lunes 16 de noviembre de 2009

Un recodo en el río


Un recodo en el río
V.S. Naipaul
Mondadori, 2009
321 pp.

Es, para muchos, la mejor novela de Naipaul. Pero es, sobre todo, África. Un África real e inaprensible, inquietante, hecha de incertidumbres, condenada a sus propios demonios y apasionante también....


V.S. Naipaul
Mondadori, 2009
321 pp.





Es, para muchos, la mejor novela de Naipaul. Pero es, sobre todo, África. Un África real e inaprensible, inquietante, hecha de incertidumbres, condenada a sus propios demonios y apasionante también.

Un solo personaje, sobre el telón de fondo de una familia del oriente africano, vertebra la historia y, sobre el universo tan reducido de una experiencia individual, Naipaul consigue construir un panorama donde el lector es capaz de vislumbrar la profunda complejidad que da vida al continente entero: a un mundo contradictorio y desgarrado por fuerzas poderosas y destructivas.

Naipaul conoce bien África y en su capacidad por describir situaciones y sentimientos aprovecha, sin duda, el hecho de haber vivido él mismo en su hogar el recuerdo de una situación colonial y la experiencia de una familia desplazada del medio de donde surgieron sus raíces.

Un recodo en el río habla de una derrota, pero no refleja al hombre resentido que caracteriza al perdedor. Salim, el protagonista, es originario de alguna ciudad de la costa del Índico. Y la primera sorpresa para el lector es que no es un africano. Su familia lleva siglos en África, pero el mundo de los africanos es el de tierra adentro y el de la familia de Salim se ve todavía ligado a oriente y está en decadencia, amenazado por ese resurgir de África que, en lugar de dispensar el orden y la convivencia, ha desatado las tensiones entre tribus y pueblos y extiende el caos sin remedio.

Salim no es un hombre derrotado. Pero está herido por un presente amenazador porque, en el horizonte, lo que se anuncia es desorden y violencia. La vida de comerciante, que ha sido la de su familia durante generaciones, basada en la palabra y en la confianza, se enfrenta a un mundo descompuesto que no comprende nada de lo que le está ocurriendo. Es difícil evitar un recuerdo a ese Corazón de las tinieblas sobrecogedor y denso, a pesar del tiempo transcurrido entre las escenas de un relato y otro.

Un África antigua perdura en los detalles. Los niños de las aldeas siguen doblando la rodilla ante los adultos en señal de respeto. Pero los secuestros y las muertes violentas desbordan las viejas tradiciones y se apropian de ellas en una extraña combinación que justifica toda clase de desvaríos.

Para Salim/Naipaul es lógica la senda de declive por la que discurre África. Y es inevitable el desasosiego que atormenta al protagonista. Nadie entiende nada, ni quiere entender. La situación es tan fluida que sobrevivir exige acumular riqueza hoy sin esperar a mañana. Exige matar, antes de que lo señalen a uno mismo como la próxima víctima. Y huir a la selva o a la ciudad porque la razón se ha desquiciado y lo mismo se basa en el cálculo que en viejas creencias mágicas. Los viejos espíritus se convierten en signos de afirmación africana y se alían con la cólera frente a la influencia diabólica de las ideas que vinieron de occidente.

La ignorancia es el motor de tanto desvarío y de la construcción del mundo artificial en el que viven los africanos. A cualquier lugar recóndito llegan pilas eléctricas fabricadas en el otro extremo del mundo. Pero los africanos, a diferencia del swahili Salim, no están interesados en saber de dónde vienen, ni cómo se fabrican, ni por qué funcionan. Su imaginario pasa de la selva a la actualidad más plana y, para casi todos, de la miseria en mitad de la naturaleza a la miseria más desarraigada aún en ciudades podridas donde la vida transcurre en medio de la degradación.

Los funcionarios son corruptos y los ejércitos peligrosos para los conciudadanos y para el propio gobierno que los maneja como perros de presa y que sabe que a la menor oportunidad abandonarán la disciplina para convertirse en bandas que aterrorizarán a quienes tengan a mano.

África, poderosa y llena de oportunidades, ofrece en la novela de Naipaul la desesperada imagen de una huérfana. Abandonada por Europa ha perdido el contacto con quien le dio una administración eficaz, un idioma con el que entenderse, los productos con los que se abastecía y no ha encontrado el camino para sustituirlos por sus propios medios y para crear otros, si no mejores, al menos iguales.

Extraordinaria, Un recodo en el río mantiene al lector pegado al libro del principio hasta el final. Se convierte en una lectura apasionante. Bucea en el mundo de los sentimientos y también en el de la realidad exterior. Y dibuja un África extrañamente vívida, que alcanza mucho más allá de la aventura por la que transitan los personajes que componen la historia. Es, sin duda, una lección sobre todo el continente, apoyada en la ficción, pero también sacada de una realidad que los no africanos conocemos mal o muy mal y a la que Naipaul nos acerca.