domingo 18 de octubre de 2009

Pekín me deslumbró. Crónica hedonista y refinada de los los años treinta en la ciudad


Pekín me deslumbró
John Blofeld
Altair, 2008
325 pp.

John Blofeld tuvo la ocasión de convivir con los chinos en un momento en que estaba a punto de cambiar la historia del país de forma irreversible. Y en Pekín encontró a personajes del tipo más diverso...


John Blofeld
Altair, 2008
325 pp.





Muchos de los libros que han entrado en la categoría de clásicos en la literatura de viajes han sido escritos hace ya alguna década y hablan de experiencias inalcanzables para el viajero de hoy. El mundo ha cambiado tanto y tan deprisa que aquello que encontró el autor de cualquiera de estos libros y de lo que habla se desvaneció con el paso de los años y poco o casi nada permanece en la actualidad.

Pekín me deslumbró cae de lleno en esta reflexión y acerca de ella habla Miguel Portillo, traductor al español del libro y autor de un excelente prólogo que merece la pena leer con atención. Qué decir de los cambios que ha experimentado China y del vuelco que ha dado Pekín, hasta hace poco de casas bajas, humildes y de construcción precaria y hoy ciudad olímpica donde las excavadoras han allanado el suelo sobre el que se levantan los más llamativos rascacielos. Pero la realidad es que China, con cambios o sin ellos, encierra un mundo que vivió al margen de occidente hasta hace muy poco y que dio lugar costumbres, creencias, tradiciones tan distintas de las nuestras que vale la pena conocer. Para los chinos, los bárbaros fueron los occidentales y ellos mismos, cultos y refinados, siempre atentos a normas y formalidades elaboradísimas, una raza superior a cualquier otra.

John Blofeld tuvo la ocasión de convivir con los chinos en un momento en que estaba a punto de cambiar la historia del país de forma irreversible. Y en Pekín encontró a personajes del tipo más diverso con los que pudo conocer las particularidades de la vida cotidiana, de los pensamientos y de los sentimientos de gente muy diversa. Con la mirada atenta Blofeld cuenta su experiencia en Pekín sorprendente en cada una de las páginas y compone un relato que engancha al lector hasta el final.

Consciente de que este blog sigue siendo minoritario y de que es más que probable que los editores del libro no recalen en él en esta ocasión, voy a permitirme contravenir las reglas del copyright para copiar unos párrafos del prólogo de Miguel Portillo. Son la mejor introducción al libro y contienen ese gusanillo que despierta en el lector el deseo de leer. Seguro que tras ellos Pekín me deslumbró entrará en la lista de los libros que conviene no perderse y que todos llevamos en el bolsillo para cuando se presente la primera ocasión.

"Este libro es una larga carta de amor sobre la ciudad y una manera de estar en el mundo, la mítica Pekín de la década de 1930 y la cultura china que le da vida. John Blofeld (1913-1987) amó Pekín sobre todas las cosas y así nos lo cuenta.
¿Pero de dónde sale Blofeld y qué hace ahí tan joven (veintidós años)? Digamos que nace en Londres y que estudia Ciencias Naturales en la Universidad de Cambridge, carrera que no acaba porque tiene otros intereses más apremiantes: se hace budista. Hay que tener en cuenta que Blofeld y Alan Watts, otro famoso intérprete del pensamiento asiático, son coetáneos, los dos coinciden en charlas y meditaciones que tenían lugar en la Buddhist Society de Londres, un centro, valga la expresión, de “excéntricos” fundado en 1924 por Christmas Humprheys (1901-1983), un juez del Tribunal Supremo, para divulgar el conocimiento primero teosófico y después oriental. Así que decide partir hacia China en busca del saber que está más allá –o más acá, según se mire- de todo conocimiento, de un cambio caleidoscópico de su conciencia que le asiente en el mundo y en él mismo. Es, como si dijéramos un viajero con un 'destino interior', su meta está clara.
Tras dos años en el sur de China en los que entraría en contacto con lamas mongoles, tibetanos y maestros chan, llega a Pekín y pasa en la ciudad tres años -1934-1937- hasta que fue ocupada por los japoneses. Él la considera la época más feliz de su vida. Conocido autor de diversos libros sobre el pensamiento y filosofías orientales, avisa en el prólogo de esta obra a sus lectores habituales de lo inaudito, aparentemente, de su glosa de los placeres de todo tipo de los que disfrutó en la ciudad, afirmando que no se arrepiente de nada de ello y que no puede cambiar lo que fue en esta época (…)".

2 comentarios:

Arabella dijo...

Nada de minoritario, nos encanta y lo seguimos atentamente. Nos parece bien que suban partes de los textos y nos ponemos a su disposición si quieren subir otros textos de la Colección.

Un saludo afectuoso,

Editorial Altaïr

Miguel Briongos dijo...

Arabella: Lo del copyright era, por supuesto un guiño y una licencia literaria. Estaba seguro de contar con vuestra complicidad.
Enhorabuena por Heterodoxos.