lunes 21 de julio de 2008

Viajes a las regiones interiores de África


Mungo Park
Ediciones del Viento, 2008
351 pp.





Mungo Park viajó a África en 1795. A su regreso escribió un informe de sus andanzas para la 'Asociación para la promoción y el descubrimiento del interior de África', que había patrocinado su viaje. Cabría esperar en una exploración tan temprana, en un informe para una institución de nombre tan ampuloso y en una época en que necesariamente el viaje en cuestión debió se poco menos que una epopeya un relato retórico, de redacción engolada y lectura pesada.

Para sorpresa del lector, Mungo Park ofrece un texto moderno y ágil, de frases cortas y desarrollo lineal y claro. Escribe un texto de corte casi periodístico donde predomina el objetivo práctico de transmitir la información que pudo recopilar en su viaje, para hacerla accesible de la forma más directa a sus lectores europeos. Leyendo Viajes a las regiones interiores de África tuve la sensación de estar viendo a un Mungo Park con cámara de vídeo antes que con un voluminoso cuaderno de notas.

Por todo lo anterior, el lector de hoy dispone de uno de los pocos testimonios de lo que era África, cuando estaba a punto de empezar el siglo XIX, en una versión que le atrae y le anima desde la primera página a seguir leyendo.

La forma de escribir define ya a Mungo Park como un ser ante todo práctico. Y práctico, sin duda, había que ser para emprender y sobrevivir a un viaje tan complejo como el de penetrar en solitario en el interior de África en ese momento.

Hacía siglos que los europeos conocían la costa africana e incluso se habían establecido una corta distancia de ella en el interior continental. El comercio había estimulado a unos pocos a vivir, muy aislados, en un entorno completamente africano y a establecer relaciones con los habitantes naturales del lugar que les permitían sentirse como en casa y establecerse por largo tiempo. Pero el corazón del continente seguía siendo una tierra desconocida. En el caso de Mungo Park el aclarar el complejo curso del río Níger, del que se conocía la desembocadura y algunos tramos del curso alto pero poco o nada del resto, era el objetivo principal de la exploración, porque los ríos se veían en Europa como un camino privilegiado para su expansión en África.

Africa, por supuesto, no estaba vacía. Ni era el continente naufragado que parece que es hoy. Cuenta Mungo Park que a pesar de no conocer la escritura y por ello mismo de ser todo muy distinto a cuanto había visto hasta entonces, los habitantes de la región de Gambia, donde inicia su periplo, viven en un entorno rico en agricultura y en fauna, capaz de sostener sin apuros a la población que vive en ella.

Tribus distintas, reyes y reinos que conoce directamente o de oídas, hombres libres y esclavos, esclavos domésticos con derechos y protección por parte de sus dueños y esclavos hechos en las guerras y que como botín no son más que objetos, tratantes de esclavos, mediadores en el comercio, historias que cuenta la gente, noticias sobre guerras … van construyendo un retrato de esa África desconocida pero que se va haciendo real. Y junto a todo ello, el sufrimiento por las penalidades que la exploración entraña.

Hay en África una maldición que emerge con toda la negrura en El corazón de las tinieblas, pero que se hace presente una y otra vez acompañada de la muerte en la vida de los blancos que decidieron quedarse en ella. La dureza de la selva, se acompaña con la de pueblos guerreros y hostiles, con los robos y los asaltos, con la extrema crueldad de los desiertos, con las penalidades de vencer a la naturaleza y con el peso casi insuperable de la enfermedad.

Mungo Park pudo con todo ello en su primer viaje del que regresó exitoso y con ánimo suficiente para repetir la aventura unos años más tarde. Pero en esta segunda vez, de ese nuevo intento, ya no regresaría jamás.

La aventura de Mungo Park resulta apasionante. Nos muestra tanto lo que era el continente africano en ese momento como lo que fue la vida de los exploradores y la extraordinaria aventura que tuvieron que vivir en el curso de sus expediciones. Viajes a las regiones interiores de África ofrece una de las pocas oportunidades de leer el relato en primera persona, vivo y con sabor actual, de una proeza única en el mundo de las exploraciones africanas.

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lunes 14 de julio de 2008

Gomorra


Roberto Saviano
Debate, 2007
368 pp.





Leer este libro es un verdadero impacto. El primer capítulo te atrapa y el interés no decae hasta que se termina la lectura. Y no solo por el tema – apasionante asunto la Camorra napolitana - sino por la voz que lo cuenta: una voz que habla desde dentro y desde fuera, que a pesar de haber metido la nariz y las manos en los manejos más turbios conserva la lucidez y la decencia.

El autor, Roberto Saviano, nos habla en directo desde el escenario de los hechos, y conoce a los napolitanos profundamente; no solo porque ha nacido y vive allí sino porque ha dedicado años de su vida a entender cómo funciona el perverso mecanismo que mantiene en el corazón de Europa una sociedad controlada desde la sombra por un poderoso grupo de delincuentes.

Y lo ha hecho trabajando en el extrarradio de Nápoles, leyendo legajos judiciales y sentencias, cotejando datos económicos, conociendo a personas muy variadas, mirando y escuchando con atención todo lo que pasa a su alrededor. Saviano lo analiza todo: el lenguaje que usan, los modelos cinematográficos que imitan, las casas en las que viven, los héroes que se les enfrentan, las leyes que imponen.

Capítulo a capítulo, y usando todo este material, el libro describe el trabajo sumergido, el mercado de la droga, las guerras entre las familias del Sistema, la captación de nuevos miembros, las ramificacions políticas... De todo ello se deduce un análisis aterrador: el Estado está absolutamente superado, las familias campan a sus anchas y son astutísimos negociantes que se han introducido en todo el tejido económico: la construcción, la distribución de alimentos, la industria del lujo, las basuras...

Sus poder pasa por mantener en la más negra pobreza toda la región, y a ello se aplican con entusiasmo y crueldad.

La nueva mafia -el Sistema- está formada por tipos que han sabido desentrañar las claves de la globalización y las aprovechan hasta el tuétano. Nápoles es el centro de una red de conexiones que se extiende desde China hasta Escocia, pasando por las tiendas de lujo de nuestras ciudades y, desde luego, por la costa española.

El libro de Saviano es muy duro y – no podía ser de otra manera- está escrito con rabia y con mucha pasión. Desde su publicación, el autor vive escondido, el libro ha sido un éxito de ventas en varios países y muchas conciencias se han visto sacudidas. Pero nada ha cambiado y, como otros valientes y anónimos personajes del libro, el autor ha sentido el vacío y el rechazo de personas tan cercanas que declara que no volvería a escribirlo.

Gomorra es un libro desasosegante y exigente, que nos enfrenta a lo que no queremos ver y nos obliga a abrir los ojos.

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domingo 13 de julio de 2008

Viaje a la luz del Cham



Rosa Regás
RBA/debolsillo, 2007
317 pp.





Muy poco de lo que pdríamos llamar literatura de viajes es lo que hay escrito sobre Siria y menos aún en español. Por ello, la reedición de Viaje a la luz del Cham es una excelente noticia.

Rosa Regás publicó el libro en 1995 y, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, el texto tiene plena actualidad. Estamos -el título lo dice- ante una crónica de un viaje. Pero es un viaje emprendido con el propósito declarado de conocer el país. De profundizar sobre él destacando cuantos más aspectos mejor a través de información, pero sobre todo a través de la experiencia directa. Y la experiencia primera empieza por el encuentro con las personas. O, mejor aún, con el encuentro de uno mismo -de la autora en este caso- con el país a través del contacto con las personas.

Tal vez la fidelidad a este proceso tan personal de aproximación a Siria me inquietó y me hizo anticipar dudas sobre el desarrollo último del libro, ante la posibilidad de que la autora resultara en exceso protagonista de la crónica. Pero adelanto ya que estas dudas se desvanecieron después de unas cuantas páginas.

Rosa Regás organiza el libro casi escrupulosamente como un diario. Aborda temas y situaciones tal como fueron surgiendo, en el mismo orden en que se desenvolvió el viaje. Por ello, los primeros capítulos tienen que ver casi más con su propia percepción, con las sensaciones que recibe, con lo que piensa antes de llegar o recién llegada a Siria, que con Siria misma.

Pero pronto es Siria la que cobra relieve y, a través de su atenta mirada, llega hasta el lector. Siria, situada en este Próximo Oriente tan fértil en cultura y tan rico en acontecimientos históricos es hoy la compleja resultante de multitud de variables ancladas en distintos momentos del tiempo que conviven en tensión. Nada es evidente porque la apariencia encubre múltiples contradicciones que sólo quien dispone de buenos informantes alcanza a desvelar.

Rosa Regás consigue introducirse en Damasco y habla con personas de muy distinta extracción. Diplomáticos, funcionarios, hombres de negocios, y también tenderos, gentes de la calle, trabajadores humildes, conductores de coche, militares... todos tienen cosas que contarle o que mostrarle. Todos le abren alguna ventana desde la que ver, sino toda, al menos partes importantes de la tramoya de este país complejo y profundo.

Rosa Regás destila admiración por Siria. Y, sobre todo, muestra un profundo respeto y simpatía hacia las personas que encontró a lo largo de su camino. Siria moderna se halla en la encrucijada donde proyectan sus reflejos el conflicto con Israel, las diferencias entre las distintas obediencias del Islam, la difícil convivencia entre la aspiración de progreso y la defensa de las tradiciones que sostienen su cultura, el antagonismo con occidente y sobre todo con los EE.UU., el inalcanzable equilibrio entre poder del estado y democracia...

Viaje a la luz del Cham muestra escenas de la vida cotidiana que abren los ojos a los grandes problemas del país y también a su historia pasada. Los sufís, los baños, las mezquitas, los judíos o los cristianos, ciudades vivas y únicas como Alepo, ciudades del pasado como Palmira, las bodas y las fiestas familiares, el bazar de Damasco.... un sin fin de temas se encadenan y ofrecen al lector el más vivo retrato de Siria.

Como buen relato de viajes, Viaje a la luz del Cham se separa por completo de lo que es una guía. Pero cualquiera que viaje a Siria debiera incluirlo entre los títulos cuya lectura no debe perderse. Y con igual motivo, cualquiera que no tenga la oportunidad de viajar a Siria debe añadirlo a su lista de libros pendientes para conocer, más allá de la mera superficie, un país singular y apasionante.

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jueves 3 de julio de 2008

Venecia


Jan Morris
RBA, 2008
398 pp.





James Morris es un clásico de la literatura de viajes. Y no es para menos. Oficial del ejército inglés, viajó por todas partes, fue admirado por Chatwin –lo cual es algo parecido a ser canonizado, para la comunidad de los lectores viajeros- participó, y eso ya son palabras serias, en la primera expedición que conquistó la cima del Everest y, sobre todo –y aquí ya hablamos de lo más importante- es un excelente escritor (o escritora, desde que firma como Jan Morris).

Su Venecia fue, desde el momento de su publicación, en 1960, una referencia ineludible para quienes desean acercarse a la ciudad, a través de la lectura, que ha seguido viva hasta hoy. La edición de 2008 que sirve de excusa para volver a hablar del libro es, en realidad, una revisión que resulta de sucesivas revisiones que han acompañado y rejuvenecido el texto en su dilatada existencia.

Venecia –libro, aclaro- es un paseo largo por todo lo que tiene que ver con esa Venecia –ciudad- que conocemos. Claro, esa Venecia monumental, hecha de canales y palacios, iglesias y museos, plazas y catedrales es de profundidad casi insondable. Y por ello, la Venecia de Morris, ese largo paseo por la ciudad y por su historia, por sus gentes y sus costumbres, por sus barrios y por las islas que los rodean y la acompañan en la laguna es verdaderamente un paseo extenso, lleno de vistas y de paradas, con quiebros y miradas a un lado y a otro para dar una visión de conjunto, pero también de detalle a medida que se salta de un tema a otro o de un lugar a otro del tiempo o del espacio.

Jan Morris, además de gran escritora –o a lo mejor, porque es una gran escritora- se atreve con Venecia haciendo su Venecia. No es una traición, que quede claro. Es un juego. Es un mirar y hablarle de tú a tú a la más imponente de las ciudades y atreverse a recrearla desde cómo la ve y desde cómo juega a verla, con objeto de acusar sus rasgos y, en el recurso a la caricatura, hacerla más visible y más libre.

A pesar de su enorme entidad, Morris jugando con ella hace ágil y grácil a Venecia y la libra del peso excesivo que la aflige por esa carga de ser Patrimonio de la Humanidad en grado más que superlativo.

A base de un discurso fluido y de la irreverencia que acompaña a un trato despreocupado y franco, Morris desmitifica –con amor, eso sí, y con veneración, también- a Venecia y nos la sirve a nuestro propio nivel y siempre con una mirada algo socarrona, a medio camino entre lo que es y lo que quiere que sea para tejer su historia.

Del veneciano dice: “La nariz es prominente como la de un noble renacentista y mantiene en su actitud un aire de astucia llana y complacencia como el hombre que ha amasado una gran fortuna trapicheando un poco en el mercado de la alcachofa. Suele tener las piernas arqueadas (pero no de tanto cabalgar) y la tez pálida (pero no por falta de sol). A veces, su mirada adquiere un destello de desdén ladino y su sonrisa es distante; en general, se muestra reservado, amable, ceremonioso, con la chaqueta correctamente abotonada y las inquietas manos discretamente enguantadas.”

¿A quién se le puede ocurrir más que a Morris hacer una descripción casi de entomólogo de ese veneciano que hereda la gloria de la más excelsa de las ciudades?¿Cómo sugerir que pueda tener algo en común la alcachofa con la gloriosa Venecia que nos ocupa?

Y de los gondoleros asegura con desparpajo: “Generalmente (…) son muy inteligentes, amén de tolerantes y sardónicos, y salvo algunos cascarrabias excepcionales, mayores casi siempre, también tienen sentido del humor. Suelen ser muy guapos, rubios y ágiles…”
La frescura del lenguaje y de la propia actitud de Morris, rejuvenece la ciudad y haciéndola familiar la hace también más compresible y amable. Liberándola de su propia historia, la acerca al corazón del lector.

La gente –el pueblo-; los distintos rincones, sus sabores, sus diferentes atmósferas; la Laguna que es la cuna en la que Venecia nace y que protege su existencia articulan el texto y permiten hablar de todo: de lo actual y de lo antiguo, de lo real y de lo imaginado, de lo sustantivo y de lo anecdótico.

Ingenio, frescura, un amplio conocimiento y el mejor oficio de escritora se mezclan para recrear Venecia. El lector disfrutará, sin duda, del libro y aprenderá a ver la ciudad con ojos nuevos e inteligentes siguiendo los caminos menos esperados y contemplando en el transcurso de ese deambular escenas y paisajes que sólo la palabra de una guía tan singular alcanza a hacer visibles.

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