para sobrevolar los hechos y reconstruirlos creando una historia que se ajusta a la verdad.


Kadaré escribe un auténtico diario y siendo él mismo un personaje notable, con relaciones que le dan acceso a políticos y a información de primera mano, ejerce de notario y al mismo tiempo de actor. Toma nota de aquello de lo que es testigo y también de la impresión que como observador le causan los acontecimientos que le mueven a escribir. Y cuenta también su intervención en ellos cuando ha tenido lugar.

Lo que relata Kadaré no le es ajeno al lector. Pero probablemente las noticias que tiene al respecto son confusas y están envueltas en la oscuridad que rodea a todo aquello que cuesta comprender. Pero el lector ha visto muchas cosas en los periódicos y en la televisión del enfrentamiento de Serbia y la región de mayoría albanesa de Kosovo.

Habla Kadaré de los días que transcurren en torno a la reunión de Rambouillet en la que los políticos de los grandes países occidentales, junto a dirigentes de la OTAN y de otras instituciones relevantes se sientan con los representantes del gobierno serbio y con los de las instituciones kosovares y delegaciones de las organizaciones alzadas en armas para llegar a una solución al conflicto que pone en riesgo la precaria estabilidad de los Balcanes.

La situación es trágica y de enorme tensión. Y Kadaré describe día a día los progresos y los retrocesos no sólo del camino hacia la paz, sino también del camino de justicia que debe restablecer la independencia de Kosovo respecto a Serbia.

Creo que hay que reconocer que a los españoles nos es difícil hacer una lectura neutra del tema de los nacionalismos. La situación de nuestro propio país nos impide tener una mirada ingenua y quizás por ello mismo resulta todavía más interesante la posición de Kadaré y la exposición que hace del conflicto.

Para él, el agravio histórico de la absorción de Kosovo por Serbia, la violencia que supone la anexión de un territorio de población albanesa por la república vecina al socaire de unos movimientos de fronteras que se consolidaron en fechas próximas a la Primera Guerra Mundial por decisiones acordadas entre terceros, impide en la actualidad cualquier fórmula de convivencia duradera y justa que no pase por la independencia.

Cuenta en su diario los movimientos frenéticos de los albaneses emigrados en los Estados Unidos para hacer valer su voz entre los políticos norteamericanos. Cuenta sobre el río de albaneses que de todas partes del mundo acuden a Rambouillet a apoyar las conversaciones que tienen lugar en secreto pero que siguen como los hinchas del fútbol que acuden sin entrada a las puertas del estadio para estar cerca y animar a su equipo.

Kadaré es radical. Y observa cómo la solución del conflicto se mueve en medio de una situación tan fluida que puede ser cualquiera. Europa lo mismo le inspira confianza que desazón. Algunos países del continente se inclinan por las tesis de unos y otros por las de otros. Pero depende también del momento y del político o del diplomático con quien se hable que se alumbren esperanzas a favor de la posición que defiende la independencia de Kosovo o que el horizonte se oscurezca y gane terreno la barbarie. Nada está claro. Y todo es difícil. Pero para Kadaré es una cuestión ética la defensa de la causa albanesa que se revela ante la opresión y que tiene ahora (en el curso de las negociaciones) la oportunidad única de ser atendida.

Diario de Kosovo es sin embargo una reflexión también sobre los propios albaneses. Una reflexión muy crítica. La misma certeza que tiene Kadaré de que la razón asiste a Kosovo la tiene sobre la incapacidad de los albaneses de llevar a término un proyecto de envergadura como es el de lograr la deseada independencia. Albania no se siente solidaria con Kosovo. Está inactiva. Mira hacia otro lado en lugar de juntar fuerzas para ayudar a los hermanos que malviven en la región serbia y que necesitan de un enorme esfuerzo de apoyo en la política internacional, entre otros (¿económico?, ¿militar?...).

Pero aún es más patética la desunión que reina en la delegación kosovar compuesta por políticos y por guerrilleros de obediencias diversas, sospechosos muchos de ellos a los ojos de sus propios colegas, e ineficaces e inexpertos para lo que debiera ser una negociación decisiva y al más alto nivel.

Es sumamente interesante el diario que escribe Kadaré. Sólo empezar, llama la atención lo ‘poco literario’ que resulta, lo franco del tono de expresión y lo pegado a la realidad que se presenta. El transcurso de la acción sucede en 1999 y Kadaré la presenta como un momento culminante que sentenciará el proceso en una dirección o en otra. La realidad es que el asunto de Kosovo era un hueso duro de roer y el camino abierto en Rambouillet no iba a producir un resultado definitivo hasta 2008. La pelota de la solución estaba en un tejado que el viento mareó soplando de un lado a otro hasta hacerla caer finalmente del lado de la independencia –que España no ha reconocido aún.

Es muy difícil hallar literatura sobre los Balcanes que no esté teñida por el drama de la guerra. Diario de Kosovo aborda el conflicto como tema principal y muestra a través del propio discurso de Kadaré, de lo que cuenta acerca de la posición serbia, de la albanesa y de la kosovar, acerca de la historia y acerca de la opinión internacional en relación a los acontecimientos, la situación de una región central en Europa que no ha conseguido estabilizar el curso turbulento de una historia larga de desencuentros.

El libro de Kadaré es mucho más que una crónica política. Desde ella es un retrato de la región. Y es también un relato que al lector interesará sobremanera y le ayudará a comprender la situación de unos países y unos pueblos cuya realidad hoy ha venido determinada por la lógica del conflicto más feroz.

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domingo 5 de julio de 2009

Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje


Negro sobre negro. Irán, cuadernos de viaje
Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.

Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego ...



Ana M. Briongos
Laertes, edición 2009
203 pp.





Una edición tras otra -vamos ya por la sexta- vuelve a poner de actualidad Negro sobre negro, el libro de mayor éxito sobre Irán en español, de la misma manera que de forma sistemática se pone también de actualidad Irán con noticias que causan desasosiego y que contradicen la realidad de un país hospitalario, culto y dinámico que le corresponde.

Con regularidad, Irán nos vuelve a parecer incomprensible y moviliza en nosotros los prejuicios nacidos de nuestra visión acerca del radicalismo islámico y también de la desesperanza de que los cambios puedan ser posibles.

Y sin embargo, conviene recordar que Irán pertenece de pleno derecho al primer mundo, sus jóvenes se han educado en buena parte en universidades, las universidades tienen más mujeres que hombres entre sus alumnos y el espejo en que se mira la población es el de las cadenas iraníes que emiten desde California, que poco o nada tiene que ver con la imagen oficial que transmite el país.

Por eso es oportuna la reedición de Negro sobre negro, un libro amenísimo, esclarecedor y equilibrado sobre Irán y sobre sus gentes. Algo debe tener Negro sobre negro cuando lo ha traducido y editado en inglés la celebrada Lonely Planet.

Para empezar, Negro sobre negro da un corto paso atrás en el tiempo para ofrecer claves fundamentales que ayudarán a aproximarse y a comprender Irán. No es que retroceda en la historia, simplemente sitúa la mirada en los últimos años del siglo XX al objeto de contar los porqués y los qués de la revolución de los ayatolás. Y arrancando en este punto, para hacer un relato de la vida y del carácter de las gentes en entornos muy diversos (personales, domésticos, colectivos) y dar una visión de conjunto, a la vez que ayudar a desvelar las particularidades y las numerosas contradicciones que envuelven la situación del país.

Desvelar la complejidad es siempre un atractivo y Ana Briongos puede hacerlo porque conoce bien Irán. Después de haber vivido en Teherán antes de que cayera el Shah y haber dejado allí experiencias y amigos, regresa cuando se ha producido ya la revolución islámica y analiza los cambios ocurridos.

Irán, antes de la revolución, era ya un país singular. En una región de influencia árabe, mantuvo siempre su esencia persa en la lengua, las tradiciones, la cultura, en sus aspiraciones nacionales y políticas... Y el vuelco que significaba la revolución islámica añadió nuevas y llamativas componentes de singularidad difíciles de digerir para una mirada occidental y, a menudo, motivo de escándalo.

No hay en el libro de Ana Briongos ningún tono que suene a profesoral o a diagnóstico de experto. Y ese es, seguramente, uno de sus grandes atractivos, entre muchos otros. Ana Briongos introduce los distintos asuntos de los que trata con la mirada de quien regresa a casa, con la familiaridad de quien conoce aquello de lo que habla, con la facilidad de quien tiene las llaves para penetrar en los hogares, acogerse a la hospitalidad de las familias y participar de sus sentimientos y de sus confidencias.

Sin duda, la mirada de Ana Briongos es la de una occidental, y los temas por los que transcurre su relato son los que sorprenden o aquellos por los que se pregunta cualquier lector. Pero esta mirada está cargada de afecto. Y en ello descansa el mayor valor de su libro, porque a su disposición curiosa y a la vez crítica, añade una visión humana y comprensiva que compensa la marea de descalificación que el tema iraní suscita en occidente y coloca la cuestión en un punto sereno y equilibrado que da mucha más voz al interés por la compresión que a la estridencia.

Con toda su riqueza de contenidos, Negro sobre negro queda en las antípodas de un ensayo de análisis político o de investigación social. Lleno de temas y de situaciones distintas, su envoltura es la de un relato de viajes. Tal como reza el subtítulo del libro, es un cuaderno de viajes: un cuaderno enormemente entretenido, emocionante en muchas ocasiones, revelador de numerosos apectos de la vida y casi, casi imprescindible para trazar un camino que ayude a comprender el Irán de hoy.

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