domingo 6 de septiembre de 2009

Magallanes. El hombre y su gesta


Magallanes. El hombre y su gesta
Stefan Zweig
Debate, 2005
240 pp.

Lo confiesa Stefan Zweig en el prólogo: lo escribió por vergüenza. Sintió que apenas conocía de la vida de uno de los personajes "más extraordinarios en la historia de los descubrimientos geográficos".



Stefan Zweig
Debate, 2005
221 pp.





Publicado por Pablo Strubell

Lo confiesa Stefan Zweig en el prólogo de este libro: lo escribió por vergüenza. Sí, por vergüenza. Porque no le quedó más remedio, afirma. Sintió que apenas conocía de la vida de uno de los personajes “más extraordinarios en la historia de los descubrimientos geográficos”. Magallanes.

A raíz de un viaje a Sudamérica, empezó a investigar, a leer y juntar historias y, para ordenar sus ideas, dejó escrita una brillante biografía del navegante portugués, que encontró la manera de dar la vuelta al mundo navegando sin interrupción. No es ésta la primera biografía que Zweig que escribió. Antes vinieron las de Fouché, María Antonieta, Balzac, Erasmo entre otras. A todas ellas les une la facilidad que tiene el autor para hacernos entrar en el mundo del personaje y para contar las cosas de tal manera que consigue que nos sintamos allí, pegados a la escena.

Ésta biografía que ahora reseñamos sigue manteniendo el estilo y precisión del autor. Publicada por primera vez en 1938, nos llegó en su versión traducida al español por Random House Mondadori, dentro de su sello editorial Debate, en 2005. A Fernando de Magallanes y, especialmente, a la vuelta al mundo que protagonizó están dedicadas las 221 páginas de este libro. Desde su nacimiento a su lamentable fallecimiento en las Filipinas que él “descubrió”.

No es ésta una sesuda y densa biografía. Todo lo contrario. Aún siendo un libro riguroso, el mayor logro es, sin duda, la sencillez con la que el autor nos traza un retrato que va aún más allá de la propia vida de Magallanes: en apenas unos capítulos logra sintetizar la historia del descubrimiento, ambientarnos en esa época en la que el nuevo mundo empezaba a tomar forma. A lo largo de todo el libro va desgranando sutilmente la lucha comercial que se desarrollaba entre España y Portugal, la división del mundo hecha a raíz de dichas tensiones, las estrategias de unos y otros. Pero también nos habla con detalle del día a día de la gran expedición, de las condiciones de navegación en los barcos, de las intrigas, motines y sufrimientos que la tripulación pasó en un viaje que duró, para todos aquellos que consiguieron terminarlo, tres años. A través de Magallanes aprendemos de la historia, de la navegación y del comportamiento humano.

Leer este libro hoy resulta inquietante o, más bien, impactante. Acostumbrados como ya estamos al uso exhaustivo de la tecnología y la información en cada uno de nuestros viajes o desplazamientos, conocer los detalles de la odisea que supuso este viaje, el contexto y los medios con los que se realizó y lo que realmente significó en aquella época nos deja sin más opción que la admiración hacia una persona que partió a corroborar lo que para él no era más que una simple sospecha: la existencia de un paso que unía España con las Indias navegando hacia el Oeste. No es difícil imaginar la gesta: entonces, los mapas apenas habían esbozado la existencia de América. No se conocía la extensión real de ese continente, ni, sobre todo, cómo llegar a aquel mar que Núñez de Balboa divisó (y que Magallanes bautizó como Pacífico) y que no fue sino la constatación de que Colón no había llegado a las anheladas indias.

No se cierra el libro sintiendo especial simpatía por Magallanes, pero sí, en cambio, una profunda admiración. A lo largo de las páginas del libro sale a relucir un carácter poco amable, arisco, casi prepotente. Poco amigo de dar explicaciones ni de hacer partícipe al resto de su tripulación de sus decisiones, sí era, en cambio, un hombre osado, con una determinación férrea y capacidad de sacrificio altísimo. Fueron, sin duda estas cualidades, unidas a su excelente conocimiento de la orientación y la navegación lo que permitió culminar el logro a quienes le sobrevivieron. Llegar a Las Molucas, cargar las bodegas de los barcos supervivientes y regresar a la Península Ibérica siguiendo rumbo oeste fue responsabilidad de Elcano, quien se llevó la fama y riquezas de tan prodigiosa gesta. 265 hombres partieron a la aventura y la mayoría de ellos murieron en el trayecto. Un trayecto de sufrimiento y hambre. De dolor. De enfermedades. Y de gloria para los 18 tripulantes de la única nave que consiguió regresar para contarlo: la nao Victoria.

En suma, este libro es una excelente aproximación a la figura de Magallanes, de lectura amena, sencilla, didáctica. No se necesitan especiales conocimientos de historia o un interés profundo en ese momento de la historia: Zweig consigue enganchar al lector desde la primera página, y lo embarca inexorablemente en uno de los viajes que más han representado para el conocimiento geográfico de nuestro mundo. Con él se demostraba que había un paso al Sur de eso que se vino a llamar América. Se demostraba que a través de la vía recién descubierta se podía llegar al océano Índico navegando siempre hacia el oeste. Se demostraba al fin, prácticamente, que la tierra era redonda (fue la primer prueba fehaciente de este hecho). Y se constató que la tierra giraba sobre sí misma, cuando al circunvalarla ininterrumpidamente en el mismo sentido, los expedicionarios comprobaron que habían 'perdido' un día en relación a lo que marcaba el calendario. Ahí es nada.